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05 feb 2016 - 16:00 h
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Decisiones como la que ha adoptado el Reino Unido para iniciar una investigación orientada a la edición genética de embriones humanos deberían generar un debate en todos los frentes de la sociedad. Esta discusión no solo abarcaría a la comunidad científica, sino también a los políticos y a la sociedad.

Incluso los científicos satisfechos con la resolución que ha adoptado la Autoridad en fertilización y Embriología consideran oportuno el inicio de una discusión seria e “informada”. Así lo ha manifestado por ejemplo, el presidente de la Academia de Ciencias Médicas. Era también una de las reclamaciones que habían planteado los expertos contrarios a este tipo de investigaciones, que lo consideran condición sine qua non antes de una aprobación definitiva.

No se trata de analizar aquí las consideraciones bioéticas sobre la modificación genética de embriones y su posterior destrucción, pero en el caso de que en un futuro la Comisión Nacional de Reproducción Asistida se enfrente a una tesitura similar, este planteamiento del debate podría encontrar más dificultades en España donde no existe una cultura científica tan arraigada como en la sociedad británica. La prueba más evidente es el coste que ha pagado la ciencia española por la crisis económica. Los fondos procedentes del sector público y privado se han reducido de manera ostensible sin que ello haya producido grandes preocupaciones sobre las repercusiones que esta escasez de recursos pueda suponer en el futuro.

No podemos obviar que en España existe una comunidad de científicos pujante con cada vez más ganas de divulgar, de dar a conocer sus trabajos a la sociedad y de poner en valor los avances que realizan sus colegas de profesión. Sin embargo, aún no han tocado de una manera tan directa el interés de la ciudadanía. Se trata de una cuestión de tiempo. Tanto las administraciones como los científicos británicos han invertido años en esta tarea de formar a la sociedad. Sin ir más lejos, uno de los requisitos que plantea el regulador al científico antes de comenzar su trabajo de comunicación consiste en la explicación de la estrategia de divulgación que va a seguir y que no sólo se limita a los planes del investigador en cuanto a desarrollo o financiación del proyecto.

Decisiones como la adoptada en el Reino Unido requieren de un debate en todos los frentes de la sociedad

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