Alrededor del 50% de los pacientes con depresión en remisión no se considera a sí mismo recuperado

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21 abr 2016 - 16:00 h
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Un mejor diagnóstico y tratamientos más eficaces y mejor tolerados son algunos de los retos que quedan por resolver en depresión, como se ha expuesto en la rueda de prensa organizada por Lundbeck para informar sobre las necesidades no cubiertas en esta patología. Para Miquel Roca, presidente de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental y coordinador de la Unidad de Psiquiatría del Hospital Juan March de Mallorca, “con frecuencia la depresión es un cuadro con recaídas y recurrencias, que debe abordarse como una enfermedad a medio y largo plazo. Las tasas de respuesta y remisión no son aún del todo satisfactorias y un grupo de pacientes, a pesar de la mejoría clínica, continúa presentado lo que se denominan síntomas residuales”.

Los síntomas residuales se han relacionado significativamente con un elevado riesgo de recaídas tras el tratamiento, además de con otros indicadores de mala evolución, como mayor número de visitas médicas, psiquiátricas y al servicio de urgencias, mayor número de ingresos hospitalarios o más intentos de suicidio.

Pero aproximadamente la mitad de los pacientes con depresión que alcanza la “remisión”, tal y como se define en las escalas de evaluación habitualmente utilizadas (MADRS y HAM-D), no se considera a sí mismo en remisión. Es habitual que los pacientes que alcanzan la remisión de los síntomas mantengan ciertos síntomas residuales. Como promedio, suele haber dos síntomas presentes durante la remisión, siendo los problemas cognitivos, la falta de energía y los trastornos del sueño los que se presentan del 35 por ciento al 44 por ciento del tiempo.

Incluso aquellos pacientes que responden al tratamiento pueden no llegar a lograr la remisión. El ensayo Sequenced Treatment Alternatives to Relieve Depression (STAR*D) demostró que el 75 por ciento de los pacientes que respondía al tratamiento experimentaba cinco o más síntomas residuales, al menos de grado leve, incluyendo insomnio, tristeza, falta de concentración/toma de decisiones y falta de energía.

Tal y como apunta Roca, “la valoración de los síntomas afectivos, físicos y cognitivos debe hacerse siempre y estos últimos, los cognitivos, cada vez cobran una mayor relevancia porque repercuten directamente en la funcionalidad, en el día a día de los pacientes: problemas de atención, memoria, concentración, velocidad de respuesta...”

Según Enric Álvarez, director del Servicio de Psiquiatría del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau y Profesor Titular de Psiquiatría en la Universidad Autónoma de Barcelona, “los fármacos antidepresivos disponibles son cada vez mejor tolerados conservando la eficacia. Sin embargo, permanecen como problemas los efectos adversos en relación al impulso sexual, la función cognitiva y el enfriamiento emocional y que todavía un 40 por ciento de pacientes requiere estrategias de depresión resistente y un porcentaje algo inferior al 10 por ciento sigue sin responder al tratamiento”.

En este sentido, vortioxetina, recientemente lanzado al mercado español por Lundbeck, bajo el nombre comercial de Brintellix, es el primer fármaco de una nueva generación de antidepresivos con un innovador mecanismo de acción multimodal y representa la primera innovación terapéutica en depresión tras más de una década.

Vortioxetina es eficaz en el tratamiento de la depresión en adultos y ancianos y como tratamiento de mantenimiento para prevenir recaídas. Además del efecto antidepresivo general, vortioxetina también ha demostrado su eficacia en el tratamiento de los síntomas cognitivos de la depresión y en pacientes con respuesta inadecuada a un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina (ISRS) o a un inhibidor de la recaptación de serotonina y noradrenalina (IRSN).

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