EL SAF, segunda causa de retraso mental tras el síndrome de Down

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09 sep 2013 - 14:00 h
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“El consumo de alcohol en el embarazo es una de las causas más frecuentes y evitables de Síndrome Alcohólico Fetal (SAF) y afecta al uno por ciento de los nacimientos (unos 5.000 niños) en España”, explica Francisco Pascual, miembro de la Junta de Sociedad Científica Española de Estudios sobre el Alcohol, el Alcoholismo y otras Toxicomanías (Socidrogalcohol). Estos datos, unidos a que se estima que entre un 25 y un 45 por ciento de mujeres siguen consumiendo alcohol durante el embarazo, han propiciado la celebración este lunes 9 de septiembre del Día Mundial del Alcoholismo Fetal y la presentación de una nueva Guía Clínica de Alcoholismo.

Según esta guía, que será presentada oficialmente en octubre, “los niños afectados por el SAF presentan unos rasgos característicos muy especiales en la configuración de la cara, como hendiduras palpebrales cortas, labio superior delgado, desaparición del surco entre la nariz y el labio superior, además de que pueden presentar también malformaciones de otros órganos, como el corazón, o alteraciones en el desarrollo del cerebro. Asimismo, pueden tener dificultades en la coordinación de movimientos, capacidad de concentración, comportamientos hiperactivos e inestabilidad emocional”. Pero incluso los niños con una leve afectación por alcohol, “puede presentar alteraciones emocionales o del comportamiento y dificultades en la adaptación y aprendizaje que únicamente un profesional experto, los propios padres o los maestros que conocen bien al niño, podrán detectar e identificar”.

Además, la guía también indica que “el síndrome alcohólico fetal se caracteriza por un retraso en el crecimiento, rasgos faciales anormales y característicos y una disfunción del sistema nervioso central. Es una de las causas más frecuentes de retraso mental, como los son también el síndrome de Down o la espina bífida y es la única causa que se podría evitar completamente si las mujeres se mantuvieran sin tomar bebidas alcohólicas durante todo el embarazo”. Añadido a esto, estudios recientes han detectado anomalías microestructurales en la parte posterior del cuerpo calloso del cerebro, una estructura que conecta los hemisferios cerebrales y que tiene un papel decisivo en la coordinación del funcionamiento de ambos hemisferios. Pero no solo son importantes los problemas en el desarrollo, sino también, tal y como se especifica en el capítulo “Etiopatogenia” de la Guía, la relación entre la exposición prenatal al alcohol y una mayor vulnerabilidad hacia el alcoholismo.

En cuanto a las etapas de desarrollo, el periodo embriogénico en la tercera semana de gestación es el más vulnerable a los efectos del alcohol, donde se pueden producir malformaciones craneofaciales y déficits neurológicos severos. Entre las semanas 7 y 20 de gestación el riesgo es muy alto para el desarrollo cerebral y se pueden producir malformaciones en el cuerpo calloso. En el tercer trimestre de gestación, el alcohol puede inducir microcefalia y pérdida neuronal y glial, ocasionando disfunciones neurológicas. Y es que, recuerda la Guía, “el SAF es ya la segunda causa de retraso mental tras el síndrome de Down”.

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