Únicamente el cinco por ciento de las apps de salud han sido validadas

Un experto australiano advierte del peligro y los límites del autodiagnóstico
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Madrid
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03 ago 2018 - 13:32 h
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Solo el cinco por ciento de las aplicaciones móviles médicas, como las que miden la cantidad de pasos que se dan al día o el número de horas de sueño, han sido “formalmente validadas”, según el autor de una nueva revisión publicada en ‘Frontiers in Physiology’, y profesor de la Facultad de Ciencias Biomédicas e Instituto de Salud e Innovación Biomédica de la Universidad Tecnológica de Queensland en Australia, Jonathan Peake.

“A pesar del hecho de que vivimos en la era del Big Data, sabemos sorprendentemente poco sobre la idoneidad o efectividad de estos dispositivos”, ha insistido el especialista.

En concreto, los expertos revisaron la información sobre los dispositivos utilizados tanto por “la gente común que desea realizar un seguimiento de su salud física y psicológica” como por el entrenamiento de los atletas para alcanzar ciertos niveles de rendimiento. Así, los dispositivos se dividen en aquellos que controlan el estado de hidratación y el metabolismo; dispositivos, prendas de vestir y aplicaciones móviles para controlar el estrés físico y psicológico; los que proporcionan retroalimentación biológica física; retroalimentación cognitiva y capacitación; aquellos usados para monitorear y promover el sueño, y para evaluar la conmoción cerebral.

“Lo que es fundamental entender aquí es que si bien la mayoría de estas tecnologías no están etiquetadas como ‘dispositivos médicos’ per se, su propia existencia, y la comercialización que la acompaña, transmiten la sensación de que pueden usarse para medir un estándar de salud. Hay problemas éticos con esta suposición que deben abordarse”, ha añadido Peake.

De esta forma, los autores han descrito que la tecnología desarrollada para fines de investigación en general parece ser más creíble que los dispositivos creados exclusivamente por razones comerciales.

Por ejemplo, el autodiagnóstico basado en datos autocombinados, podría ser inconsistente con el análisis clínico basado en la evaluación de un profesional médico. Y al igual que las tablas del índice de masa corporal del pasado realmente solo proporcionaban pautas generales y no tomaban en cuenta la predisposición genética o la constitución atlética de una persona, “la tecnología actual es igualmente limitada”, han matizado.

Así, los autores han destacado que están “particularmente preocupados por las tecnologías que buscan confirmar o correlacionar si alguien sufrió o se recuperó de una conmoción cerebral, ya sea por los deportes o el servicio militar”.

“Tenemos que ser muy cuidadosos aquí porque hay mucha variabilidad. La tecnología podría ser bastante útil, pero no puede ni debe reemplazar la evaluación realizada por un profesional médico capacitado”, ha concluido Peake.

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