El MIR no es la única salida laboral para el estudiante de medicina

Expertos aseguran que las administraciones saben resolver los problemas, pero no quieren
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20 feb 2015 - 16:00 h
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No es la primera vez que en España un número muy significativo de estudiantes que terminaron la titulación de medicina no pueden acceder a una plaza de formación especializada a través del MIR por falta de plazas (ver GM nº545), ni es un problema exclusivo de esta profesión. Sin embargo, no se presta la misma atención al futuro laboral de las mismas que al de los médicos, que parten de una situación de privilegio por ser estudiantes seleccionados en base a sus calificaciones y sobre los que las exigencias a nivel de estudios son muy altas.

Así lo aseguró Antonio Ramos, profesor asociado de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid durante la jornada ‘¿Qué futuro les espera a nuestros estudiantes de medicina?’, organizado por la Fundación Uniteco Profesional.

Francisco Toquero, responsable del colectivo MIR de CSIF y asesor del presidente aseguró que aunque el futuro de la profesión “es malo”, también “es resoluble” y el problema radica en que no se quiere solucionar.

Enrique Normand, portavoz de Sanidad de UPyD en la Asamblea de Madrid, por su parte, apuntó a que se tiene ya el diagnóstico de la situación “con algunos matices” y, en su opinión, pasa por la descoordinación entre los ministerios de Educación y Sanidad, con una pobre predicción de estudiantes y plazas MIR. Además, influyen los intereses que pueden tener las distintas comunidades y las universidades que imparten esta titulación, que quieren tener más estudiantes. Se trata, a su juicio de una situación que podría resolverse analizando sus causas, pero “falta voluntad política” para hacerlo.

Y es que, a juicio de Toquero, la formación es peor de lo que lo fue hace unos años, en parte, “porque se está burocratizando una carrera que es de artesanos” y, además, los profesionales están apáticos.

En este sentido, incidió en que no puede exigírseles a los estudiantes y residentes “ser los mejores” para después defraudarlos haciéndoles contratos que “saltándose las leyes”, sin cumplir los descansos mínimos legales, haciendo guardias de 24 e incluso 48 horas. “Los médicos tenemos la mala costumbre de comer tres veces al día, casarnos...”, ironizó.

Domingo Sánchez, vicepresidente del Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM), subrayó que el examen MIR empezó como sistema para clasificar a la gente para que termine de formarse, pero en principio sin capacidad para eliminar a estudiantes. Sin embargo, si se sigue aumentando el número de plazas universitarias y facultades y se reducen las de formación especializada, será lo que pasará, por lo que instó a las autoridades a “que lo digan” para que antes de acceder a la carrera se sepa y pueda decidirse si elegir esa titulación o no.

En esta línea, Ramos se preguntó si se debería subir la nota de corte y sólo dejar cursar el grado a quienes tengan garantizado su futuro.

Normand incidió en este sentido en que el hecho de ingresar en la facultad no puede garantizar una plaza MIR, sino que “tiene que haber una competencia” aunque, por otro lado, apuntó a que tampoco puede formarse a personas “al libre albedrío”, sin una planificación previa, porque supone “un despilfarro de recursos” que se invierten en esta formación. Toquero se mostró asimismo partidario de la “competencia y competitividad” para acceder a MIR, pero también mejorando y humanizando la formación en las facultades y volviendo a acreditar a los hospitales universitarios exigiéndoles “un mínimo de calidad” para impartir formación ya que, en su opinión, actualmente “acreditan a cualquiera” porque lo que importa es “fabricar especialistas para abaratar la mano de obra”.

Sin embargo, quienes cursaron la carrera de medicina y no obtuvieron plaza en el MIR tienen otras salidas laborales que, en muchas ocasiones, los propios estudiantes no conocen o por las que no muestran interés, como es el caso de la docencia, según señaló el representante de CSIF. Por el hecho sólo de ser licenciado, por ejemplo, se puede acceder a un puesto de inspector de hacienda, plazas asistenciales hay también en otras administraciones: hay médicos en el registro civil, en los cuerpos técnicos de las consejerías, en la Junta de Andalucía, en la Junta de Extremadura, en la Comunidad de Madrid, que se dedican, por un lado, a inspección y, por otro, al control de la burocracia... Hay también muchas plazas de médicos en organismos internacionales que no necesitan especialidad, como por ejemplo Médicos del Mundo, coordinadores de programas de la OMS, en ONG. Hay plazas para residencia en el extranjero, en Alemania piden anestesistas y cirujanos para las que el único requisito es haber sido alumno europeo, tener homologado el título y tener un título de idioma.

