El recuento de linfocitos CD19, factor predictivo de la mortalidad en ER con HD

El filtrado glomerular evitaría el infradiagnóstico de insuficiencia renal en pacientes con Síndrome de Down
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Madrid
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14 oct 2016 - 13:00 h
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Hasta ahora, existía poca evidencia científica sobre la influencia del sistema inmune en la morbimortalidad de los pacientes en hemodiálisis. Sin embargo, una investigación realizada entre el Servicio de Nefrología y el de Inmunología del Hospital Universitario 12 de Octubre y presentada durante el XLVI Congreso Nacional de la Sociedad Española de Nefrología (SEN), pone de manifiesto que la linfopenia CD19 podría ser un nuevo marcador de mortalidad independiente del resto de factores clásicos en los pacientes con enfermedad renal (ER) en hemodiálisis (HD).

“Hasta ahora, se creía que los pacientes con insuficiencia renal crónica en HD tenían alterado el sistema inmune, lo que ocurre es que no estaba cuantificado”, explica a GM Enrique Morales, del Servicio de Nefrología del 12 de Octubre. Asimismo, precisa que el estudio no se ha hecho en diálisis peritoneal, pero reconoce que es “probablemente” un paso que habrá que dar.

“Después de los resultados obtenidos, vemos que un porcentaje importante de nuestros pacientes tiene una reducción del número de linfocitos —en concreto algunos como son los natural killer o los linfocitos C19— están por debajo de los límites normales, entendiendo por esto el rango que da el laboratorio de imunidad que tenemos en el hospital”, añade el especialista, al tiempo que puntualiza que en esos pacientes se ha visto que hay porcentajes reducidos de poblaciones lifocitarias, menos en CD4, CD8 y sobre todo los natural killer (los C19), que son a los que más afecta.

En diferentes trabajos sobre trasplantes, se había visto que en el día cero del trasplante, si se les hacía un análisis a los pacientes se observaba que la inmunoglobulina o los niveles linfocitarios podían estar alterados antes de recibir inmunosupresión.

“A la larga, esto podía influir en el desarrollo de infecciones en el post-trasplante, de modo que nos planteamos qué les podría pasar a los pacientes que están en diálisis”, indica Morales.

Dado que los pacientes en diálisis se mueren fundamentalmente por causa cardiovascular (CV), por tumores e infecciones, los especialistas que participaron en este trabajo se preguntaron si las poblaciones linfocitarias tenían algo que ver en esta situación. Pues “efectivamente, hay una correlación cuando uno ve que, en concreto los CD 19 son el indicador más potente para ver la mortalidad global e incluso la mortalidad CV”, apostilla.

El siguiente paso, como señala el experto, será realizarlo en pacientes que estén en diálisis peritoneal y en aquellos que todavía no estén recibiendo diálisis, es decir, en sujetos con insuficiencia renal crónica.

Se trataría de ver “si con distintos grados de insuficiencia renal, también se modifican las poblaciones linfocitarias”, subraya el especialista, haciendo hincapié en que este es uno de los retos que se han abierto.

Glomerulonefritis

Otro de los aspectos que despertó mayor interés durante el Congreso de la SEN ha sido el de la glomerulonefritis.

Al respecto, uno de los estudios que se presentó fue el realizado por cuatro nefrólogos y dos internistas del Hospital Universitario La Princesa, en el que se advirtió de la necesidad de ajustar el filtrado glomerular a las características físicas de los pacientes con Síndrome de Down para evitar el infradiagnóstico de insuficiencia renal en esta población.

De las principales conclusiones que se extraen de este trabajo, Borja Quiroga, del Servicio de Nefrología de La Princesa, señala que para estimar la función renal se emplea la creatinina. “Esta se secreta en sangre proveniente de los músculos del cuerpo y posteriormente llega a los riñones, donde prácticamente toda la creatinina que llega se filtra y excreta por la orina por lo que si estos no funcionan adecuadamente, sube en sangre”, expone.

Para saber si los niveles de creatinina son normales o no, se han establecido unas fórmulas en función de determinados parámetros como la edad, género, raza o superficie corportal, que dan el dato del filtrado glomerular que contaba previamente. “Estas fórmulas están estandarizadas para la población general, pero no para una población especial como son las personas con Síndrome de Down que, al tener menor masa muscular, presentan una composición corporal diferente”, agrega el facultativo.

Respecto a si se deberían revisar estos niveles en otro grupo de pacientes, Quiroga incide en que el filtrado glomerular estimado por creatinina está validado para la población en general.

No obstante, “como uno de los inconvenientes que presenta la creatinina es que en función de la masa muscular del sujeto analizado, su interpretación podría variar, se han estudiado otros marcadores como la cistatina C que son independientes de la composición corporal a la hora de estimar el funcionamiento de los riñones”, puntualiza.

Trasplante renal

Una de las comunicaciones orales que se presentó durante el congreso consistió en un estudio retrospectivo realizado conjuntamente por nefrólogos del Hospital del Mar y el Registre de Malalts Renals de Catalunya.

En él, se puso de manifiesto que aquellos pacientes trasplantados con un riñón de un donante mayor de 75 años reducen su mortalidad en un 60 por ciento versus aquellos que permanecen en diálisis en lista de espera de trasplante. Está científicamente demostrado que la supervivencia de los pacientes que han sido trasplantados es mejor que la de quienes permanecen en diálisis, sin embargo, el beneficio en supervivencia con riñones provenientes de donantes de edad muy avanzada no había sido analizado previamente.

“En concreto, los años de vida proyectados fueron 11,4 en el grupo de trasplantados frente a 6,3 en el grupo que permaneció en diálisis en lista de espera”, explicó la nefróloga María José Pérez, quien precisó que en los receptores menores de 65 años se observó una reducción en la mortalidad “especialmente relevante, siendo el beneficio del 80 por ciento”.

En España, la tasa de donante vivo de riñón es de 8,3 por millón, mientras que la tasa total de donantes de trasplante de riñón asciende a 39,7 por millón. En este sentido, el nefrólogo Fernando Cosío, que lidera la investigación y práctica del trasplante de donante vivo desde Minessota, remarcó que “hacer el trasplante de un donante vivo supone mayor complejidad y trabajo, pero repercute en mayores beneficios, no solo para el paciente, sino también para el sistema, ya que es más costo-eficiente que la diálisis”.

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