A corazón abierto: Hay que mantener el sistema sanitario público

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24 abr 2015 - 16:00 h
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Según los datos del último informe del Instituto para el Desarrollo e Integración de la Sanidad (IDIS) sobre la aportación del sistema sanitario privado, y como ya es conocido públicamente, durante los años de recesión económica — 2008-2014— se ha producido un incremento del gasto sanitario privado frente a una desinversión en gasto sanitario público. Este proceso se ha manifestado tanto en las partidas que los ciudadanos destinan al llamado dinero de bolsillo, como al que invierten a través de los seguros sanitarios de salud con la finalidad de tener una cobertura sanitaria suplementaria a la que da el sistema sanitario público. Ya son 7,3 millones de ciudadanos los que optan por este suplemento y según datos del sector, este número sigue creciendo a ritmos del 5 por ciento por año.

Y esto sí que es “privatización” sanitaria y no los procesos de externalización de la gestión de la sanidad pública, que obedecen a los intentos de empresarializar su inoperante gestión, con criterios mucho más flexibles y operativos que los que se rigen por el derecho administrativo.

Yo no me canso de defender que creo en un sistema sanitario público y universal que dé la máxima cobertura posible a todos los ciudadanos en condiciones de equidad, y que esto no es incompatible con la convivencia de un sistema sanitario privado suplementario, en el cual el ciudadano busque una atención más personalizada que la que le puede ofrecer un sistema que tiene como fin el salvaguardar el bienestar de la colectividad y atender en condiciones de igualdad a todo el mundo. Pero a la vista de los resultados de la captación del seguro privado y su continuo e imparable crecimiento, está claro que no es sólo la demostrada calidad y satisfacción que da el sistema sanitario privado lo que produce el crecimiento en el número de asegurados, sino también el deterioro del sistema sanitario público el que está produciendo que todo aquel que pueda, tenga un seguro sanitario y el que no lo tiene es o porque no puede permitírselo o porque tiene algún tipo de “enchufe” en el sistema y se salta la cola, o lo que es lo mismo, la lista de espera.

Sin duda alguna, si queremos mantener un sistema sanitario y social con las máximas prestaciones para los ciudadanos, es necesaria la aportación privada de quien pueda permitírselo, pero o las administraciones públicas y aquellos que tienen como único fin defender la prevalencia del sistema público toman medidas realmente efectivas, relacionadas con la integración de la información, el aprovechamiento de los recursos públicos o privados o la planificación ordenada contando con los profesionales y en función de resultados sanitarios, o la privatización continuará aumentando y con ella vendrá el deterioro definitivo del sistema sanitario público y con ello el fin de un Estado del bienestar envidiable en comparación con el que existe en los países de nuestro entorno.

Si queremos un sistema sanitario con las máximas prestaciones, es necesaria
la aportación privada

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