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16 jun 2017 - 13:00 h
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<p>Infectólogos en la sombra</p>

Trabajar de manera intensa, vocacional y con la permanente necesidad de actualizar los conocimientos en enfermedades infecciosas es una rutina para los infectólogos. Muchas otras disciplinas comparten el hecho de que nuestro país tiene especialistas médicos entre los primeros puestos del ranking mundial, si existiera dicho ranking. Lo que no es tan común, lamentablemente, es que trabajen haciendo algo que no se es reconocido oficialmente. La infectología debe ser una especialidad médica más, como lo es en Estados Unidos y en la mayoría de países de la UE. Lo debe ser, no para satisfacer ningún interés corporativista (que sería legítimo), sino para asegurar que los pacientes con infecciones resistentes son tratados por los especialistas que más saben, que más se forman y que más probabilidad de salvar su vida tienen.

Para desgracia de los pacientes que mueren en los hospitales por bacterias multirresistentes, el problema no se resuelve con tratamientos altamente eficaces. Porque no existen, y cuando son eficaces debemos asegurarnos de que se reserva para evitar el desarrollo de resistencias. En estos momentos, las bacterias están ganando la batalla. Las resistencias bacterianas son ya un problema de salud pública mundial. Está en la agenda del comisario de Salud Andriukaitis (que lo abordó con la ministra Montserrat en su paso por España), y está en la agenda de los países más desarrollados del mundo; fue uno de los asuntos abordados por el G20. Un problema tan relevante debería estar atendido por una especialidad, y España no puede seguir siendo la tierra en la que la infectología no eche raíces.

Andalucía ha dado un paso, separando la convocatoria de plazas de infectología de las de Medicina Interna. Todos los partidos, en algún momento de los últimos años, han sido favorables a la especialidad de infectología, pero no han coincidido en el tiempo ni en la legislatura. Quizás ha llegado el momento de comenzar a registrar las muertes por resistencias, y con la cifra resultante situarlo arriba en la agenda sanitaria.

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