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Igual que una carta hecha música convirtió el 20 de abril (del 90) en una fecha mítica para el pop nacional, la Sanidad nacional también tiene ‘su’ 20 abril para el recuerdo. En este caso, del 2012 y en forma de ‘carta’ publicada en el Boletín Oficial del Estado de esa fecha con el título “RDL 16/2012 de medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud”.

Al contrario de la opera prima de Celtas Cortos, el 20 de abril de 2012 del SNS no sonó nada bien en sus comienzos. Muchos se resistían a escucharlo. “Cuéntame un cuento” decían quienes no veían opción al ahorro de 7.000 millones de euros que se porfiaba a la medida. Otros centraban sus críticas en la exclusión de la asistencia sanitaria para El emigrante. Lo cierto es que, cinco años después, todos se lo saben, muchos lo entonan (hay quien lo ha convertido en himno) y la mayoría de sus estribillos (copago por renta, universalidad, etc.) siguen copando minutos en tertulias y líneas en medios (a las que este artículo aporta su grano de arena).

La perspectiva que ofrece su primer lustro de vida confirma que en el término medio está la virtud. No fue (es) tan fiero el lobo como se pintaba respecto a abandonos de tratamiento por los nuevos tramos de copago según renta, que se presentaban “más justos”. Hay estudios que sí confirmarían una merma de la adherencia en algunos colectivos (antes exentos) y tratamientos costosos —al igual que los hay de conclusiones contrarias, que ya se sabe que para gustos...los estudios—, pero en ningún caso puede hablarse de cataclismo.

Pero tampoco tendrían razón aquellos que lo presentaron como la panacea; el ‘salvador’ de la sostenibilidad del SNS. En su primer ejercicio de vigencia (mayo 2012-mayo 2013), este nuevo copago y la desfinanciación de más de 400 fármacos permitió retrotraer el gasto farmacéutico a niveles de otras décadas, con un descenso del 15,3 por ciento (1.600 millones de ahorro) y un 11 por ciento menos de recetas. Pero todo quedó en flor de un día. De un año, para ser exactos. Ya en mayo de 2015, tanto el gasto (+0,1 por ciento) como las recetas (-0,5%) se habían estabilizado. A partir de ahí, vuelta a los incrementos de la factura: 1,72 en 2015 y 2,55 en 2016.

Si el copago por renta generó polémica, qué decir de la impopular exclusión de la atención sanitaria a personas en situación irregular, con la retirada en torno a 870.000 tarjetas sanitarias. En este caso, la rectificación del Gobierno en 2015 “por cuestión de salud pública” sobre la práctica, pero sin modificar el texto del RDL, así como la insumisión de muchos profesionales sanitarios y CC.AA que siguieron asistiendo a estos colectivos han minimizado los efectos. Aun así, un informe de la Red de Denuncia y Resistencia al 16/2012 (Reder) identificó 541 casos de exclusión sanitaria en 2016.

La que fue calificada por entonces por algunos consejeros como “la mayor reforma del SNS en 25 años”, José Ignacio Echániz dixit, contenía otra mucha letra. No precisamente pequeña y de suma importancia para el sector. Son los casos del sistema de precios seleccionados, la revisión de la escala de deducciones de las boticas por el RD 5/2000 —que beneficiaba al 70 por ciento—, la supresión del condicionante de ruralidad para acceder a las ‘ayudas VEC’ o la fijación de un nuevo modelo de prestación a residencias. Un obligatorio nuevo modelo del que, por cierto, diversas CC.AA han venido haciendo mutis por el foro en los años siguientes... Y algunas, ahora que se han puesto a ello, están llevando a cabo una interpretación sui generis, como viene contando EG. En el siguiente lustro lo podremos analizar.

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