Alteraciones en tubulinas y espectrinas revelan abuso de alcohol

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13 jun 2014 - 16:00 h
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Las proteínas alfa- y ß- tubulina y espectrina ß son un escenario clave en los pacientes con alcoholismo. De hecho, alteraciones del citoesqueleto neuronal presentes en ellas explican los trastornos de comportamiento, cognitivas y de aprendizaje características de las personas que lo sufren, según han demostrado por primera vez investigadores de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU y la Universidad de Nottingham.

Se trata de un paso adelante en el conocimiento de esta enfermedad que, si por sí sola supone un difícil manejo, suele presentarse en convivencia con otros trastornos mentales.

A partir de muestras de cerebro postmortem de 20 personas diagnosticadas de abuso/dependencia alcohólica y otras 20 no alcohólicas, procedentes de la colección del Grupo de Investigación de Neuropsicofarmacología del Departamento de Farmacología de la UPV/EHU, y mediante análisis con microscopía óptica, los investigadores comprobaron que las neuronas de la zona prefrontal en los cerebros de los pacientes alcohólicos estaban alteradas respecto a los cerebros controles.

En concreto, la zona prefrontal se encarga de las funciones ejecutivas, como el control de la conducta, la atención selectiva, la memoria de trabajo o el diseño de estrategias.

Las proteínas modificadas, tubulinas y espectrinas, se identificaron mediante proteómica, y gracias a la técnica Western blot cuantificaron los niveles de proteína de cada muestra, que en el caso de los cerebros de alcohólicos estaban reducidos debido al daño producido por el etanol. En el último paso, la espectometría de masas permitió afinar aún más en la clasificación de las alteraciones. Así, dentro de la familia de las tubulinas observaron la disminución en las alfa y ß; mientras que entre las espectrinas, localizaron esa disminución en las ß II.

El equipo encabezado por Luis F. Callado, Benito Morentin y Amaia Erdozain, de la UPV, junto a Wayne G. Carter de la Universidad de Nottingham, que ha sido publicado en PLOS One, logra por tanto una primera caracterización molecular del alcoholismo, que aún deja como interrogante cuál es el mecanismo concreto por el que el alcohol produce estas alteraciones, e impulsa a investigar si esos procesos se dan en otras partes del cerebro, como las que controlan el funcionamiento motor.

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