El VIH genera más comorbilidades en los pacientes pero éstas no aparecen antes

Los TAR son responsables de algunas enfermedades aunque los nuevos tratamientos son menos tóxicos
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16 may 2014 - 16:00 h
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La esperanza de vida de los pacientes con VIH es creciente al haberse convertido en una enfermedad crónica. De hecho, se aproxima en muchos casos a la de la población general cuando se cumplen algunos condicionantes: el control de la replicación viral tiene que ser exquisito y el sistema inmunológico tiene que haber sido capaz de reconstituirse por encima de 500 células por centímetro cúbico. Así lo explicó a GACETA MÉDICA Pere Domingo, director del Programa VIH/Sida del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau.

Este cambio en la patología ha provocado que los profesionales sanitarios se enfrenten a nuevos retos en el abordaje de esta población, tales como el envejecimiento y las comorbilidades que aparecen asociadas al avance de la edad. Estos pacientes tienen un espectro de enfermedades que se parecen mucho a las del resto de personas ancianas: enfermedad cardiovascular, trastornos neurocognitivos, osteoporosis, trastornos de la distribución de la grasa corporal, afectación renal, etcétera. Según los estudios más consistentes de los llevados a cabo hasta el momento, estas otras patologías no aparecen a una edad más temprana en los pacientes con VIH pero, sí se presenta en estos casos un número mayor de patologías.

Como en el resto de la población, el abordaje tiene que ser multidisciplinar. “Es obvio que la conjunción de estas condiciones comórbidas en un mismo paciente obliga a tratar pluripatología, con lo cual llegamos al concepto de polimedicación”, señaló Domingo para añadir que, en este sentido, los profesionales están sobre todo preocupados por las interacciones entre los fármacos que pueden llevar, por un lado, a una disminución de su actividad y, por otro, a un aumento de la misma, con lo cual, los mayores peligros provienen de las interacciones medicamentosas.

La suma de patologías requiere también de varios profesionales en el abordaje de las enfermedades, en ocasiones, más allá de los médicos, como profesionales de enfermería o fisioterapeutas, además de especialistas en otras enfermedades diferentes al VIH y médicos de primaria que serán, en definitiva, los que se encarguen del seguimiento. La coordinación entre niveles asistenciales será esencial pues, una vez recuperado de un episodio agudo, el manejo crónico y la prevención secundaria pasará a su médico de cabecera. Domingo incidió en que gracias a los instrumentos informáticos de los que disponen los profesionales en la actualidad y la historia clínica compartida, esta coordinación es posible y de forma sencilla, permitiendo saber en todo momento en qué situación está el paciente, no sólo en relación con el VIH, sino también respecto al resto de sus patologías y a la polimedicación que éstas acarrean.

Teniendo ya conocimiento de cuáles serán los problemas que podrán aparecer, es el momento de desarrollar prevención primaria a través de la promoción de hábitos de vida saludables, y ahí está parte del reto para el futuro. En caso de que, a pesar de estos esfuerzos, aparezcan otro tipo de eventos de cualquier tipo, habrá que tratarlos. Y es los tratamientos antirretrovirales (TAR) tienen cierta responsabilidad en las comorbilidades, aunque son cada vez más sencillos y menos tóxicos, por lo que disminuyen los problemas asociados a los mismos.

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