sábado, 07 diciembre 2019

  • 1 Plataformas Tecnológicas
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    Natalia Elizalde, del Área de Desarrollo de Negocio de 3P Biopharmaceuticals, señala que el calado social de la biomedician en España no es todo lo importante que debería.
    Redacción Madrid
    Natalia Elizalde forma parte del Área de Desarrollo de Negocio en 3P Biopharmaceuticals, una empresa biotecnológica cuya actividad principal se basa en el desarrollo y producción de fármacos biológicos con aplicación para distintas patologías.
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    BARTOLOMÉ BELTRÁN
    Días atrás veíamos como la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria, con el patrocinio de Faes Farma, editaba una espléndida ‘Guía de Recomendaciones en Seguridad Vial’.
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    La salud reproductiva, su situación actual y las perspectivas de futuro fue el tema a tratar en el XXVIII Encuentro Salud 2000, organizado conjuntamente por Fundamed y la Fundación Salud 2000.
    U.G. GM La baja tasa de nacimientos en España se está convirtiendo en un problema demográfico que, aunque no tenga consecuencias a corto plazo, en un par de décadas puede suponer un importante colapso de la economía y un empobrecimiento generalizado de un país que tiende a la vejez de sus habitantes. Fomentar la natalidad es algo necesario para evitar llegar a tales extremos. Los problemas de infertilidad y de esterilidad unidos al retraso de la edad en la que las parejas se deciden a tener descendencia están haciendo que cada vez más, la medicina deba estar más preparada para atender esa demanda de mujeres que quieren tener hijos y, por alguna razón no pueden. Algo en lo que el Estado y los poderes públicos también deben intervenir. Cuestiones todas ellas expuestas en el XXVIII Encuentro Fundación Salud 2000, que bajo el título ‘Salud reproductiva: Situación actual y perspectivas de futuro en España’ y con la participación de especialistas de diferentes ámbitos sirvió para poner encima de la mesa posibles soluciones que ayuden a arrojar luz sobre esta cuestión, que algunos califican de primer orden. Una de las razones con más peso para el retraso de la natalidad en la actualidad, es la exigencia del mercado laboral. Luis Martínez, jefe de la Unidad de Reproducción Asistida del Hospital Virgen de las Nieves de Granada, apuntó a que las empresas ven el embarazo de una mujer como una pérdida de potencial humano. “Por esos miedos las mujeres retrasan la natalidad hasta los 30-32 años”, una edad en la que la fertilidad de la mujer se reduce de manera importante, por lo que “tenemos mujeres demasiado mayores para tener hijos”, explicó. Por su parte, Mario Brassesco, director del Centro de Infertilidad y Reproducción Humana de Barcelona (CIRH), hizo hincapié en que proteger a la mujer para que se quede embarazada es protegernos a nosotros mismos. “Que una mujer tenga hijos a los 40 años tiene un coste desde punto de vista social y económico como nación que es inasumible”, advirtió añadiendo que la gestación en edades más tempranas abarata el mantenimiento de una pirámide poblacional correcta. Apuntando a las causas del problema, Alejandro Macarrón, socio director de Otto & Company, y autor del libro “El suicidio demográfico de España” habló de la existencia de una “conspiración de silencio” en torno a esta problemática, aún sabiendo la magnitud que tiene. “Yo creo que es un problema de valores en la sociedad y no tanto de que den facilidades o no”, expresó poniendo como ejemplo el hecho de que en Estados Unidos, con muchas menos facilidades sociales, las mujeres tengan una tasa de natalidad de 1,8 hijos, una cifra alejada del 1,3 de las españolas. Macarrón también puso el ejemplo de que las mujeres funcionarias de nuestro país no tengan una tasa de fecundidad superior a la del resto. Del mismo modo se expresó, Carmen González, presidenta ejecutiva de la Fundación Salud 2000, quien hizo un llamamiento a cambiar algunos de los valores sociales y quiso resaltar la idea de que un hijo no es una carga. “La imagen de la mujer y del niño no se ha estimulado demasiado, no se ha creado un caldo de cultivo amable para fomentar la natalidad”, apostilló. La infertilidad como enfermedad En España, la infertilidad es una enfermedad real que afecta a 700.000 parejas y que adquiere una dimensión sanitaria