A corazón abierto: La fuerza de la ciencia

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22 abr 2016 - 16:00 h
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“La mentalidad científica de los investigadores españoles es prácticamente idéntica a la de los investigadores de otros países”. Tengo que reconocerles que cuando oí por primera vez esta frase, de boca del astronauta Pedro Duque durante la visita que le organizamos a Berlín, no le di demasiada importancia. Pero la tiene y mucha. Permítanme explicarme.

Cuando alguien como yo se ha pasado tantos años estudiando la ciencia y trabajando en laboratorios de investigación, acaba conociendo relativamente bien algunas de las fuerzas de interacción que actúan en nuestro universo. Pero es posible que, cuando uno sale del laboratorio, perciba de forma más lúcida la inmensa fuerza de cohesión que la misma ciencia puede ejercer entre las personas, las culturas y los países.

Por poner un ejemplo: tras años de duras disputas intelectuales, los eminentes físicos Stephen Hawking y Leonard Susskind hacían las paces, aceptando que solamente uno de ellos tenía razón sobre una paradoja que parecía afectar a los agujeros negros. Otro ejemplo: en 1975, en plena guerra fría, astronautas norteamericanos y soviéticos se daban la mano en el espacio, después de acoplar con éxito las naves espaciales Soyouz y Apollo.

Pero volvamos al principio, a las palabras de Pedro Duque. Efectivamente, el pensamiento científico supera barreras. Eso explica, por poner un último ejemplo, la aparición de comunidades de científicos españoles en el extranjero, asociaciones formadas por investigadores que, en su tiempo libre y entre otras muchas actividades, se dedican a dar a conocer el conocimiento científico entre todas las personas que se interesen por él sin distinguir edades, creencias o nacionalidades.

Así pues, la ciencia posee una arrolladora fuerza cohesionadora, también a nivel internacional, una fuerza que no debería achacarse solamente a la capacidad de ésta de hallar respuestas a problemas globales, sino también a sus otras cualidades intrínsecas: la honestidad, la necesidad de hacerse preguntas, el respeto de la evidencia, la transparencia, la tolerancia y el hambre de presentar y comprobar diferentes teorías.

Espero haber conseguido transmitirles un mensaje sencillo, pero poderoso: la ciencia nos permite ver las fuerzas que existen en la naturaleza, pero ella misma dispone una fuerza muy especial. Sigamos aprovechándola.

La ciencia posee una arrolladora fuerza cohesionadora, también
a nivel internacional

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