EL reconocimiento del ‘burn out’ debe utilizarse como medida prevención

Según la OMS, el desgaste profesional se gesta en un periodo que varía entre cinco y ocho años
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Madrid
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31 may 2019 - 12:50 h
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La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha decidido introducir en la 11ª Revisión de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) el ‘burn out’ o el ‘síndrome del trabajador quemado’ como un “fenómeno ocupacional”. Sin embargo, los expertos puntualizan que no puede considerarse una enfermedad ni un trastorno, sino una calificación para que las empresas pongan medidas de prevención.

El ‘burn out’ se define en la CIE-11 como “un síndrome conceptualizado resultado del estrés crónico en el lugar de trabajo que no se ha manejado correctamente”. Según Julio Bobes, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP), catedrático de la Universidad de Oviedo y jefe del servicio de Psiquiatría del HUCA, es considerado una calificación del estado de salud caracterizado “por algunos aspectos subjetivos y otros objetivos. El aspecto subjetivo es la sensación de injusticia, de agotamiento, síntomas de estrés, y malestar psicológico”.

Es una pérdida de funcionalidad, basado en el rendimiento de esa persona, “respecto a lo rendimientos previos, debido a la falta de apoyos del grupo de compañeros, y sobre todo, con un sentimiento de valoración discrepante respecto a sus jefes”, explica el jefe de servicio de Psiquiatría

Según han acordado los representantes de la OMS en su 72º Asamblea Mundial de la Salud, el trastorno se caracteriza por tres dimensiones: sensación de cansancio extremo o agotamiento físico y emocional; sentimientos negativos o cinismo con respecto al trabajo; y reducción de la eficacia profesional. “El desgaste profesional no surge súbitamente, sino que, por lo general se gesta en un periodo que varía entre cinco y ocho años de desgaste continuo y estrés crónico en el contexto laboral. Suele afectar más a las personas muy comprometidas con su trabajo”, argumentan los representantes.

Reducir las bajas laborales

Bobes subraya que es “un calificador” y que en ningún caso se acepta que eso sea una enfermedad, sino un reconocimiento de que hay condiciones en el medio laboral que produce una pérdida del estado de salud. “¿Cuándo se acepta que el ‘burn out’ es real? Cuando hay personas involucradas en distorsionar el estado de salud de un individuo o de varios individuos”, destaca el especialista que aclara que esta nueva calificación sirve “para dejar abierta la puerta de prevención del ‘burn out’ en las empresas y para ello habría que cuantificar de cuanto estamos hablando, en que sitio hay más y qué medidas hay que tomar para evitar que esto deje a las personas incapacitadas”.

Por otra parte, al no haber un tratamiento específico para esta condición, sólo se pueden tomar medidas de prevención. “Desde los servicios de salud laboral de las empresas tiene que tratar de evitar que se produzcan estas situaciones, pero, una vez producidos, tienen que dar el tratamiento ergonómico correspondiente, es decir se han de facilitar los suficientes cambios en el sistema como para que no haya ninguna persona con este síndrome de estrés laboral”, añade el catedrático.

“Sino hacemos nada, con el paso del tiempo las empresas acaban consiguiendo que los empleados acaben incapacitados laboralmente, con una perdida funcional importante para cualquier tipo de actividad”, resalta el psiquiatra.

Contexto laboral

La lista de la OMS aclara que el ‘síndrome del trabajador quemado’ se refiere específicamente a los fenómenos en el contexto laboral y no debe aplicarse para describir experiencias en otras áreas de la vida.

No se escapa ningún sector de la productividad laboral. Ni los pilotos, ni el personal que no está muy cualificado ni los especialistas de la medicina”, puntualiza el presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría

El ‘burn out’ también se incluyó en la CIE-10, en la misma categoría que en la CIE-11, pero la definición ahora es más detallada, así como la OMS ha declarado que está a punto de emprender el desarrollo de directrices basadas en la evidencia sobre el bienestar mental en el lugar de trabajo.

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