y social, ya que se necesita de unos medios para tratarla, reduciendo las barreras de acceso a los tratamientos. En este sentido, Juan Alfonso Vila, director de la Unidad de Fertilidad y Endocrinología de Merck fue categórico al afirmar que no es discutible que la infertilidad sea una enfermedad. “A nivel sanitario la infertilidad conduce a una frustración tremenda, ya que el hecho de que el proyecto de ser padres se vaya al traste, que acaba conduciendo a la angustia y la ansiedad, lo que deriva en un problema de nivel social, volviendo al problema demográfico”, expuso. Es más, tal y como apuntó Brassesco, la maternidad se pospone de forma que cuando las parejas deciden tener descendencia, la angustia se dispara. “Además, hay problemas añadidos como que la calidad del semen del hombre se ha deteriorado mucho por la polución, el tabaco, trabajar con pesticidas, etc. esto hace que la tasa de éxito sea menor por lo que habrá parejas con depresiones y ansiedades con un coste económico para la sociedad altísimo, mucho más alto que lo que podría significar ayudarlas a quedar embarazadas”, argumentó. La reproducción asistida es un servicio sanitario y como tal todos los países europeos la incluyen en su cartera de servicios. Vila hizo alusión a que el hecho de que los políticos españoles puedan estar planteándose si este servicio debe o no estar en la cartera del SNS nos coloca como país a la cola del mundo en cuanto a una prestación que es básica. “Se está planteando que esto es una especie de medicina de lujo, y esto supone un retroceso tremendo”, indicó, a lo que Macarrón apostilló, haciendo referencia al problema demográfico en España, que en comunidades como Castilla y León, existe un 9 por ciento de la población que tiene más de 80 años y que la población de Asturias tiende disminuir en un 40 por ciento. Sólo las grandes ciudades como Madrid, tienen un efecto llamada para los jóvenes, quedando otras zonas con mayoría de población envejecida. Aunque las consecuencias todavía no sean lo suficientemente claras, lo cierto es que esta tendencia al envejecimiento de la población se debe frenar con un impulso de la natalidad. Durante el encuentro se puso de manifiesto la necesidad de buscar fórmulas para sensibilizar a la población de que es una cuestión de Estado. Martínez subrayó que, aunque el servicio de reproducción asistida se encuentra disponible a nivel nacional, es la administración de cada comunidad autónoma la que decide de qué forma lo ofrece a la ciudadanía. “En Andalucía tenemos 8 unidades de reproducción, una por provincia, y se da una cartera de servicios muy amplia, pero por ejemplo en Castilla La Mancha, las unidades son concertadas y en Asturias hay prestaciones que no se ofrecen”, describió el representante del Virgen de las Nieves. Ese desequilibrio por autonomías constituye un freno para las parejas que quieren someterse a estos tratamientos. “Esta situación hace que se aprovechen los centros de Cataluña, Madrid y Andalucía, los más cualificados, pero ese servicio también debería ser cofinanciado por las comunidades que envían estos pacientes porque si no, se acaba el dinero para seguir dando esta prestación en estas comunidades”, replicó Brassesco. Rentable para la sociedad En cuanto a costes, Vila trajo a colación un trabajo elaborado por el departamento de Economía de la Salud de Merck en el que se refleja cómo cada persona devuelve a la sociedad la inversión en los tratamientos de reproducción asistida. Una persona nacida de un embarazo espontaneo, a los 38 años de edad “ha pagado con creces lo que el Estado ha invertido en él”. En las personas que nacen por reproducción asistida “esa inversión está cumplida a los 40 años. A partir de ahí todo lo que va a dar es beneficio para el país”, reflejó. A la vista de estos datos, la reproducción asistida generaría a la sociedad un beneficio muy importante, aunque fuera a largo plazo. Eso sí, lo que queda en la retina de los decisores es el coste inmediato. Y es que, en un estudio realizado por la Unidad de Reproducción Asistida del Hospital Virgen de las Nieves se llegó a la conclusión de que el coste de un ciclo de reproducción asistida se aproxima a los 1.200 euros. Eso sí, según Martínez nadie se plantea los costes de la anticoncepción y, según él “si sumáramos los gastos que tiene un tratamiento anticonceptivo, éstos podrían ser superiores a los de la infertilidad y