Los informes periciales, pieza clave para resolver casos de mala praxis

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07 dic 2018 - 14:30 h
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Un informe pericial puede ser un documento clave a la hora de resolver casos de mala praxis. Pero es importante que el perito que actúa en el caso esté especializado y conozca la disciplina médica que va a valorar, ya que suele ser la principal prueba en la que se apoyan los jueces para dictaminar el caso.

Los padres de un paciente menor de edad reclamaron a un médico la cantidad de 1.520.000 euros por mala praxis médica y daños morales, como consecuencia de las lesiones que el menor, recién nacido, sufrió tras el nacimiento: ausencia de respiración eficaz tras un parto programado por gestación cronológicamente prolongada. En concreto, la cuestión principal que se debatió en el procedimiento se redujo, fundamentalmente, a determinar si existió sufrimiento fetal atribuido al médico.

Con la finalidad de poder demostrar la existencia de una relación de causalidad entre el parto y los daños cerebrales sufridos por el menor, la parte demandante aportó un dictamen pericial en el que se afirmaba la existencia de un importante sufrimiento fetal al inducir el parto, al considerar el perito que debería haberse planteado la finalización de la gestación antes de la fecha en que se llevó a cabo.

Frente a este dictamen, se aportaron al procedimiento dos informes: el de la inspección médica y el de la compañía aseguradora del demandado. Ambos informes establecieron que la asistencia médica recibida fue adecuada y acorde a los protocolos de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), en la que no hubo indicios de sufrimiento fetal, salvo la presencia de líquido amniótico meconial durante el trabajo del parto, un indicador que no es específico de sufrimiento fetal. También se concluía que no hubo signos de alarma durante el control fetal intraparto mediante monitorización fetal, que fue realizado de forma continua durante todo el parto. Los análisis posteriores de la sangre descartaron la existencia de asfixia fetal intraparto y recalcaron que la duración del parto fue el estimado como normal en primigestas.

Afirmaron los peritos de ambos informes que, aunque los ginecólogos hubieran adelantado el nacimiento realizando una cesárea, no se habría modificado la evolución del recién nacido, cuyos daños se produjeron tras una mala adaptación a la vida extrauterina con la aparición de la acidosis una hora después de nacer.

Con el contenido de los tres informes aportados al procedimiento, el juez tuvo en cuenta que la obligación del profesional de la medicina es de medios y no de resultados, es decir, que el doctor tenía obligación de prestar la debida asistencia médica pero no la de garantizar siempre un resultado favorable para la salud del paciente. Por ello resultó necesario que se valoraran las circunstancias concretas del caso, la previsibilidad del resultado, la preparación y especialización del médico y su obligación de adaptarse a los avances científicos.

Por otro lado, y por lo que a los dictámenes periciales se refiere, se pudo observar la relevancia que tuvo un buen informe pericial en el procedimiento, ya que se dio prevalencia a aquellas afirmaciones o conclusiones que venían dotadas de una mayor explicación racional. Por lo que en la sentencia se desestimó totalmente la demanda al entender el juez que los informes de la parte demandada y de la inspección médica eran más ajustados a la realidad médica, que realizaban un análisis más pormenorizado de la realidad de los hechos y, una mayor correlación con los protocolos de la SEGO.

Todo estos hechos llevaron a declarar como probado que no existió un embarazo de alto riesgo, que no se trataba de un embarazo prolongado, que no existieron variabilidades patológicas de la frecuencia cardiaca, que el líquido meconial no es factor patológico por sí mismo, que no hubo aspiración meconial y que la prueba del pH del cordón umbilical realizada inmediatamente después de nacer arrojó datos absolutamente normales, por lo que en ningún caso podía demostrarse la existencia de una relación de causalidad entre el parto y los daños cerebrales reclamados.

Todo estos hechos llevaron a declarar como probado

que no existió un embarazo de alto riesgo

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