“Es posible rastrear la maldad en el cerebro con técnicas de imagen”

ADOLF TOBEÑA Catedrático de Psiquiatría en la Universidad Autónoma de Barcelona
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Barcelona
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27 ene 2017 - 13:00 h
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Este psiquiatra que, de pequeño, anhelaba ser historiador, ha decidido explorar los recovecos cerebrales del cerebro de los malvados. Un viaje que ha plasmado en el libro Neurología de la maldad (Plataforma Editorial), en el que da las claves neurocientíficas que anidan en la maldad y analiza algunos de los casos criminales más conocidos, como el de Anders Breivik, el autor de la matanza de Oslo, sin olvidar a los malos de cuello blanco que rondan nuestra vida cotidiana.

Pregunta. El psicópata, ¿nace o se hace?

Respuesta. El psicópata nace, y esto no es una opinión, sino una constatación. La carga hereditaria que hay detrás de los rasgos psicopáticos es muy potente. Claro que se puede aprender a ser un sicario o un torturador, pero el psicópata no necesita aprenderlo. En la mayoría de los psicópatas, estos rasgos vienen de fábrica. En algunos niños, por ejemplo, ya vemos conductas torturadoras o crueles.

P. Pero ¿se han descubierto genes relacionados directamente con la psicopatía?

R. No hay genes ni para la psicopatía ni para la maldad. Estas son etiquetas para atrapar constelaciones de conductas y rasgos de funcionamiento de la mente. En cambio, sí que hay genes para la agresividad, la dominancia, la ambición, la impulsividad. También hay genes para la insensibilidad al dolor ajeno, para la mentira, para la crueldad. O para tener un ritmo cardiaco muy bajo o el cortisol también bajo. Si una persona reúne todos estos criterios, se puede acercar a la etiqueta de psicópata.

P. ¿Se puede rastrear in vivo la maldad en el cerebro de una persona?

R. Sí. Por ejemplo, si a una persona se le presentan imágenes de niños sufriendo dolor físico, y no se le activan las áreas del cerebro que se activan en la mayoría de las personas ante el sufrimiento ajeno, mala señal. Me refiero a regiones específicas del cerebro donde se procesan las señales ante el sufrimiento físico de los demás. Esto es un componente de la empatía.

P. ¿Cuáles son estas zonas del cerebro?

R. Áreas de la parte más anterior de la corteza insular, territorios anteriores y mediales del cingular, territorios de las corteza sensorial semántica... Todos ellos pertenecen a la red en la que procesamos el grado de implicación afectiva que tiene el dolor propio y el de los demás. En los individuos peligrosos, esta red funciona poco o nada.

P. En el libro hablas de Anders Breivik, el extremista que mató a 77 personas en Noruega en 2011. ¿Por qué, cuando ocurre un acto horroroso de este tipo, se estudia primero que el responsable no esté loco?

R. Porque, aunque sucede con menos frecuencia que los actos criminales cometidos por psicópatas, hay veces que una persona pierde el juicio. En un primer momento, un tribunal médico dijo que Breivik era un psicótico esquizofrénico paranoide, pero él mismo protestó y alegó que estaba sano mentalmente.

P. ¿Hay más malvados en nuestra vida cotidiana de los que pensamos?

R. Sí, y en el libro no sólo hablo de psicópatas. También hay personas narcisas, mesiánicas... que pueden ser lesivos para los demás. Y también abordo la maldad cotidiana más ligera o las personas que causan lesiones económicas y a la reputación de los demás. Hay corruptos, rufianes, defraudadores... Hay mucho psicópata de cuello blanco.

Además, entre los líderes de las grandes corporaciones financieras e industriales hay un buen número de seres manipuladores, dominantes y sin escrúpulos, con una sensibilidad apateósica hacia el sufrimiento de los demás.

PÍLDORAS

¿Un libro? Me gustó mucho La playa de los ahogados, de Domingo Villar.

¿Un tipo de novela? Me interesa mucho la novela negra, y autores como Henning Mankell, Jim Thompson o Pierre Lemaitre.

¿Si no fueras psiquiatra? Sería profesor de historia.

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