Expertos exigen recuperar lo perdido y marcar la calidad en la agenda política

La SECA propone crear un grupo de trabajo interdisciplinar para acordar estándares de acreditación
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16 oct 2015 - 16:00 h
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La restitución de todo lo perdido en la sanidad pública debe ser una prioridad para el Gobierno que se forme tras las elecciones de diciembre de 2015 y, además, debe de hacerse “con urgencia y criterio”. Así lo exigió el presidente saliente de la Sociedad Española de Calidad Asistencial (SECA), Emilio Ignacio García, en el marco del 33º congreso de esta sociedad.

En esta línea, el aumento en las listas de espera quirúrgicas y diagnósticas; los recortes en las plantillas y en las retribuciones son excusas más que suficientes para poner remedio. Así lo considera el nuevo presidente de la SECA, Manuel Santiñá, que se ha marcado como objetivo en esta nueva etapa poner en las agendas políticas la mejora de la calidad asistencial.

Santiñá recibe el testigo de una sociedad consolidada, que “está haciendo las cosas bien”. Como institución transversal está convencido de que es necesario aunar esfuerzos ya no sólo de los profesionales sino por parte de los pacientes en la mejora de la salud y el autocuidado. Para ello, seguirán colaborando activamente con las asociaciones de pacientes.

Precisamente, una de las líneas que se abordó durante el congreso fue la “deshumanización” de la tecnología en la relación médico-paciente. El uso de las TICs “tiene muchos beneficios en la práctica clínica, pero el profesional tiene que ser responsable y no romper el trato con las personas”. A su juicio, la tecnología ha alejado a los profesionales de los pacientes. En este sentido, todos coinciden en que es necesario invertir en tecnología, pero también en los pacientes.

Estándares e indicadores

Durante el congreso, se presentó el estudio delphi ‘Consenso para establecer una propuesta de estándares e indicadores para las Unidades de Calidad’, elaborado por el Grupo de Coordinación de Hospitales de la SECA, coordinado por el presidente de la Sociedad Catalana de Calidad Asistencial (SCQA), Ángel Vidal.

Concretamente, el panel de expertos acordó en relación con la organización y la logística de la acreditación que cada centro debe realizar en primer lugar una autoevaluación, los profesionales auditores deben estar formados para realizarlas y, además, deben existir dos tipos de estándares unos obligatorios (imprescindibles) y otros optativos (que permitan acceder a niveles superiores de acreditación).

Por otro lado, se consensuó la necesidad de evaluar el resultado de la formación en materia de calidad, mejora continua y seguridad de paciente: satisfacción, adquisición de conocimientos y eficacia de la formación, así como de medir el número de acontecimientos adversos mediante metodologías validadas —análisis causa-raíz, modelo de fallos y sus efectos—.

Sin embargo, no se llegó a un acuerdo en relación con quién debe realizar la formación de los auditores para alcanzar la acreditación final, quién debe emitir las acreditaciones, si la sociedad de calidad de cada comunidad, la SECA o ambas, así como si la vigencia de las mismas debe ser de tres o cinco años para luego reacreditarse.

Las propuestas para seguir trabajando del Grupo de Coordinación de Hospitales de la SECA pasan por constituir un grupo de trabajo interdisciplinario para elaborar todo el proceso de acreditación, a partir de los estándares consensuados, proponer una redactado final para los estándares en los que no se llegó a un acuerdo y decidir el método de evaluación, entre otros.

“Lo que no hacer”

El debate de “lo que hay que dejar de hacer” tuvo su lugar durante el congreso. Y es que para los profesionales disminuir la utilización de intervenciones sanitarias que no son necesarias es una prioridad dentro de la práctica clínica. El director de Línea de Procesos Médicos del Hospital Costa del Sol, Javier García Alegría, explicó cómo España está trabajando en esta línea desde hace años, gracias a la participación de las sociedades científicas con el compromiso que sellaron con el ministerio en 2013. “Muchas actuaciones profesionales están basadas en la tradición y no se incorporan a la evidencia científica de manera rápida”, apuntó García, al tiempo que incidió en la importancia de determinar cuáles son las que aportan o no valor añadido al paciente.

Esta nueva corriente de pensamiento, que a su juicio cada vez se va consolidando más, tiene el objetivo de reducir la variabilidad en la práctica clínica, y evitar la iatrogenia secundaria en la práctica clínica. Algo en lo que hay que seguir trabajando conjuntamente, teniendo en cuenta estas guías. El siguiente paso para García es “desarrollar un registro pormenorizado de las actuaciones clínicas”.

