Pomalidomida abre una nueva opción para los pacientes con mieloma múltiple

El fármaco muestra eficacia en pacientes que recaen tras los tratamientos de primera y segunda línea
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04 jul 2014 - 16:00 h
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La incidencia del mieloma múltiple (MM) en España se sitúa entre los cuatro y cinco casos nuevos por cada 100.000 habitantes y año. En estos momentos, es todavía una enfermedad incurable y con un porcentaje de más del 95 por ciento de pacientes que recaen después de haber recibido tratamientos de primera y segunda línea que requerirán de un tratamiento de rescate. Uno de los fármacos que cumple esa función es la pomalidomida, una nueva terapia oral indicada para pacientes con MM recurrente y refractario que ya ha sido incluida en el Sistema Nacional de Salud (SNS) y que aumenta la supervivencia en alrededor de entre cinco y siete meses.

La Agencia Europea del Medicamento (EMA) aprobó en 2013 la pomalidomida en combinación de bajas dosis de dexametasona. No obstante, “las negociaciones con el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad se introducen a lo largo de estos meses —de octubre de 2013 hasta el momento actual—, que es cuando la Comisión Interministerial de Precios fija el precio y la financiación y empieza a poder ser utilizado en las farmacias de todos los hospitales, afirma María Victoria Mateos, del Servicio de Hematología del Hospital Universitario de Salamanca.

En este punto, el director de Medicina Clínica y Traslacional de la Universidad de Navarra, Jesús San Miguel, destaca que no considera que en España exista retraso en la aprobación de medicamentos. “De hecho en otros países se es más restrictivo”, puntualiza.

Respuesta positiva

La pomalidomida es un nuevo fármaco que pertenece a la familia de los inmunomoduladores y cuya característica fundamental reside en que éste es más eficaz que sus predecesores: la talidomida y la lenalidomida, afirma Mateos. Gracias a su aprobación, las posibilidades de este grupo de pacientes que no ha evolucionado con otras terapias tendrá un mayor número de posibilidades de tratamiento.

San Miguel subraya que la pomalidomida es capaz de “inducir un 37 por ciento de respuestas menores y un 30 por ciento de respuestas parciales con un beneficio en la supervivencia libre de progresión y en la supervivencia global sobre lo que hasta ahora se consideraba el estándar paliativo para estos enfermos que no tenían más opciones”. Es decir, un tercio de los pacientes que han fracasado en el resto de terapias, responde a pomalidomida y, como asegura Mateos, lo hace de manera “muy homogénea, independientemente de que sean refractarios a lenalidomida o bortezomib”. Es importante destacar que la pomalidomida “siempre debe administrarse en combinación con dexametasona para que los pacientes con MM en recaída obtengan el máximo beneficio”.

En este caso, la doctora Mateos se refiere a aquellas personas que previamente han recibido dos terapias, incluidos bortezomib y lenalidomida, y que “hayan demostrado progresión de la enfermedad bajo la última terapia”, en un período igual o inferior a dos meses desde que se completó el tratamiento con dicha opción terapéutica. Asimismo, señala, en cuanto un paciente recae, la gran mayoría recibe lenalidomida, pero aún así la enfermedad continuará su curso. Ése es un buen momento para utilizar pomalidomida. “Si después de la lenalidomida, el paciente decide recibir una tercera línea de tratamiento con bortezomib y recae, también podría recibir pomalidomida”, aclara Mateos.

Lo cierto es que el estudio en fase III, multicéntrico y aleatorizado que ha condicionado la aprobación de la pomalidomida en este conjunto de pacientes —en el estudio participaron 455 personas con MM de 93 centros de diversos países europeos, Rusia, Canadá, Australia y Estados Unidos— ha demostrado que “el tratamiento con este fármaco en combinación con bajas dosis de dexametasona mejora la supervivencia en siete meses respecto a la rama control que recibía altas dosis de dexametasona”, añade Mateos.

Finalmente, ambos expertos inciden en que contar con alternativas terapéuticas que contribuyan a mejorar la supervivencia de pacientes que ya no contaban con más opciones es una “buena noticia”.

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