Atender mejor, gastar menos

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22 may 2017 - 13:00 h
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<p>Atender mejor, gastar menos</p>

Se estima que el 70 por ciento de la población fallece en el transcurso de una etapa avanzada o terminal de su enfermedad crónica. Se estima también que el gasto sanitario se dispara exponencialmente en los últimos meses de vida del paciente. ¿Estamos dando la respuesta adecuada a esta situación? ¿Tenemos un problema de sostenibilidad o de método y asignación de recursos? Y sobre todo, ¿estamos atendiendo bien a los pacientes?

En la actual atención de los pacientes que están al final de su vida, el gasto hospitalario representa entre el 75 por ciento y el 85 por ciento del gasto sanitario total. ¿Es eso lo deseable? ¿Es compatible con la recomendación de la OMS que establece que el 50 por ciento de los pacientes deberían fallecer en domicilio? ¿Qué pasaría si se modificara el reparto del gasto sanitario, aumentando la proporción del gasto domiciliario y ambulatorio y disminuyendo la proporción de gasto hospitalario?

Los datos analizados por la Fundación New Health sobre más de 25.000 pacientes y la experiencia acumulada con más de 3.000 en Colombia y España, demuestran que cambiando esa proporción, puede lograrse un importante ahorro total entre el 10 y el 20 por ciento. Pero ahorrar costes es sólo una derivada y una consecuencia de hacer bien las cosas. Lo verdaderamente relevante es que al cambiar el modelo se proporciona al paciente una atención integral capaz de cubrir sus necesidades físicas, psicoemocionales, sociales y espirituales, así como las de sus cuidadores. Lo verdaderamente transcendente es que se logra mejorar la calidad de vida en los procesos de enfermedad avanzada de una manera sostenible.

En la mayoría de programas paliativos que se siguen en nuestro país la atención comienza en los últimos 3-6 meses de vida del paciente, momento en el que el paciente pasa de ser atendido por un especialista a ser atendido por un paliativista. Cambiando ese modelo por otro en el que conviven la intervención del especialista y la del equipo de paliativos, y en la que esta última se anticipa, los resultados mejoran. En nuestros programas hemos comprobado un incremento de hasta el 30 por ciento en la efectividad clínica, entendiendo por tal la disminución de los síntomas que muestra el paciente terminal: dolor, disnea, asfixia... Y la satisfacción de pacientes, familias y cuidadores se sitúa entre el 92 y el 100 por ciento. Pero es que además la reorganización lógica de los recursos a sus fines adecuados también provoca un cambio de percepción favorable entre los profesionales del sistema sanitario, reduciéndose en nuestras estadísticas entre un 30 y un 40 por ciento el llamado síndrome de “burn out”.

Mejorar la atención al final de la vida gastando menos es, por tanto, posible. Con una asignación de recursos mucho más racional y orientada a sus objetivos respectivos. Con metodología, evaluación continua y big data. En suma, con unos cuidados paliativos excelentes y con un enfoque verdaderamente integral.

Ahorrar costes es solo una consecuencia de hacer bien las cosas. Lo relevante es dar una atención integral

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