Investigadores del CRG proponen una nueva hipótesis sobre el papel del llamado ADN “basura”

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13 may 2013 - 16:20 h
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Los genes que codifican proteínas esenciales representan aproximadamente el 2 por ciento del genoma humano. El resto consiste en material genético conocido como ADN no codificante o ADN basura, y los científicos llevan años intentando descifrar por qué existe este material en tan grandes cantidades.

Pues bien, un nuevo estudio publicado en la revista Nature ofrece un punto de vista inesperado: la mayoría del ADN no codificante, que es abundante en muchos seres vivos, puede no ser tan necesario para los procesos celulares.

El estudio se realizó con el genoma de la planta carnívora Utricularia gibba. Esta planta habita en ambientes acuáticos de agua dulce, como humedales o pantanos, y su genoma es el más pequeño de una planta multicelular que se haya secuenciado. Los investigadores afirman que el 97 por ciento del genoma de la planta consiste en genes y pequeños fragmentos de ADN que los controlan, al contrario de lo habitual en una planta similar. Parece pues que la planta ha ido eliminando este ADN basura de su material genético a lo largo de muchas generaciones. Ello podría explicar la diferencia entre esta planta carnívora y otras especies con gran cantidad de ADN basura como el maíz, el tabaco o incluso los seres humanos.

El trabajo fue dirigido por Luis Herrera-Estrella, director y profesor del Laboratorio Nacional de Genómica para la Biodiversidad Langebio y por Víctor Albert, profesor de la Universidad de Buffalo, con la participación de los científicos André E. Minoche y Heinz Himmelbauer del Centro de Regulación Genómica (CRG) en Barcelona, de Estados Unidos, México, China, Singapur y Alemania.

“La gran noticia es que sólo el 3 por ciento del material genético de U. gibba, es el llamado ADN basura”, comenta Albert. “De alguna manera, esta planta ha depurado la mayor parte de lo que constituye el genoma de las planta. Esto indica que es posible tener una planta multicelular perfecta, con diferentes tipos de células, órganos y tejidos como las flores, sin los remanentes. No es necesario el ADN basura”.

Una serie reciente de artículos del proyecto de investigación internacional Encode señaló que la mayor parte del ADN no codificante (8 por ciento) parece jugar un papel en las funciones bioquímicas, como es la regulación y la promoción de la conversión de ADN en su pariente, el ARN, necesario en la síntesis de proteínas.

Pero Herrera-Estrella, Albert y sus colaboradores argumentan que los organismos podrían no necesitar acumular ADN basura para salir beneficiados. Por el contrario, proponen que algunas especies podrían tener un sesgo mecanicista, hacia la eliminación de una gran cantidad de ADN no codificante mientras otros podrían tener tendencia justo en la dirección contraria, hacia la inserción de ADN y las duplicaciones. Estos sesgos no significan que una manera sea mejor que la otra, sino que hay dos maneras innatas de hacerlo y cada organismo adopta una y otra en diferentes grados. El lugar que ocupe el organismo en esta escala móvil depende en gran parte de la presión que pueda ejercer la selección natural para aumentar o disminuir estos rasgos.

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