Esto del derecho farmacéutico...

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Disculpen, pero hoy toca un poco de autobombo y alguna reflexión al hilo del mismo. La semana pasada, nos endulzaron las vacaciones anunciando que la Guía Chambers & Partners, una publicación de prestigio que evalúa de forma independiente la reputación de miles de abogados en Europa, había vuelto a designar a Faus & Moliner como el despacho líder en derecho farmacéutico en España. Según el anuncio, las personas consultadas por Chambers & Partners valoraron muy positivamente el nivel de especialización de nuestro despacho, nuestro conocimiento del sector, y nuestra forma de trabajar. Como resulta que dicen esto de nosotros desde 2007, me parece que es justo mencionarlo.

Dicho esto, llevo unos cuántos días pensando qué es lo que un despacho de abogados puede llegar a hacer, verdaderamente, en beneficio del derecho farmacéutico. Igual me estoy haciendo mayor, pero créanme si les confieso que hoy en día, siendo muy importantes los logros que podamos obtener para algunos clientes en los asuntos que nos encargan, cada vez dedico más tiempo a pensar en el sentido más global y público de aquello que vamos haciendo. Como digo, será que me hago mayor (este año, por cierto, se cumplen 20 desde que Xavier Moliner y yo decidimos embarcarnos en esto de Faus & Moliner).

Bueno, ya les anuncio que el resultado de la reflexión es positivo. En las facultades de derecho todavía no enseñan derecho farmacéutico (aunque sí enseñan derecho bancario, derecho de los seguros o derecho marítimo), pero creo sinceramente que hemos contribuido a consolidar una disciplina jurídica en un sector muy importante. Ahí están casi 200 números de nuestro Boletín Cápsulas, y la próxima publicación de un Tratado de Derecho Farmacéutico, que he dirigido junto con el Prof. José Vida de la Universidad Carlos III de Madrid; y en el cual hemos contado con la inestimable colaboración de académicos y profesionales de gran prestigio, es otra muestra de ello. Los abogados que han colaborado con Faus & Moliner en estos años, y que actualmente ocupan puestos de responsabilidad en empresas del sector son también parte de nuestra contribución al mundo del derecho farmacéutico.

Por otro lado, está la lucha por el derecho, a la que el filósofo y jurista alemán Ihering se refería a finales del siglo XIX como verdadero motor de los avances en la búsqueda de mejoras en las relaciones jurídicas y, en definitiva, de las relaciones sociales. En el entorno del sector farmacéutico, esta lucha es complicada, porque cuando a una empresa le toca enfrentarse al aparato, todo se complica. La situación de injusticia previa a la lucha de Iehring puede existir, pero la voluntad individual de alzarse en su contra se topa con el síndrome de Estocolmo que muchos sufren ante el regulador, y que hay que tratar siempre con cariño pero también con rigor.

Lo positivo del caso es que en los últimos años, gracias en buena parte a quienes han gestionado el síndrome con algo más de cabeza que de corazón, se han ido logrando avances muy importantes en el rigor, la transparencia y calidad de la actividad del regulador. El derecho farmacéutico, es indudable, se ha ido construyendo también en base a las sentencias que los tribunales han ido dictando en los casos que se les han ido presentando. En fin, que pleitos, cuantos menos mejor; pero también es verdad que muchos, el sector en general, se van beneficiando del camino que van abriendo algunos luchadores.

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