ECTRIMS 2019

Los tratamientos de los últimos veinte años han cambiado el curso de la EM

Uno de los grandes logros ha sido que los pacientes puedan continuar con su proyecto vital
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Enviada especial a Estocolmo
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13 sep 2019 - 12:27 h
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La evolución de los tratamientos farmacológicos durante las dos últimas décadas ha permitido cambiar sustancialmente el curso de la esclerosis múltiple (EM). Identificar la terapia más adecuada para cada paciente es uno de los aspectos que marca la diferencia en el abordaje de esta enfermedad.

“Tenemos que tratar de que los pacientes no noten el impacto de la enfermedad, no se sientan afectados; si un paciente tiene que tomar una píldora al día, tendrá un recordatorio diario de que padece EM”, señala Andrew Paterson, responsable global de Neurología e Inmunología de Merck. Y es que, a día de hoy, la EM no es una enfermedad incapacitante como lo era hasta hace unos años. Por ello, Paterson considera que es clave quitar el estigma asociado a esta dolencia. “Hace veinte años, cuando un paciente era diagnosticado sabía que acabaría en una silla de ruedas, pero afortunadamente los tratamientos han avanzado mucho; ahora realmente los pacientes pueden hacer vida normal si continúan con los tratamientos que se les prescriben”, explica el experto.

Mayor arsenal terapéutico

Los últimos veinte años han sido claves en investigación para lograr avances en el tratamiento de los pacientes que padecen EM, pero si acotamos más este período, desde principios de esta década es cuando las personas afectadas han podido disfrutar de una mayor variedad de fármacos que realmente han tenido un gran impacto en el tratamiento de la enfermedad. Uno de los grandes logros ha sido su contribución a que los pacientes cada vez puedan seguir con su proyecto vital sin preocuparse de cómo puede afectarles la enfermedad.

Actualmente, Merck cuenta con tres fármacos en su cartera de EM. El último que la compañía alemana lanzó al mercado fue cladribina (Mavenclad), medicamento que destaca por la comodidad de su posología. “Si un paciente con EM tiene que tomar una píldora al día, es un recordatorio diario de que padece la enfermedad”, apunta Paterson, por lo que plantea que una de las estrategias de la compañía pasa por “intentar reducir la cantidad de medicación que toman las personas con enfermedades crónicas”. En este sentido, cladribina ha supuesto un punto de inflexión para los pacientes, ya que únicamente se les tienen que administrar veinte píldoras en el transcurso de cuatro años. Durante la última edición de Ectrims, además, se han presentado resultados que respaldan la seguridad y eficacia a largo plazo, en base a datos de la práctica clínica real. Asimismo, cladribina puede ser una buena opción en el caso de la planificación familiar porque con la previsión adecuada, puede hacer que las mujeres sigan con el tratamiento.

La evolución de los tratamiento farmacológicos durante las dos últimas décadas ha permitido cambiar sustancialmente el curso de la esclerosis múltiple (EM). Identificar la terapia más adecuada para cada paciente es uno de los aspectos que marca la diferencia en el abordaje de esta enfermedad.

“Tenemos que tratar de que los pacientes no noten el impacto de la enfermedad, no se sientan afectados; si un paciente tiene que tomar una píldora al día, tendrá un recordatorio diario de que padece EM”, señala Andrew Paterson, responsable global de Neurología e Inmunología de Merck. Y es que, a día de hoy, la EM no es una enfermedad incapacitante como lo era hasta hace unos años. Por ello, Paterson considera que es clave quitar el estigma asociado a esta dolencia. “Hace veinte años, cuando un paciente era diagnosticado sabía que acabaría en una silla de ruedas, pero afortunadamente los tratamientos han avanzado mucho; ahora realmente los pacientes pueden hacer vida normal si continúan con los tratamientos que se les prescriben”, explica el experto.

