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02 sep 2016 - 08:00 h
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El Pacto por la Sanidad parece hoy tan alejado como las posiciones de los dos grandes partidos en el Congreso de los Diputados. El debate, cada día más agrio, esconde puntos en común en materia sanitaria. Los pactos de PSOE y Partido Popular con Ciudadanos tras las elecciones del 20 de diciembre y del 26 de junio, respectivamente, coinciden en seis líneas generales. La lectura de ambos textos muestra que las formaciones que lideran Mariano Rajoy y Pedro Sánchez coinciden en la necesidad de unificar la cartera básica de servicios, impulsar la e-salud y la interoperabilidad, potenciar las centrales de compra para la adquisición de medicamentos y tecnología innovadora, revisar el copago farmacéutico, facilitar el acceso a los medicamentos huérfanos y la creación de un portal de transparencia que permita evaluar y comparar las políticas de salud.

Incluso el texto entre PP y Ciudadanos recupera cuestiones que había planteado el PSOE en sus dos últimos programas electorales. Por un lado, propone dotar otra vez el fondo de cohesión sanitaria con 100 millones de euros anuales; por otro, pretende situar el gasto en salud por habitantes en los niveles previos a la crisis económica. En 2008, el desembolso per capita se situó en 1.291 y continuó ascendiendo hasta los 1.493 euros en 2010. Ambas cifras muestran una distancia importante con el dato de 2015, que se encuentra en 1.232 euros.

Hay otra cuestión de la que hablan cada vez más los partidos políticos y, que aunque no aparece en este documento, sí que se encuentra en los programas electorales. Se trata de la profesionalización de la gestión. Precisamente, en la Comunidad de Madrid, PP y Ciudadanos han alcanzado un acuerdo para avanzar en esta línea. El paso es importante, pero también entraña riesgos, como los concursos redactados y preparados para un candidato concreto.

Las similitudes, con matices a priori salvables, son muchas. El principal problema radica una vez más en la universalidad del sistema, un debate más conceptual que práctico.

Las similitudes, con matices a priori salvables, son muchas. El principal problema sigue en el debate de la universalidad

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