Expertos niegan un “freno” en la investigación sobre el VIH

Ensayan combinaciones para reactivar el VIH latente y eliminar reservorios
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08 may 2015 - 16:00 h
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Es frecuente escuchar que ha habido un freno en el ritmo de progreso en investigación sobre VIH en los últimos cinco años, pero José Alcamí, especialista en medicina interna del Centro Nacional de Microbiología del Instituto de Salud Carlos III, no está de acuerdo y así lo expuso en el 17º Congreso Nacional sobre Sida e Infecciones de Transmisión Sexual, celebrado en San Sebastián, donde destacó que “el hecho de que no aparezca el éxito no quiere decir que no se esté trabajano ya en ello”. De hecho, recordó el periodo “negro” entre 1986 y 1996, que fue el que después permitió “la década prodigiosa de 1997 a 2007”.

Durante la sesión plenaria del jueves, que compartió con Anastasia Pharris, del Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades, Alcamí enfatizó lo que para él son los dos grandes desafíos o las dos grandes lagunas que todavía quedan en investigación en VIH: el desarrollo de una vacuna preventiva y la curación. Dos “fracasos”, eso sí, que han generado un gran conocimiento. “Ahora sabemos por qué no funcionan nuestros anticuerpos y qué tenemos que hacer para mejorarlos y sabemos también dónde se refugia el virus”, remarcó este especialista.

En el campo de la investigación en una posible vacuna preventiva, se han hecho ensayos clínicos en macacos con resultados satisfactorios usando anticuerpos capaces de bloquear el virus, los que generan los llamados controladores de élite. “La idea es expesar estos anticuerpos mediante una serie de vectores de crecimiento cultivados en el laboratorio o realizar terapia génica con vectores que produzcan directamente estos anticuerpos”, explicó. Además, también continúa la investigación en una vacuna terapéutica. En España, se han realizado ya dos ensayos en humanos con vacunas de células dendríticas y hay un tercero en marcha, además de prototipos basados en poxvirus, pero el problema, apunta Alcamí, es que “aunque positivos, los datos no son lo suficientemente potentes para suplantar al tratamiento”.

En esta línea, científicos del Instituto de Investigación del Sida Irsicaixa acaban de publicar, al margen del Congreso, un estudio en el que demuestran por primera vez que las células mieloides pueden capturar el VIH y, en lugar de actúar contra él, concentrarlo en gran cantidad y transmitirlo directamente a los linfocitos CD4. Así, estas células del sistema inmunitario actuarían como “caballos de Troya”, facilitando la propagación del virus. En 2002, Irsicaixa ya publicó un estudio in vitro que demostraba que el VIH utilizaba la molécula Siglec-1 para penetrar en las células dendríticas, un tipo de células mieloides. Encontrar un fármaco que bloquee esta vía de comunicación impediría que el VIH utilizara Siglec-1 para introducirse en las células mieloides e infectara a los CD4. Asimismo, Siglec-1 podría utilizarse como un nuevo biomarcador de portadores del VIH.

“Despertar” y potenciar

En el camino hacia la erradicación del VIH, el principal objetivo ha sido eliminar los reservorios celulares, un reto para el que ya existen fármacos aprobados, inhibidores de histona deacetilasa (HDAC) como vorinostat o panobinostat. El problema es que “si bien los ensayos demuestran que estos fármacos sirven para despertar al virus latente, no disminuyen los reservorios”, señaló Santiago Moreno, jefe del servicio de Infecciosas del Ramón y Cajal, durante su intervención en el Congreso. Por eso, las últimas hipótesis apuntan a que sería necesaria una doble combinación de fármacos: tras los inhibidores de HDAC para reactivar el virus, habría que añadir agonistas de la proteína quinasa C (PKC) o una vacuna terapéutica capaz de potenciar nuestro sistema inmonulógico, para que sea él el que acebe con estas células ya “despiertas”.

Pero los retos no están solo en investigación. Como señaló Fernando Lozano, del servicio de Infecciosas del Hospital de Valme, en Sevilla, sigue habiendo infección oculta (un cuarto de las personas infectadas lo desconocen), diagnóstico tardío (casi la mitad con menos de 350 CD4) y nuevas infecciones, sobre todo en hombres que practican sexo con hombres.

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