nadie se plantea no poner un DIU que vale 300 euros”, incidió. Brassesco por su parte, quiso insistir en la necesidad de optimizar los recursos. “Un embarazo de una mujer de 40 años puede llegar a costar 10.000 euros, si lográramos hacer que la mujer tuviera ese bebé con 32 años, el coste podría reducirse, algo que es necesario transmitir a la población”, aseveró. Una vez analizado el diagnóstico, cabría preguntarse qué ocurre para que la sociedad no esté mentalizada de este grave problema. Según Vila existe un cuello de botella en el que se parte de una cantidad de parejas infértiles mayor de la que finalmente consigue tener un bebé, existiendo gente que ni se plantea el tratamiento o que sí se lo plantea pero se queda por el camino. Hay estudios que demuestran que de cada 100 parejas infértiles, “la mitad nunca van a acudir a una consulta del médico por lo que es necesario fomentar el conocimiento de que tiene solución”. Para informar de ello la compañía alemana trabaja con plataformas tecnológicas como www.concibe.es donde se ofrece a las parejas toda la información necesaria ante el reto de ser padres”, apuntó. Además, Vila insistió en que una pareja que a los 6 meses de buscar un embarazo no lo consigue, debe acudir a un especialista para una revisión. “Para las parejas que sí acuden a consulta, los laboratorios debemos seguir desarrollando soluciones y tratamientos hormonales para aumentar la tasa de éxito”, explicó. No obstante, hay otras trabas a los tratamientos. Así, Martínez señaló que existen barreras de tipo ideológico, de distancia geográfica y económicas que constituyen un obstáculo a la hora de acceder a los tratamientos. “Quien tiene dinero puede ir donde quiera, es más fácil, pero quien no, tiene que esperar a la sanidad pública y quizá el centro que le asignan está a 500 kilómetros de su ciudad”. Además este especialista aprovechó para instar a los médicos de familia a que informen de lo que hay que hacer en caso de no poder concebir. “Que no les digan a las mujeres que aún son jóvenes y las manden a casa”, insistió. La concienciación es el arma que hay que utilizar en estos casos, aunque en este punto se planteó la controversia de si se debe hablar claro sobre la infertilidad en las consultas. Mientras que el director de la Unidad del Hospital Virgen de las Nieves se mostró partidario de suavizar las cosas: “La información no es mala pero puede provocar problemas psicológicos. ¿Cómo le dices a una mujer de 30 años, en paro, sin pareja y que simplemente vino de visita rutinaria que está bien pero que debe intentar tener un hijo rápido porque sus ovarios pueden no funcionar?”, se preguntó al tiempo que subrayó que el valor más importante para la fertilidad de una mujer es su edad. Por su parte, Brassesco apostó por hablar claro y mover conciencias. “Me parece triste que a una mujer con 39 años, haya ginecólogos que le digan que no se queda embarazada porque está nerviosa, sin hacerle ninguna prueba”, asintió. Al final, las cifras hablan por sí solas. Sólo el cuatro por ciento de los nacimientos en España provienen de un embarazo a través de reproducción asistida. Una cifra muy baja si se tiene en cuenta que, según varios estudios, el 16 por ciento de las parejas son infértiles. Esa reducida tasa actual se podría justificar por un lado, por la incapacidad de dar respuesta a toda la demanda existente por parte de la sanidad pública, y por otro, por el alto coste que supone este tratamiento en una clínica privada. “La lista de espera media en los hospitales públicos supera el año, si a esto le sumamos que la edad media de la mujer cuando accede a este tipo de tratamientos está por encima de los 30 años y que por encima de 40 ya no son tratables, puede darse el caso de que ni si quiera puedan entrar en lista”, aseveró director de la Unidad de Fertilidad de Merck. Posibles soluciones Una vez analizada la situación, los expertos dibujaron un panorama de posibles soluciones con el fin de que los tratamientos de reproducción asistida no se vean como un gasto para la sanidad pública y sí, sin embargo, como una inversión de cara al futuro. Todos coincidieron en la necesidad de optimizar los recursos de los que se disponen y valorar la posibilidad de mantenerlos en la cartera de servicios e incluso incrementarlos de manera costo-efectiva. Y es que los ajustes que están acometiendo las diferentes administraciones amenazan con empobrecer