Hay plazas no asistenciales, por ejemplo como docentes en la universidad, dando clases en másters en escuelas de negocio, plazas en formación profesional impartiendo las asignaturas de tecnología y práctica sanitaria, que son perfiles de medicina pero se cubren muchas veces por biólogos, en empresas de formación. También para ser médico de crucero, cada año salen 60 o 70 plazas que no se cubren para seis meses, médicos de la marina mercante, médicos deportivos en empresas, campos de fútbol, etc. También los que hacen formación de servicios, sobre todo en urgencias, en régimen de cooperativa... Todas estas opciones, además del ejercicio privado, en el que se puede ser un buen médico sin tener la especialidad, ya que la relación médico-paciente es de confianza y comunicación, por lo que la persona estará contenta si el profesional le resuelve su problema, tenga o no especialidad. Sucede lo mismo en los geriátricos, con los médicos de las mutuas, en los laboratorios farmacéuticos o en el campo de la nutrición, que el médico ha ido relegando en el farmacéutico.

En esta línea insistió en que “salidas hay” pero “el futuro es para quien lo busca y las perspectivas no son negras, sólo lo son para el que está en el sofá esperando a que lo llamen”.

En relación con las universidades, los ponentes coincidieron en que es excesivamente rígida y no se adapta a los nuevos tiempos en los que el profesor, en lugar de impartir el temario, que está disponible de muchas maneras para los alumnos, debería enseñar a sus alumnos a hacer diagnóstico diferencial. Un papel que han ido asumiendo las academias de formación para el MIR al no encontrarse respuesta a esta necesidad en la universidad, según señaló Raúl Fernández, tutor de formación de CTO.

Así, Toquero apuntó a que echa de menos a catedráticos que hablen desde su experiencia y opinó que debería exigírseles a los profesores universitarios más horas asistenciales para poder dar clase. Además, abogó por modernizar el programa formativo para que las clases sean más practicas y crear nuevas asignaturas relacionadas con la comunicación con el paciente —saber dar malas noticias o reaccionar adecuadamente si un paciente sube el tono de voz— y las TIC.

No es la primera vez que en España un número muy significativo de estudiantes que terminaron la titulación de medicina no pueden acceder a la formación especializada a través del MIR por falta de plazas (ver GM nº544), ni es un problema exclusivo de esta profesión. Pero no se presta la misma atención al futuro laboral de los farmacéuticos o biólogos que al de los médicos, que parten de una situación de privilegio por ser estudiantes seleccionados en base a sus calificaciones y sobre los que las exigencias a nivel de estudios son muy altas. Así lo aseguró Antonio Ramos, profesor asociado de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid, durante la jornada ‘¿Qué futuro les espera a nuestros estudiantes de medicina?’, organizado por la Fundación Uniteco Profesional.

Francisco Toquero, responsable del colectivo MIR de CSIF, aseguró que aunque el futuro de la profesión “es malo”, también “es resoluble” y el problema radica en que no se quiere solucionar.

Enrique Normand, portavoz de Sanidad de UPyD en la Asamblea de Madrid, por su parte, apuntó a que se tiene ya el diagnóstico de la situación “con algunos matices” y, en su opinión, pasa por la descoordinación entre los ministerios de Educación y Sanidad, con una pobre predicción de estudiantes y plazas MIR. Además, influyen los intereses que pueden tener las distintas comunidades y las universidades que imparten esta titulación, que quieren tener más estudiantes. Se trata, a su juicio, de una situación que podría resolverse analizando sus causas, pero “falta voluntad política” para hacerlo y solucionarlo.

Y es que, para Toquero, la formación es peor de lo que lo fue hace unos años, en parte, “porque se está burocratizando una carrera que es de artesanos” y, además, los profesionales están apáticos.

En este sentido, incidió en que no puede exigírseles a los estudiantes y residentes “ser los mejores” para después defraudarlos haciéndoles contratos “saltándose las leyes”, sin cumplir los descansos mínimos legales y haciendo guardias de 24 e incluso 48 horas. “Los médicos tenemos la mala costumbre de comer tres veces al día, casarnos...”, ironizó.