Mayor arsenal terapéutico

Los últimos veinte años han sido claves en investigación para lograr avances en el tratamiento de los pacientes que padecen EM, pero si acotamos más este período, desde principios de esta década es cuando las personas afectadas han podido disfrutar de una mayor variedad de fármacos que realmente han tenido un gran impacto en el tratamiento de la enfermedad. Uno de los grandes logros en este aspecto ha sido su contribución a que los pacientes cada vez puedan seguir con su proyecto vital sin preocuparse continuamente de cómo puede afectarles la enfermedad.

Actualmente, Merck cuenta con tres fármacos en su cartera de EM. El último que la compañía alemana lanzó al mercado fue cladribina (Mavenclad), medicamento que destaca por la comodidad de su posología. “Si un paciente con EM tiene que tomar una píldora al día, es un recordatorio diario de que padece la enfermedad”, apunta Paterson, por lo que plantea que una de las estrategias de la compañía pasa por “intentar reducir la cantidad de medicación que toman las personas con enfermedades crónicas”. En este sentido, cladribina ha supuesto un punto de inflexión para los pacientes, ya que únicamente se les tienen que administrar veinte píldoras en el transcurso de cuatro años.

Durante la última edición de Ectrims, además, se han presentado resultados que respaldan la seguridad y eficacia a largo plazo, en base a datos de la práctica clínica real.

Planificación familiar

Uno de los rasgos característicos de la EM es que suele diagnosticarse en un momento en que interfiere directamente con el planteamiento de proyecto vital que tienen los pacientes. En concreto, la planificación familiar es uno de los temas que más preocupan —también teniendo en cuenta que es una enfermedad que mayoritariamente afecta a mujeres—. cladribina puede ser una buena opción en este caso, porque con la previsión adecuada, puede hacer que las mujeres sigan con el tratamiento y continúen pensando en la opción de ser madre; pero además, durante el congreso celebrado en Estocolmo, Merck ha presentado datos que certifican la seguridad de otro de los productos de su cartera, Rebif, incluso en mujeres embarazadas. Los datos señalan que el fármaco no ha tenido efectos negativos ni antes ni durante el embarazo, ni en el peso ni en el perímetro encefálico, que son dos de los indicadores que se han observado. “Hemos demostrado que contamos con productos que no afectan a las madres durante el embarazo y tampoco durante el período de lactancia; ahora sólo tenemos que asegurarnos de que las agencias reguladoras recogen esta especificación” indica Paterson.

Pasado, presente y futuro

En el pasado, el impacto de la EM en los pacientes era claramente visible y en muchos casos incapacitante. En el presente, la situación ha dado un giro de 180 grados. Pero, ¿qué previsiones de futuro tiene la compañía?

“Merck tiene un fuerte compromiso, podemos decir que formamos parte de la génesis en cuanto a los tratamientos para la EM, y seguimos investigando sobre todo en aquellos subtipos de la enfermedad en cuyos pacientes sufren más recaídas” afirma el jefe de Neurología de la compañía, a lo que agrega que está en los planes de la farmacéutica “hacer un seguimiento de los datos, para encontrar aquellas pistas que nos ayuden a entender hacia donde podemos ir en los tipos más complejos como aquellos que muestran una mayor actividad de la enfermedad, buscando nuevas estrategias más efectivas”.

También hablando de futuro, Paterson enumera diferentes objetivos. “Además de encontrar nuevas terapias para la EM primaria progresiva el ‘santo grial’ en este campo sería averiguar la manera de reparar el daño que ya ha generado la enfermedad en los pacientes, ya que ahora podemos frenar su avance y silenciar la enfermedad, pero reparar el daño y que los pacientes volvieran a estar igual que antes de tener los primeros síntomas, sería un sueño”, concluye Paterson.

<p>Los tratamientos de los últimos veinte años han cambiado el curso de la EM</p>
Andrew Paterson, responsable global de Neurología e Inmunología de Merck,.
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