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10 may 2016 - 16:00 h
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Son más las similitudes entre la farmacia española y portuguesa que sus diferencias. No solo por el carácter ‘latino’ de sus modelos, sino también en cuestiones de política y gestión farmacéutica (en ambos países se trabaja con sistema de precios de referencia), avance asistencial de la botica y reivindicaciones (por ejemplo, la lucha por la vuelta de los DH a las farmacias). Incluso, en el pasado pudo añadirse otro nexo más: la constitución de una central de compras de medicamentos entre España y Portugal, como así ha recordado Agustín Rivero, director general de Cartera Básica de Servicios del SNS y Farmacia de Sanidad, durante la inauguración del I Foro Hispano-Luso de la Farmacia celebrado por Wecare-U, en colaboración con Teva, este 10 de mayo en Madrid. Solo los tiempos burocráticos, y, en especial, el cambio de equipo en el ministerio en medio del proceso, dejaron finalmente esta posibilidad ‘en barbecho.

Precisamente, este I Foro Hispano-Luso de la Farmacia ha tenido como objetivo el intercambio de experiencias entre ambos modelos, con especial análisis en las políticas de sostenibilidad de sus sistemas sanitarios, como la potenciación de los medicamentos genéricos. De los múltiples análisis realizados en este jornada por representantes de los sectores farmacéuticos ibéricos, dos principales cuestiones pueden extraerse: es Portugal quien marca el paso respecto a la penetración del genérico en la Península (con una cuota en el mercado luso que ronda el 51 por ciento, frente al 40 por ciento en España) y es posible y “necesario” explorar nuevos proyectos sanitarios transfronterizos como ese intento pasado de central de compras ibérica.

Aboga un anuncio televisivo que “la potencia sin control no sirve de nada”. Bien podría hacerse uso de una versión libre de esta premisa para explicar por qué la introducción del genérico en España no obtiene los mismos éxitos que en el país vecino. Y es que el apoyo del sector (que lo tiene), de los farmacéuticos (que también) y del paciente (idem) no sirve si no existe una verdadera apuesta de la Administración. “La decisión de aumentar la cuota de genéricos debe ser una decisión de Estado; las políticas nacionales actuales no son claras respecto a la promoción del genérico”, estima Jesús Aguilar, presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos. En su opinión, en aquellos países como Alemania, que cuentan con un 73 por ciento de cuota de estos fármacos “se debe a políticas coyunturales, en las que el aumento de tasas no depende en exclusiva de los profesionales sanitarios”. Para Aguilar, la farmacia comunitaria puede identificarse con los genéricos y viceversa, en cuanto que “todas las Administraciones dicen que apuestan por ellos, se les regala los oídos, pero a la hora de la verdad esos apoyos no se traducen en hechos”.

También desde la industria farmacéutica se insta a “transformar las palabras en acciones, implantando facilidades en el entorno regulatorio”, ha indicado en esta jornada Carlos Teixeira, general manager de Teva en España y Portugal. En este sentido, una de las medidas más ‘dañinas’ para aumentar los ratios de penetración de los EFG en el mercado nacional es la igualdad de precio entre genérico y marcas que permite la normativa nacional, y que “paraliza los incentivos adicionales que pueden aportar los EFG al sistema”. Por su parte, Mario Madeira, director general de Teva en Portugal ha recordado que doce meses después del lanzamiento de argiprazol en el país vecino, éste ha alcanzado un porcentaje de penetración del 87 por ciento.

En este sentido, Texeira ha enfatizado que los cambios regulatorios en torno a las políticas de promoción del genérico han sido más efectivas en Portugal”, pudiendo estar ahí la clave del éxito. Mientras que otras de las patas del banco habrían sido “romper las reticencias de los facultativos para prescribirlos y la capacidad de decisión por parte del paciente en la dispensación de estos medicamentos”, ha apuntado Ana Paula Martins, presidenta de la Ordem Dos Farmacéuticos de Portugal (equivalente al CGCOF español).

En el país vecino, el PVL de un medicamento genérico en el momento de entrada al mercado es, como mínimo, un 50 por ciento inferior al del original (en España es del 40 por ciento), pudiendo llegar al 80 por ciento. Pero lo importante estriba en que el Gobierno luso establece una financiación máxima a abonar por cada grupo terapéutico y, a partir de ahí, es el paciente el que decide qué presentación quiere adquirir y, por ende, cuánto pagar más allá de esa aportación del Estado. Eso hace que, en la práctica, el paciente opte por llevarse aquellas presentaciones con un coste más aproximado al umbral de financiación máxima y minimizar su cantidad a abonar.

Además de permitir esa capacidad de decisión por el paciente, las farmacias lusas cuentan con un sistema de incentivos para la dispensación de genéricos. Un sistema que, tal como avanzó en este Foro Paulo Duarte, presidente de la Asociación Nacional de Farmacias de Portugal, se va a modificar próximamente dado que “estaba beneficiando a las farmacias que presentaban menor cuota de dispensación de genéricos”. El nuevo modelo retributivo para la dispensación de EFG se basará en el pago a la farmacia de un porcentaje fijo (por definir) de la cuantía que ‘pierde’ la farmacia (y que se ahorra el Estado) al rechazar dispensar la marca en detrimento de un EFG. El objetivo es aumentar en torno a un 7 por ciento anual la cuota de mercado nacional de los EFG.

Incluso, el presidente de la ANF hace un paralelismo con el protocolo para la sostenibilidad firmado en España entre el Gobierno y Farmaindustria, por el cual si el gasto farmacéutico crece por encima del PIB, la industria debe ‘devolver’ la diferencia económica. En el caso del modelo retributivo para la promoción de EFG, si no se alcanzan los objetivos de crecimiento de la tasa de genéricos, las farmacias lusas tendrían que devolver a final de año esas cantidades recibidas.

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