El rechazo a los nuevos incentivos a la prescripción del Salud, en las consultas

Los sindicatos creen que sólo buscan el ahorro, pero Samfyc insiste en que son indicadores de calidad
Herramientas
|
20 jun 2014 - 12:00 h
|

La firma de los primeros contratos de gestión en los centros de salud aragoneses que incorporan las pautas de prescripción del Pacto de Farmacia para 2014 han reavivado las protestas de una parte de los profesionales sanitarios de la comunidad, que entienden que los nuevos indicadores de calidad suponen un freno a su libertad de prescripción. Aparte de la negativa a firmar los acuerdos por parte de algunos facultativos, carteles como el se reproduce a continuación, al que ha tenido acceso GM, empiezan a aparecer en las puertas de las consultas, reflejando su oposición a la medida. Junto al descontento, este tipo de comunicados a los pacientes también reflejan la falta de comunicación con los profesionales.

Los nuevos contratos integran los objetivos del Plan de Farmacia del Servicio Aragonés de Salud (Salud) para este año, que contempla premiar una prescripción supuestamente de calidad, pero también el ahorro, con incentivos que pueden alcanzar los 12.000 euros.

El consejero de Sanidad aragonés, Ricardo Oliván, respaldaba recientemente esta medida en el Congreso regional, en respuesta a una pregunta de Izquierda Unida, y explicaba que la productividad ligada a la farmacia ha existido desde tiempos del Insalud y es una práctica habitual en todas las comunidades. Oliván insistía en que el nuevo acuerdo establece unos incentivos mayores para valorar mejor el esfuerzo de los profesionales por una calidad de prescripción.

Sin embargo, ni entonces ni ahora los argumentos del Ejecutivo convencen a los representantes sindicales. En su día, el sindicato de Atención Primaria, integrado por Fasamet y CESM Aragón, trasladó a la consejería su rechazo rotundo. En una carta conjunta, ambos sindicatos remarcaban que no comparten el criterio de incentivar a los profesionales por el cumplimiento de objetivos en farmacia, de forma económica, ya que pueden interpretarse como una pérdida en la calidad de los servicios y los pacientes pueden entenderlo como un ahorro por no prescribir.

Además, los sindicatos criticaban que siguen sin analizarse otros factores que pueden distorsionar la prescripción, como los datos ligados a los cupos de tarjetas sanitarias, envejecimiento, dispersión o factores sociales. De igual modo, los sindicatos admitían su defensa de un porcentaje de retribución variable, pero insistían en que los incentivos deben estar ligados a objetivos de calidad en la prestación sanitaria, pero nunca al ahorro. Tras mostrar su rechazo a los recortes, aseguraban que había llegado el momento de recuperar el impacto de estos ajustes, “pero no en forma de incentivos dudosos ligados al gasto farmacéutico”.

“No hay dinero”

La postura no ha variado. Leandro Catalán, presidente de la sección de Médicos de Atención Primaria de Fasamet y CESM, ha explicado a GM que buena parte de los facultativos que están en contra de estos incentivos firman los acuerdos de gestión, por la carga burocrática que supone expresar por escrito su oposición a las medidas, aunque en la práctica mantendrán su dinámica de prescripción. En teoría, subraya, debería empezar a pagarse en agosto, aunque duda de que lleguen a ser abonados, porque “no hay dinero”, afirma, coincidiendo en ello con el secretario general de CESM Aragón, Lorenzo Arracó, que insiste en que son medidas abocadas al fracaso porque sólo atajan el gasto, sin promover los ingresos.

Por su parte, el vicepresidente de la Sociedad Aragonesa de Medicina Familiar y Comunitaria (Samfyc), Fernando Barrera, asegura que se trata de indicadores de calidad en la prescripción en línea con los de otras comunidades, sobre documentos de consenso de sociedades científicas y organizaciones profesionales. En su opinión, son más preocupantes en este caso los incentivos para reducir las derivaciones, que muchas veces reflejan falta de capacidad de resolución en el primer nivel por falta de formación de los profesionales o por circunstancias del centro de salud. Es casi imposible alcanzar esta cifra, subraya, pero un médico que “prescriba y derive de forma idónea ahorraría al sistema mucho más que 12.000 euros”.

Twitter
Suplementos y Especiales