La EAG no tiene que tratarse siempre con sustitución valvular

Investigadores del Gregorio Marañón diferencian su utilidad en subgrupos de pacientes
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Madrid
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21 abr 2017 - 15:00 h
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La estenosis aórtica grave es un estrechamiento anormal de la válvula aórtica que ocurre cuando hay una calcificación excesiva de esta y en la actualidad el único tratamiento eficaz es la sustitución valvular que se efectúa mediante cateterismo, sin embargo, esta intervención que conlleva un riesgo alto y por este motivo, un grupo de investigadores del Hospital Gregorio Marañón de Madrid ha trabajado en una línea donde han distinguido un subgrupo que no necesitaría el reemplazo.

La investigación, premiada por el American College of Cardiology de Estados Unidos en su último encuentro como mejor artículo publicado en su revista en 2016, tiene como primera autora a la experta Candelas Pérez del Villar y como tutor al cardiólogo Javier Bermejo, que explica a GM que se evaluaron a 20 sujetos “de una manera sofisticada, siguiendo parámetros funcionales y hemodinámicos”.

Perfil del paciente

La estenosis aórtica se caracteriza en que “el orificio de la válvula se va a haciendo cada vez más pequeño y al ser esa la puerta de salida del corazón hacia el organismo, este músculo tiene que aumentar la presión dentro del ventrículo para poder salvar la obstrucción”.

Los investigadores la han descrito como “una de las epidemias de nuestro tiempo” dada su prevalencia en los países occidentales, en parte, por el incremento de la esperanza de vida, apunta el experto: “Hablamos de un 3 por ciento de la población mayor de 75 años, un grupo muy grande que se doblará en los próximos 10 años y será la valvulopatía mas frecuente”.

Lo que observó el equipo de investigadores es que dentro de los pacientes existe un subgrupo, “que abarca alrededor del 30-40 por ciento” en los que se vio “que la presión dentro del ventrículo no está tan alta como se esperaría cuando se mide el tamaño del orificio”.

La expectativa es que se tendría que desarrollar “mucha más presión de la que vemos en los índices de severidad aplicados en la práctica clínica”, subraya Bermejo.

Actualmente, el criterio de diagnostico grave “se basa en lo que mide de tamaño del orificio y en muchos pacientes se estaba recomendando sustituir la válvula aórtica por este motivo”, indica el cardiólogo.

Al estudiar al grupo de sujetos en discordancia con estos dos criterios y someterlos al análisis, los expertos vieron que “cuando hacen ejercicio, aumentan la cantidad de sangre y son capaces de abrir más la válvula” y el motivo es que el orificio tiene “un cierto componente de reserva” cuando el corazón empuja más fuerte.

Problemas con el árbol arterial

Otra de las conclusiones, resalta Bermejo, es que “la limitación para hacer el esfuerzo no depende tanto de la válvula, sino de lo que pasa con el árbol arterial”.

“Las arterias tienen que poder recibir más sangre en los músculos cuando uno hace un esfuerzo y esa compensación fisiológica del árbol no funciona de la forma esperada, ya que no tienen tanta capacidad para hacer un esfuerzo. Al no haberla, la presión se dispara y eso hace que los pacientes se tengan que parar por ahogo antes de tiempo”, incide el especialista.

El cambio de paradigma llega ahora, explica Bermejo: “Ya se empieza a entender mejor que los pacientes con válvula aórtica tienen más comorbilidades y que el problema no está solo en la válvula sino en un árbol arterial que se comporta de una forma anormal”.

Por este motivo, la solución no siempre está en sustituir, “porque el comportamiento arterial anormal se mantendría aunque se solucionase la cuestión valvular”, arroja la investigación.

Según el experto, la consecuencia práctica es que “hay que afinar un poco más antes de hacer una intervención” ya que solo midiendo el tamaño del orificio “y si es pequeño en situación de reposo, eso no significa que todos esos pacientes se vayan a beneficiar de sustituir la válvula aórtica”.

Bajo su punto de vista, el esfuerzo actual para el tratamiento de la enfermedad debe centrarse, en la medida de lo posible, en “intentar mejorar el comportamiento vascular desde el punto de vista farmacológico, luego esperar, y revalorar qué está pasando con la válvula aórtica en reposo y con el ejercicio antes de tomar la decisión de cuándo hay que intervenir”.

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