El contraste: ‘Annus horribilis’ para el SNS

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04 dic 2015 - 16:00 h
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Ahora que quedan pocos días para pasar capítulo, no está de más hacer balance de lo que han dado de sí estos últimos cuatro años que pasarán a la historia por la ferocidad de una crisis económica que ha hecho tambalear los pilares del sistema sanitario. El RD 16/2012, los intentos del euro por receta en Cataluña y Madrid, el defenestrado plan de externalización de esta última, las subastas andaluzas... No son más que la traducción de esa perentoria necesidad de contención del gasto que tenían las administraciones, que llevó en muchas ocasiones a adoptar medidas austericidas, poco meditadas y sin medir el impacto que podrían conllevar para la salud de la población. La prueba de ello es que algunas tuvieron que dar marcha atrás y otras se quedaron en el tintero antes de implantarse como sucedió con el copago hospitalario.

Da la sensación de que a la hora de ahorrar recursos, las políticas se han seguido dirigiendo más al control del gasto farmacéutico y de las políticas de recursos humanos. Es decir, han ido a lo fácil. Siguen faltando fórmulas imaginativas y valor para aplicarlas, siguen quedando bolsas de ineficiencia sin explorar. Las elecciones deberían suponer un cambio en este sentido, aunque sólo sea porque se espera pluralidad en el Congreso y más margen de negociación. Los gestores reconocen que el hecho de que el sistema haya aguantado el envite se debe al esfuerzo que han realizado, y siguen realizando, los profesionales. El SNS es hoy una fábrica de empleo precario y los brotes verdes que supone la tasa de reposición del cien por cien se empañan por OPEs que se convocan como chapa y pintura superficial y que acaban, como ha sucedido en Castilla y León con las plazas de enfermería, en humo y encima con un coste económico para los damnificados. Ya sabemos que son las CC.AA. las que deben gestionar sus recursos pero el ministerio que venga no puede mirar para otro lado y escudarse en eso. Aquel o aquella que sea el próximo en ocupar la sede del Paseo del Prado debería venir con conocimiento, peso político, capacidad y habilidad para negociar y sentido común.

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