El dolor crónico centra la mitad de las consultas de atención primaria

Debería considerarse una enfermedad en sí misma, pero no se le concede suficiente importancia
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01 jul 2016 - 16:00 h
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Hasta la mitad de las consultas de pacientes que acuden a atención primaria son debidas al dolor crónico, una cifra que se incrementa hasta el 75 por ciento si se añade el agudo.

En personas entre 35 y 65 años, el dolor suele ser fundamentalmente agudo debido a dolores de espalda, lumbagos, ciáticas, artrosis y, en menor grado, dolores periféricos. Por encima de los 65 años son más frecuentes los dolores crónicos —los que tienen una persistencia de más de tres meses—, en este caso son fundamentalmente procesos artrósicos, reumáticos, y en menor grado procesos agudos de tipo lumbar, dorsal o cervical, tal y como explica a GM Alejandro Tejedor, de la Unidad del Dolor de la Sociedad Española de Medicina Familiar y comunitaria (Semfyc).

De los pacientes con molestias crónicas, atención primaria realiza el seguimiento y tratamiento del 83 por ciento, atención hospitalaria del 15 y el dos por ciento se encuentran en unidades del dolor.

En este sentido, la responsable del Grupo de Dolor de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), Juana Sánchez, agrega que el dolor agudo está en muchas ocasiones asociado a procesos agudos infecciosos, o bien a esfuerzos o traumatismos, por lo que no suele acarrear más problemas, sin embargo, lo que sí preocupa a los facultativos es el crónico, que es más complicado de abordar satisfactoriamente. En este caso, para Pedro Ibor, presidente del Comité Organizador de las II Jornadas Nacionales de Dolor de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), puede equipararse a otras patologías crónicas como pueden ser la hipertensión arterial o la diabetes y, o no se conoce la causa, o en ocasiones deja de ser relevante.

Sánchez detalla que hay también diferencias muy significativas según la fisiopatología del dolor. De hecho, el más difícil de abordar es el dolor neuropático —que tiene que ver con una lesión en el sistema nervioso, el somatosensorial central o el periférico—, aunque el más frecuente es el dolor mixto, que responde a varios componentes, por lo que su abordaje tiene que ser también multifactorial. “Para nosotros el dolor es un síntoma complejo, es una enfermedad en sí misma que tiene mucho que ver con lo que nos ha pasado en la vida”, subraya para añadir que está influido por la historia personal de cada persona, así como por el nivel sociocultural y el económico, por lo que no se le puede hacer frente de una forma simple, sino que hay que individualizar cada caso y tener en cuenta todos los factores que pueden influir.

En esta misma línea, Ibor apunta a que en AP se dispone de distintas herramientas, empezando por terapias no farmacológicas dirigidas a los aspectos psicosociales del dolor, y seguidas por tratamientos farmacológicos, con gran eficacia demostrada y seguridad para el paciente. Además, reconoce que como el abordaje del dolor es multidisciplinar, en ocasiones la organización de las distintas especialidades que intervienen en su manejo no cumplen las expectativas deseadas tanto por parte del médico de AP como del paciente.

En relación con el abordaje, Tejedor subraya la necesidad de hacer un buen diagnóstico y, en función del mismo, establecer el tipo de paciente y, teniendo en cuenta sus factores de riesgo, utilizar de una forma adecuada el tratamiento analgésico. Detalla que, para ello, antes se utilizaba “la famosa escalera terapéutica” pero ahora se ha pasado al tratamiento multimodal y se ponen en marcha todos los recursos tanto farmacológicos como no farmacológicos disponibles para tratar el dolor, fundamentalmente el crónico. Puso como ejemplo a un paciente de 70 años que tiene un problema digestivo, renal o hepático para el que, en consecuencia, se eligen unos fármacos u otros, se ajustan las dosis y el tratamiento se prolonga más o menos.

Para tratar de manera adecuada el dolor crónico que, en opinión del representante de la Unidad del Dolor de Semfyc, es el más importante por el impacto que tiene en la salud de las personas, las tres sociedades de medicina de familia elaboraron el documento de consenso ‘La atención al paciente con dolor crónico no oncológico en AP’, que recoge una serie de recomendaciones a nivel nacional. Además, a nivel autonómico participan en protocolos para intentar estandarizar los tratamientos lo máximo posible, pero teniendo en cuenta que hay que abordarlo siempre de forma individualizada y marcando unos objetivos concretos en cada caso.

A juicio de la responsable del Grupo del Dolor de SEMG, el problema fundamental no es que los profesionales de atención primaria o de las distintas especialidades hospitalarias no dispongan de formación suficiente sobre el abordaje del dolor, sino que la principal dificultad es reconocer la importancia del dolor. De hecho, a nivel preclínico y en las facultades de medicina, la algología como tal no forma parte de la formación de los facultativos y tampoco en la residencia, porque tiene presencia en muchos campos pero no hay asignaturas concretas que enseñen el dolor crónico en concreto, que es “mucho más complejo porque desestructura”.

En este sentido, Sánchez considera que actualmente la visibilidad de este problema está creciendo tanto porque el Ministerio de Sanidad puso en marcha la Estrategia para el Abordaje de la Cronicidad en el Sistema Nacional de Salud como por los distintos desarrollos de planes del dolor que están elaborando las distintas comunidades autónomas.

Así, se está tomando conciencia de este problema y se está viendo “como una verdadera plaga” porque los ciudadanos quieren vivir con calidad de vida y no tener sufrimiento.

Además, en su opinión, el objetivo no debe ser solo potenciar las unidades del dolor, sino que habría que mejorar la coordinación y la derivación entre niveles asistenciales. Asegura que las unidades del dolor deben de tratar a un porcentaje de pacientes que no pueden ser controlados desde las distintas especilidades, incluida la AP y, a su juicio, “la gran dificultad estriba en que las unidades del dolor son vistas como el último recurso” y, además, en ocasiones se piensa que son las únicas que tratan este problema.

Todos los expertos coincidieron en señalar también la importancia que tienen otras terapias, como la psicológica, dentro del abordaje integral del dolor, algo a lo que no siempre se le presta suficiente atención.

Es necesario mejorar la coordinación y la derivación de estos pacientes entre niveles asistenciales

El abordaje es siempre personalizado, teniendo en cuenta los factores de riesgo de cada paciente

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