Farmacia y violencia de género

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Profesionalidad, confianza y cercanía. Tres cualidades de las que goza la farmacia comunitaria y que pueden ayudar a erradicar una de las peores lacras de la sociedad, la violencia de género. La utilidad de la botica va más allá del mero hecho de la dispensación de medicamentos. Eso es un hecho. De ahí que la participación del presidente del Consejo General de COF, Jesús Aguilar, en la Subcomisión para un Pacto de Estado en materia de Violencia de Género solo se pueda calificar de acierto. La parte social de la farmacia queda reflejada y aumentada con esta iniciativa.

Es cierto que desde que se suscribió el Acuerdo Marco de Colaboración entre el CGCOF y el Ministerio de Sanidad se viene colaborando en campañas como ‘Hay Salida’ pero nunca está de más recordar la importante labor que se puede realizar desde la farmacia. Como decíamos, la cercanía y la confianza que generan los profesionales farmacéuticos es una baza a aprovechar. La creación de un protocolo de actuación resulta también acertadísima y el guante debe ser recogido por todos los actores implicados para llevarlo a cabo. Ministerio de Sanidad, comunidades autónomas, agentes sociales y CGCOF deben poner fecha a esa colaboración para tener claro cuándo y de qué manera actuar ante situaciones de violencia de género. La farmacia demuestra su utilidad tanto en el ámbito sanitario como en el social. No aprovecharlo sería algo fuera de lugar. Trabajar para su desarrollo sería lo más sensato.

Este ejemplo tiene que servir de cara a afianzar el papel de la farmacia dentro del nuevo espacio sociosanitario. No hacerlo significaría perder una oportunidad de oro de hacer un sistema sanitario más sólido.

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