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29 abr 2016 - 16:00 h
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Genómica sí, pero también epigenética. De ella, habló la investigadora Anna Martínez Cardús, del Idibell, en el II Simposio Nacional de Genómica Aplicada en Oncología.

Durante su ponencia, presentó datos de Epicup, un test diagnóstico para identificar el tumor primario en pacientes con tumores de origen desconocido (COD). ¿Qué valor añade? “Con la inmunohistoquímica muchas veces no se sabe de dónde procede el tumor”, indicó Cardús, afirmando que, en estos momentos, el test “está en la frontera”. Por ahora, se ha empleado de manera experimental. “Estamos pendientes de que se publique un artículo en The Lancet y, en cuanto ocurra, Epicup (de Ferrer) se comercializará”, explica la bióloga, añadiendo que “lo ideal” sería que el trabajo estuviese publicado antes de julio. Además, califica de positivo este avance, dado que cuando se trata de los COD, los pacientes llegan a la consulta con metástasis y el tumor que se les detecta no es primario. “Si se sabe de dónde viene el tumor, se puede hacer un tratamiento más específico”.

CCR, CP y cáncer de próstata

Durante el encuentro, se habló también de la genómica aplicada al cáncer colorrectal (CCR), de pulmón (CP) y de próstata.

Ruth Vera, del Hospital de Navarra, recalcó que todas las plataformas aportan información pronostica adicional a los factores clínicos clásicos, contribuyendo a una posible mejora en la toma de decisiones, pero ninguna predice el beneficio del tratamiento adyuvante en CCR. “Aún no hay evidencia de que los cambios de decisión en función de las plataformas conduzcan a una mejora de los resultados a largo plazo y la subclasificación molecular del CCR puede ayudarnos a seleccionar subgrupos de pacientes con diferentes pronósticos que se beneficien de diferentes estrategias en este contexto”, apostilló.

Además, Javier Puente, del Clínico San Carlos, se centró en CP. “Solo en 12 de cada 100 casos puedo aplicar ciertos algoritmos, a 88 de cada 100 les pongo QT”, aseguró, al tiempo que insistió en que las alteraciones no-EGFR y no-ALK ocurren tanto en el adenocarcinoma como el carcinoma de células escamosas (prevalencia 1-3%) y la mayoría de pacientes responden a fármacos molecularmente dirigidos. Simplemente, “hay que esperar a la variación prospectiva de esos pacientes para poder incorporarlos a la práctica clínica asistencial”.

En cuanto al cáncer de próstata, Pablo Gajate, del Ramón y Cajal, explicó que “pese a que no existe ningún marcador predictivo de respuesta al tratamiento, sí se cuenta con múltiples opciones terapéuticas y un mayor conocimiento de la biología molecular de este tumor”. Gracias a estas herramientas es factible identificar subtipos moleculares, mecanismos de resistencias y facilitar la selección del tratamiento.

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