A corazón abierto: La financiación colectiva en la ciencia

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25 sep 2015 - 16:00 h
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Sistemáticamente vemos más noticias sobre la posibilidad de participar individualmente en la financiación de diversos proyectos de investigación. Muchas veces, con titulares algo triunfalistas, parece que con unos pocos euros contribuimos a un nuevo paradigma científico o sanitario. Sin duda novedosa, la financiación colectiva o crowdfunding permite reunir a mecenas de diverso tamaño para financiar un proyecto científico.

La gran mayoría de sitios web o plataformas de crowdfunding facilitan la colaboración económica en proyectos de investigación de manera desinteresada, es decir, sin recibir ninguna contraprestación a cambio. Si no fuera por internet, este sería la opción más vieja en España. De hecho, es fuera de internet donde tiene más éxito y buena prueba son los más de diez millones de euros que recauda cada año la Marató de TV3 desde el 2012.

No obstante, la financiación colectiva ha adquirido su importancia a través de plataformas online que permiten la utilización de redes sociales para viralizar las diferentes causas a lo largo y ancho de internet. Aquellas campañas de financiación con mayor éxito son la que ofrecen una recompensa para agradecer la aportación del ciudadano. Estas recompensas son de lo más variado e incluyen desde copias de publicaciones, entradas para eventos o incluso una personalización de los resultados de la investigación.

El crowdfunding científico no está limitado a la sanidad, si no que actualmente se utiliza en diversas áreas de la ciencia. En una de las primeras plataformas especializadas en alojar proyectos científicos, iLoveScience, se puede observar la variedad de áreas de la ciencia que se cubren. La plataforma también permite ver cómo de generosos son los lovers o mecenas y a qué recompensas optan.

Es fácil para un investigador recaudar fondos para sus proyectos científicos si sabe cómo contarlo de manera atractiva y se cuenta con una buena agenda de contactos. No obstante, no conviene confiar exclusivamente en la financiación colectiva como única fuente de ingresos. Un sistema público de investigación debería apoyar aquellos proyectos con mayor viabilidad y calidad científica. Es por eso que uno tiembla cuando ve al mismo sistema público recortar presupuestos y fomentar el mecenazgo en la ciencia.

Alertado por este tipo de situaciones, un servidor organizó un debate titulado “Financiación colectiva de la ciencia: retos, oportunidades y peligros” en colaboración con la AECC (Asociación Española de Comunicación Científica) el pasado mes de junio. Se debatieron un gran número de temas, entre los que destacaron los beneficios de la divulgación de los resultados de la investigación hacia el grueso de la ciudadanía. También se pudieron aclarar las magnitudes del crowdfunding en España, que no suele superar los 20.000 euros por proyecto.

Como casi todos los debates, no se pudo llegar a una conclusión unánime. Aunque me volví para casa pensando sobre quién o quiénes eran los indicados para enseñarle a los investigadores a comunicar este tipo de proyectos o campañas.

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