¿Sanidad pública o privada?, ante todo eficaz y eficiente

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20 ene 2017 - 15:00 h
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<p>¿Sanidad pública o privada?, ante todo eficaz y eficiente</p>

A menudo asistimos en los medios al debate sobre sanidad pública o privada y me sorprende ver que en los distintos argumentos está ausente lo que realmente debería importarnos: la eficiencia del sistema.

Al igual que en cualquier empresa, optimizar los procesos de una organización dedicada a la salud nos permite mejorar su rendimiento. Me refiero a más pacientes atendidos, procesos más ágiles, ahorros de costes y tiempo. Pero el objetivo de las empresas no es, ni debe ser, reducir sus costes. El objetivo debe ser aumentar su competitividad: ofrecer un mayor valor a sus clientes, a un precio menor. Por tanto, la optimización en las empresas, y más aún en las del área sanitaria, nunca debería tener como único objetivo la reducción de los costes y la eficiencia de las operaciones, sino también la mejora de la calidad, reducción de plazos, listas de espera, satisfacción de los clientes y la mejora de la experiencia de los usuarios. Por suerte, ambos objetivos van de la mano si buscamos su consecución a través de la eliminación del desperdicio.

Si ponemos el foco en el aumento de valor al cliente, hay que identificar bien a los tipos de pacientes, los distintos flujos de personas en los hospitales, y comenzar a conocer y cuantificar dónde hay esperas, donde hay desplazamientos, donde hay falta de información, dónde hay confusión, etc. Hay que analizar los procedimientos con el objetivo principal de eliminación de desperdicio y optimización de flujo. Si optamos por esta vía, obtendremos grandes avances en ambos objetivos: mejor calidad del proceso, mejor experiencia del paciente, y reducción de tiempos y costes internos. Esto es, mejora de la eficacia y de la eficiencia.

En todo este proceso los profesionales sanitarios tienen un papel clave. Son quienes están en el terreno, quienes mejor conocen la realidad y nos van a ayudar a hacer un diagnóstico acertado. Pero su papel cobra aún más importancia a la hora de poner en marcha las soluciones diseñadas.

Una vez encajadas todas las piezas del puzle de la mejora sanitaria, sólo quedaría incluir nuevas métricas en para todos los profesionales que permitan evaluar no solo la eficiencia de los procesos, sino también la experiencia del paciente mediante indicadores cuantitativos y cualitativos. Los primeros servirían para comprobar, por ejemplo, en cuánto se han reducido las listas de esperas o el incremento del número de pacientes atendidos. Los segundos, nos servirán para comprobar a través de, por ejemplo, encuestas de satisfacción, si efectivamente la calidad asistencial mejora y cubre las necesidades y las expectativas de los pacientes.

Por ello, independientemente del modelo de gestión o de si el objetivo es lucrativo o social, todo sistema sanitario debe entenderse como un conjunto de procesos que deben ser lo más eficiente posible para alcanzar el fin último: la excelencia en la calidad asistencial.

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