Sin embargo, ha llegado el momento de preguntarse ¿qué es lo que quieren los pacientes y cómo se organizan? A juicio de Susana Álvarez, subdirectora de Gestión Económica del Hospital Clínico San Carlos, hay que pararse a reflexionar cuáles son las necesidades de los profesionales y de los pacientes y la forma de coordinarlo. Es necesario impulsar la medición de resultados en salud, algo de lo que el sistema sanitario adolece. “Hay lagunas no definidas a la hora de medir los resultados, aunque hay experiencias que avalan que es necesario”, explica, al tiempo que matiza que el SNS todavía no contempla esta estructura de evaluar si lo que se hace en la práctica clínica repercute para bien en la salud del paciente. Además, la experta considera que es necesario también contemplar dónde se va a explotar la información que se desprenderá de los registros de pacientes y la historia clínica. En un momento, en el que el ‘big data’ está más en boga que nunca es preciso saber qué se hará con esa información y cómo se deberá utilizar. Sin embargo, para Álvarez todo este debate hay que basarlo en los procesos. “Hay que impulsar la inversión en este sentido”, apunta.

En términos de reinversión, Álvarez tiene claro que con los próximos estudios de monitorización que tiene en marcha el ministerio se podrán dar los primeros pasos sobre lo que hay y lo que no hay que hacer.

Experiencias en cronicidad

Las distintas formas de hacer frente al reto que supone la cronicidad fueron un tema recurrente en el congreso.

Óscar Suárez, del Servicio de Evaluación de la Salud y Programas de la Dirección General de Salud Pública de la Consejería de Sanidad asturiana, explicó que el proceso de ordenación de las Estrategias de Salud y Atención a la Población con Enfermedad Crónica en la región se estructura en torno a dos grandes objetivos: mejorar la salud de la población y sus determinantes y aspirar a ser una nueva forma de organizar la prestación de la atención sanitaria.

La Estrategia de Atención a la Cronicidad ‘Personas Sanas, Poblaciones Sanas: ordenación y elaboración de las Estrategias de Salud y Atención a las Personas con Enfermedades Crónicas en Asturias’ comenzó en 2013 y se invitó a participar a profesionales, directivos, asociaciones y pacientes con enfermedades crónicas, tal y como explicó Suárez.

La principal herramienta para la implementación es la puesta en marcha de sistemas de gobernanza local en salud (SGLS), actualmente en fase de pilotaje.

Para llevar a cabo el despliegue de la estrategia a nivel local se implementó la SGLS y se desarrollaron herramientas tecnológicas —mejoras en la web del Observatorio de Salud, una app móvil y una plataforma de interconexión del programa que gestiona la historia clínica electrónica en AP con las base de datos de activos para la salud—.

Para implementar los SGLS se adaptarán a las condiciones locales y se seguirán las experiencias de País Vasco (más orientada al sistema sanitario) y en Andalucía (más orientada al ámbito municipal).

José Manuel Ladrón de Guevara, director gerente de la Organización Sanitaria Integrada de Donostialdea, por su parte, apuntó a que el reingreso reiterado de muchos pacientes fue el hecho que desencadenó el cambio en la región, con el que consiguieron reducir un 61 por ciento los días de ingreso y un 77 las visitas a urgencias.

En concreto, fueron adaptando su organización a una iniciativa profesional que surgió de un grupo de médicos del propio hospital para cambiar la forma de atender a las personas con enfermedades crónicas tras detectar que el problema fundamental era que había “un número determinado de pacientes ingresadores” y se plantearon que tenía que haber otra manera de atender a esas personas para evitar sus complicaciones y lo hicieron “con muy buenos resultados”.

Se mejoraron los sistemas de información y se diseñaron circuitos específicos para atender a las personas con enfermedades crónicas, con la consiguiente adaptación de los recursos. “Otro aspecto muy importante fue conformar equipos multidisciplinares en los que, además de los médicos, se repartiese el trabajo con enfermería, auxiliares y celadores”, subrayó para añadir que cambiaron la organización del propio servicio para ofrecer una asistencia del mismo 24 horas. Se incorporó dentro de la estrategia a dos servicios más: rehabilitación y hospitalización a domicilio, y se creó una unidad de gestión clínica para dar capacidad de gestión.

Actualmente se encuentran ya en la última fase del proceso de remodelación de atención primaria y el hospital con el propósito de seguir avanzando para que pueda seguirse profundizando en las estrategias para atender a los crónicos.

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