Domingo Sánchez, vicepresidente del Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM), subrayó que el examen MIR empezó como sistema para clasificar a la gente para que termine de formarse, pero en principio sin capacidad para eliminar a estudiantes. Sin embargo, si se sigue aumentando el número de plazas universitarias y facultades y se reducen las de formación especializada, será lo que pasará, por lo que instó a las autoridades a “que lo digan” claramente para que antes de acceder a la carrera se sepa y pueda decidirse si elegir esa titulación o no.

En esta línea, Ramos se preguntó si se debería subir la nota de corte y sólo dejar cursar el grado a quienes tengan garantizado su futuro.

Normand incidió en este sentido en que el hecho de ingresar en la facultad no puede garantizar una plaza MIR, sino que “tiene que haber una competencia” aunque, por otro lado, apuntó a que tampoco puede formarse a personas “al libre albedrío”, sin una planificación previa, porque supone “un despilfarro de los recursos” que se invierten en esta formación. Toquero se mostró partidario de la “competencia y competitividad” para acceder al MIR, pero también mejorando y humanizando la formación en las facultades y volviendo a acreditar a los hospitales universitarios exigiéndoles “un mínimo de calidad” para impartir formación ya que, en su opinión, actualmente “acreditan a cualquiera” porque lo que importa es “fabricar especialistas para abaratar la mano de obra”.

Opciones que no conocen

Quienes cursaron la carrera de medicina y no obtuvieron plaza en el MIR tienen otras salidas laborales que, en muchas ocasiones, los propios estudiantes no conocen o por las que no muestran interés, como es el caso de la docencia, según señaló el representante de CSIF. Por el hecho sólo de ser licenciado, por ejemplo, se puede acceder a un puesto de inspector de hacienda. Hay plazas asistenciales también en otras administraciones: médicos en el registro civil, en los cuerpos técnicos de las consejerías, en la Junta de Andalucía, en la Junta de Extremadura, en la Comunidad de Madrid, que se dedican, por un lado, a inspección y, por otro, al control de la burocracia. Existen también muchas plazas de médicos en organismos internacionales que no necesitan especialidad, como Médicos del Mundo, coordinadores de programas de la OMS o en ONGs. Hay plazas para hacer la residencia en el extranjero y, en Alemania, por ejemplo, piden anestesistas y cirujanos y el único requisito es haber sido alumno europeo, tener homologado el título y disponer de una titulación del idioma.

También hay puestos no asistenciales, como docentes en la universidad, dando clases en másters en escuelas de negocio, en formación profesional impartiendo las asignaturas de tecnología y práctica sanitaria —que son perfiles de medicina pero se cubren muchas veces por biólogos— o en empresas de formación. Cada año salen también 60 o 70 plazas que no se cubren para seis meses como médico de crucero, médicos de la marina mercante, médicos deportivos en empresas, campos de fútbol, etc. También hay facultativos que hacen formación de servicios, sobre todo en urgencias, en régimen de cooperativa. Además, en el ejercicio privado se puede ser un buen médico sin tener la especialidad, ya que la relación médico-paciente es de confianza y comunicación, por lo que la persona estará contenta si el profesional le resuelve su problema, tenga o no especialidad. Sucede lo mismo en los geriátricos, con los médicos de las mutuas, en los laboratorios farmacéuticos o en el campo de la nutrición, labor que desempeñaba históricamente el médico pero que se ha ido relegando en el farmacéutico.

El futuro es para quien lo busca

En esta línea, Toquero insistió en que “salidas hay, pero el futuro es para quien lo busca y las perspectivas no son negras, sólo lo son para el que está en el sofá esperando a que lo llamen”.

En relación con la universidad, los ponentes coincidieron en que es excesivamente rígida y no se adapta a los nuevos tiempos en los que el profesor, en lugar de impartir el temario, que está disponible de muchas maneras para los alumnos, debería enseñar a sus estudiantes a hacer diagnóstico diferencial. Un papel que han ido asumiendo las academias de formación para el MIR al no encontrarse respuesta a esta necesidad en la universidad, según señaló Raúl Fernández, tutor de formación de CTO.

Así, Toquero apuntó a que echa de menos a catedráticos que hablen desde su experiencia y opinó que debería exigírseles a los profesores universitarios más horas asistenciales para poder dar clase. Además, abogó por modernizar el programa formativo para que las clases sean más practicas y crear nuevas asignaturas relacionadas con la comunicación con el paciente —saber dar malas noticias o reaccionar adecuadamente si un paciente sube el tono de voz— y las TIC.

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