“Curamos entre el 90 y 95% de los casos”

JUAN CARLOS GALOFRÉ Coordinador del área de conocimiento del tiroides de la SEEN
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11 mar 2016 - 16:00 h
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El mensaje que arroja Juan Carlos Galofré, coordinador del área de conocimiento del tiroides de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), es positivo. Asegura que el pronóstico de la mayoría de los cánceres de tiroides es “excelente” y, además, recalca el importante arsenal terapéutico que está disponible hoy en día.

Pregunta. ¿Cuál son las cifras que manejan los especialistas en cuanto a prevalencia, incidencia, supervivencia, etc.?

Respuesta. Depende mucho de su agresividad. En un extremo del espectro, tras la realización de autopsias de pacientes que han muerto por cualquier razón, se observa que hasta el 30 o 35 por ciento de la gente presentaban micro carcinomas papilares de tirodes —una patología muy frecuente y cuya malignidad es mínima—. Sabemos que de esos microcarcinomas solo el 0,3 o 0,4 por ciento evolucionan a metástasis. En el otro lado del espectro, tenemos el cáncer de tiroides. La prevalencia se sitúa aproximadamente en el 10 por ciento menos de la década de las personas, es decir; a los 50 años el 40 por ciento, a los 30 años, el 20 por ciento, etc. Aparte, entre el 5 y el 10 por ciento de esos nódulos se consideran cáncer. Esto no es alarmista porque el pronóstico del cáncer de tiroides es excelente. Curamos completamente más del 90 o 95 por ciento aunque depende mucho del tipo de tumor. Hay cuatro tipos: dos de ellos con un pronóstico excelente, el carcinoma medular de tiroides (CMT), que tiene un pronóstico algo peor y el anaplásico, cuyo pronóstico es muy malo.

P.¿Se conocen las causas?, ¿qué papel juega la genética?

R. No se conocen muy bien. No obstante, en el CMT sí se conoce la base genética. En el 25 por ciento de este cáncer, su base genética está muy bien reconocida. Se trata del gen RET, el que facilita la transmisión de la enfermedad por herencia autosómica dominante. El resto de casos se podría decir que son espontáneos y no conocemos exactamente la razón por la que aparece la enfermedad en la población general. En el caso de los diferenciados —el papilar y el folicular—, no se conoce bien la causa aunque se relaciona de forma muy clara con antecedentes de radiaciones ionizantes, como por ejemplo después de Fukushima, Chernóbil, etc. Realmente, solo el cinco por ciento de los carcinomas papilares de tiroides tienen una agrupación familiar. Recientemente, se ha publicado en el New England Journal Medicine un artículo en el que se ha descrito un gen que se asocia a la transmisión familiar de ese cinco por ciento de pacientes con carcinoma papilar de tiroides. O sea, la base genética existe, pero no es muy fuerte. Esto significa que el hecho tener algún familiar con este cáncer no quiere decir que exista un aumento de padecerlo.

P. ¿Qué opciones terapéuticas están disponibles hoy en día para hacer frente a esta patología?

R. Abarca un espectro amplísimo porque hay que amoldar el tratamiento a la agresividad del cáncer. Sin embargo, hoy en día tenemos armas para tratar casi todos los cánceres de tiroides. La dificultad radica en no sobrepasarnos y no hacer un sobretratamiento con estos pacientes. Tratamos de hacer medicina de precisión y a la vez disponemos de nuevos fármacos (inhibidores de la tirosina quinasa) para esos pacientes que se nos escapan del tratamiento convencional —cirugía, radioyodo, etc.—. Pero incluso, cuando los pacientes tienen metástasis o estas son refractarias, hay nuevos fármacos que están dirigidos de forma muy específica a dianas moleculares. Hasta este año, no se habían publicado casos tratados con este tipo de fármacos de remisión completa y ahora, al menos, se han descrito dos casos. Eso sí, en muchas ocasiones se ha conseguido remisión parcial, es decir, que el tumor no crezca y, en algunos, también se ha logrado cierta remisión del tamaño del tumor.

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