redacción
/ Barcelona
viernes, 29 de junio de 2012 / 19:00
España tiene el registro más alto de donantes cadavéricos para trasplante hepático, pero también uno de los más bajos en lo referente a términos pediátricos. Según comentó Manuel López Santamaría, jefe de Servicio de Cirugía Pediátrica y jefe de la Unidad de Trasplantes Digestivos del Hospital Universitario de la Paz de Madrid, mientras que en Estados Unidos más del 10 por ciento de los donantes cadavéricos son pediátricos, en España son tan sólo el 1,7 por ciento.
Una situación que supone que tengan que buscar técnicas alternativas de trasplante, como el trasplante de vivo, mucho más comunes en niños que en adultos, ya que "en muchas ocasiones son los padres los que están dispuestos a ceder parte de su hígado para salvar la vida de su hijo", explicó López Santamaría.
En niños existe una lista de indicaciones para trasplante muy extensa, pero la atresia biliar es responsable de entre el 40 y el 50 por ciento de las intervenciones. Esta enfermedad se manifiesta durante los primeros meses de vida y cuando la otra alternativa, la operación de Kasai, fracasa (en un 50 por ciento de los casos), el niño pasa a ser candidato a un trasplante hepático antes del año de edad".
La búsqueda de nuevos inmunosupresores y estrategias de tolerancia es clave, debido a la alta esperanza de vida de los niños. "A pesar de todo, la calidad de vida de un niño con trasplante hepático es muy buena, llegan a recuperar la actividad de un niño de su edad. La rehabilitación es más rápida que en adultos y la tasa de supervivencia a cinco años está aproximadamente al 96 por ciento", afirmó el experto.
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