“Hay estigma por parte de los médicos, que no entienden el gasto en psiquiatría”

José Luis Carrasco Director de la Unidad de Trastorno Límite de la Personalidad del Hospital Clínico San Carlos
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11 jul 2014 - 16:00 h
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El trastorno Límite de Personalidad (TLP) es una enfermedad mental muy grave, cuya incidencia está aumentando en España y que actualmente afecta a cerca del 2 por ciento de la población. A pesar de ello, aún faltan recursos para abordarla adecuadamente. En España hay ocho unidades especializadas, una de ellas la del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

Pregunta. ¿Por qué aumenta la incidencia de TLP? ¿Es porque ahora se diagnostica más?

Respuesta. Ha aumentado principalmente porque se le ha dado un nombre y un diagnóstico. En la actualidad está aumentando su incidencia y su prevalencia anual por motivos culturales. Se trata de una enfermedad biológica, con vulnerabilidad, con alteraciones de la respuesta, del estrés, hipotalámico-hipofisario, con alteraciones en la regulación emocional y neurotransmisores. Por tanto, todo lo que engloba a la estructura social, la situación de los límites, las normas, el individualismo, influye.

P. Se trata de un compendio de síntomas que chocan con algunas otras patologías, unido a que la enfermedad se ha definido recientemente, ¿puede generar un infradiagnóstico?

R. Yo no hablaría de infradiagnóstico sino de mal diagnóstico. Al ser un concepto nuevo, los criterios que se establecieron para definirlo son muy interpretables: inestabilidad afectiva, sentimiento de vacío... Por eso hay problemas de diagnóstico diferencial. Lo principal es no confundir las personalidades psicopáticas o antisociales con el TLP y tampoco con los trastornos bipolares o algunas depresiones.

P. ¿Falta conocimiento dentro de la sociedad e incluso dentro del ámbito sanitario del TLP?

R. Sin duda. Falta mucho conocimiento pero es muy atractivo al ser un trastorno nuevo. De todos los pacientes que remiten a nuestra unidad, sólo acabamos diagnosticando de TLP al 55 por ciento. El núcleo del TLP es el suicidio y el intento de suicidio. Son personas que se defienden dando patadas, golpes, chillando o cortándose las venas, porque no se permiten a sí mismos expresar el miedo y la necesidad de ayuda. Casi todas sus conductas son destructivas y, de hecho, hay una tasa altísima de suicidio entre estos pacientes, hacen varios intentos y el 15 por ciento lo consigue.

P. La unidad del Hospital Clínico San Carlos ha sido pionera en el establecimiento de pisos terapéuticos, ¿en qué consisten exactamente?

R. Son pisos para que los pacientes vivan allí un tratamiento. Descubrimos que si el paciente permanece en casa, todo lo que ha ganado durante las terapias no vale para nada y se estanca. Por eso, cuando la Asociación de Familiares de TLP de Madrid nos comentó que tenía unos pisos del IVIMA surgió la idea de los pisos terapéuticos. Una idea con un punto experimental y rompedor y que puede tener mucho riesgo, en algún momento, ya que vamos a mandar a los chicos y chicas a vivir solos al piso. Por la mañana vienen al hospital de día donde hacemos una supervisión. La verdad es que los resultados están siendo muy ilusionantes y buenos. Ahora tenemos dos pisos terapéuticos con cuatro chicos en cada uno. Tienen sus problemas, pero no hay intentos de suicidio. Es una terapia de autonomía, de convivencia. Tienen que aprender a respetar el territorio, la libertad del otro, a tolerarse sin la necesidad de ser amigos y a controlar conductas que no se pueden tener. Además, es un recurso barato ya que el gasto del alquiler lo lleva la asociación y los chicos sólo pagan un poquito.

P. Se trata de una propuesta que tiene cabida en la Estrategia de Salud Mental del SNS y usted ha sido el encargado de plantearlo a petición del ministerio.

R. Sí, claro, es que es algo factible. Lo que no es factible es montar unidades residenciales o pisos tutelados porque eso es muy caro. Por eso, al conocer nuestra experiencia, desde el Ministerio de Sanidad me preguntaron que si sería exportable a otras comunidades autónomas y sí, es totalmente exportable. Lo que sí se necesita es un equipo especializado que tiene que tener un vínculo fuerte con ellos, aunque estén a dos kilómetros, ya que la base del tratamiento del TLP es el establecimiento de un vínculo de confianza. Una vez que estableces ese vínculo, puedes tener a estos chicos en un piso.

P. ¿Son necesarias más unidades especializadas dentro del sistema?

R. Sí, porque el TLP, aunque todavía hay un cierto debate sobre ello, no funciona como otros trastornos mentales. Cuando aplicamos los esquemas de relación que aplicábamos a los pacientes de día, fundamentalmente psicóticos o depresivos crónicos, no funcionan con el TLP, no consiguen vinculación, que es precisamente el problema del TLP. En los años que llevamos con la Unidad, hemos aprendido que estos pacientes tienen dinámicas diferentes y que, si se aplican, se establece un vinculo que, si se crea, consigue que la cosa vaya bien.

P. ¿Se da suficiente protagonismo a las enfermedades mentales?

R. Se han hecho muchas cosas. El tratamiento, los recursos que se aplican y la importancia que se le da es mayor que hace 20 años. Ahora se toma en serio como especialidad en medicina gracias a los avances en investigación y a la política social de la enfermedad. Pero esto no quiere decir que ya sea una especialidad como las otras, ya que políticos y gestores siguen viéndola como una especialidad de carga, de pacientes problemáticos y muy crónicos. Hay estigma por parte de los propios médicos de otras especialidades, que no entienden que se haga gasto en psiquiatría cuando hay otras patologías más mortales, y también por parte de los gestores y de la propia población. Tienen protagonismo, pero no es un protagonismo sano, el protagonismo que merecería como un problema grave para los enfermos que crea disfunción y mucho gasto sanitario.

El TLP es un trastorno que está aumentando su incidencia y prevalencia”

Hay una tasa altísima de suicidio en estos pacientes, hacen varios intentos y el 15% lo consigue” La identidad es difusa, no saben hacia dónde van, están perdidos, se sienten poco vivos”

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