el sistema dejando fuera de la cartera de prestaciones tratamientos que se consideran básicos, como es el caso de la reproducción asistida. En este sentido, Martínez planteó la posibilidad de establecer un copago para los tratamientos dentro de las unidades de reproducción de los hospitales públicos. “Muchas parejas estarían dispuestas a pagar 600 euros en un centro público antes de pagar 4.000 euros en un centro privado y con eso se podría dar más cabida a la población”. Por su parte, Brassesco insistió en la necesidad de hacer saber a la población que la fertilidad debería ser una cuestión de Estado y de “seguridad nacional, tal y como se ha calificado en Rusia y en Israel”, ya que un aumento de la natalidad ayuda a mantener la fuerza demográfica necesaria para que el país tenga una buena producción. “Si no, cada vez seremos menos y cada vez tendremos menos peso en Europa y en el mundo. Por no hablar del empobrecimiento que sufriremos”, advirtió. Por su parte Martínez quiso remarcar una realidad: “Alguien tiene que ayudar a ese millón de personas que quieren un niño y a esas 700.000 mujeres en España que sufren un drama mensual cuando tienen la menstruación”. De nuevo el especialista volvió a incidir en el aspecto económico aludiendo a todo tratamiento médico tiene un gasto y que los tratamientos de fertilidad hay que asumirlos como se asumen el resto de gastos. “¿No nos gastamos en anticoncepción, en tratamientos paliativos, en ser los mejores en trasplantes? ¿Pues por qué no gastar en alguien que quiere tener un niño?”, espetó. La perspectiva del director de la Unidad de Fertilidad y Endocrinología de Merck se focalizó en este sentido en la cuestión política. ”Ahora mismo lo que interesa es reducir el gasto y no se miran las consecuencias a largo plazo”, a lo que Martínez agregó que aún hay margen para ahorrar pero que los recortes se realizan sin preguntar a los que realmente viven el día a día en las consultas cómo se puede hacer el servicio igual o más eficiente con menos recursos. En este sentido, durante el encuentro se comentó también cómo la reducción de los embarazos gemelares y triples también debe ayudar a la contención del gasto que se hace en reproducción asistida. “Un embarazo gemelar vale mucho más que uno de un sólo bebé y por eso es importante mejorar en este aspecto”, explicó Martínez. Sin embargo, desde la perspectiva de un centro privado no es tan secillo, según explicó Brassesco. “Los pacientes suelen ser trabajadores que no disponen de altas cantidades de dinero por lo que exigen un resultado lo más alto posible ya que, probablemente, sea su única oportunidad, por lo que la política de transferir un sólo embrión para garantizar un único embarazo nos cuesta mucho que sea aceptada por los pacientes”, respondió. En definitiva, distintos prismas de un problema que lo es de toda la sociedad y en el que hay que evitar tomar medidas cortoplacistas de ahorro y apostar por medidas a largo plazo, adoptadas con sentido de Estado.

    Mario Brassesco...

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    Regina Revilla, presidenta de Asebio, anunció la creación del Consorcio Internacional en ER durante la V Conferencia Anual de las Plataformas Tecnológicas de Investigación Biomédica.
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    Cerca de 8.000 de las 30.000 enfermedades que se conocen son raras. Un 80 por ciento de ellas, pediátricas. Y aunque en Europa hay alrededor de 30 millones de personas afectadas, la investigación clínica en enfermedades raras necesariamente tendrá un...

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    cecilia ossorio Barcelona

    “La patente en el cajón no vale nada”. Partiendo de esta base, Ángel Lanuza, coordinador de la Plataforma Española de Innovación en Tecnología Sanitaria, considera clave el concepto de Open Innovation como un modelo de colaboración entre entidades multinacionales...

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    c. ossorio Barcelona
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    FRANCISCO ROSA Madrid

    El Servicio Extremeño de Salud (SES) ha avanzado con consistencia en la última década, sobre todo en el desarrollo de modernas infraestructuras y plataformas tecnológicas para mejorar la calidad de la asistencia que se ofrece a los pacientes.

    Estos avances...

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