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07 dic 2017 - 13:00 h
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<p>Ictus, primera causa de muerte en la mujer</p>

En España, el ictus es la primera causa de discapacidad adquirida en el adulto; es la segunda causa de muerte y la primera en las mujeres. Debido al aumento de la esperanza de vida, que es mayor en la población femenina, se prevé un aumento de la prevalencia de la enfermedad, lo que supone un reto para el sistema sanitario.

Las diferencias biológicas entre los dos sexos explican diferencias en el perfil de factores de riesgo cerebrovascular que, además cambian debido a la influencia hormonal durante la vida fértil y después de la menopausia. Estos perfiles de riesgo se ven matizados por diferencias en el estilo de vida, factores psicológicos y en los roles sociales. Todo ello influye no sólo en el riesgo sino en el pronóstico después de un ictus.

Diversos estudios nos indican que durante la vida fértil, la incidencia de ictus es más baja en mujeres que en hombres, si bien en este periodo de la vida adquieren especial relevancia factores de riesgo específicos del sexo femenino, como las patologías asociadas al embarazo. Pasada la menopausia, las diferencias con los varones van desapareciendo y aumenta el peso específico de factores como la hipertensión arterial y la fibrilación auricular, que son más frecuentes entre las mujeres. La fibrilación auricular, además, asocia un riesgo atribuible mayor, al igual que la diabetes o la obesidad abdominal, que a pesar de ser menos frecuentes que en varones, tienen un mayor efecto sobre el riesgo de ictus en las mujeres.

Según datos epidemiológicos, las mujeres tienen edades más avanzadas en el momento de presentar el ictus y más comorbilidades, lo cual explica, en parte, que en ellas el cuadro clínico revista más gravedad. Asimismo existen datos que muestran que las mujeres no sólo fallecen más, sino que quedan con más secuelas, se reintegran en menor proporción a sus actividades previas que los hombres y tiene peor calidad de vida tras el ictus. Las peores consecuencias del ictus también pueden deberse al hecho de que las mujeres tardan más en solicitar atención médica y reciben más tarde los tratamientos.

La disponibilidad de datos referentes al ictus en las mujeres es heterogénea y los datos cambian en los distintos países. Así, es necesario tener información actualizada que nos permita conocer la realidad de las características del ictus y su impacto en las mujeres. Con este fin, se está llevando a cabo una encuesta en la que colaboran el Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares (GEECV) de la Sociedad Española de Neurología, Freno al Ictus y la Alianza BMS-Pfizer, que incluirá la obtención de datos sobre el grado de conocimiento de los factores de riesgo, síntomas de alarma y actitud ante los mismos, así como información acerca de su repercusión social, familiar y personal. Esta información actualizada y fiable contribuirá a planificar políticas para reducir las devastadoras consecuencias de esta enfermedad.

Las mujeres tienen edades más avanzadas en el momento de presentar el ictus y más comorbilidades

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