Investigan la relación entre estresores crónicos y la longitud de los telómeros

La 35º Lección Memorial Fernández-Cruz premió a la Premio Nobel 2009 por sus estudios en telómeros
Herramientas
|
30 oct 2015 - 16:00 h
|

Factores de riesgo cardiovascular, patologías crónicas y envejecimiento poblacional son términos muy entrelazados y muy escuchados en la medicina de hoy en día, que se mantiene en la búsqueda activa de la mejor manera de revertir todos estos factores para, como señala José Soto, director gerente del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, “lograr aumentar la salud en el mundo”.

Aunque para ello, puntualiza, sería necesario mejorar ciertos determinantes sociales para no crear “inequidades injustas”, Soto destacó en la 34º Lección Memorial Fernández-Cruz, celebrada en el hospital que él dirige, que al final el papel de los clínicos está más dirigido a la investigación y al tratamiento de los pacientes, pidiendo a la Administración que sea ella quien se ocupe de las desigualdades. Por eso, bajo el lema ‘Moviendo las fronteras para permanecer saludables y ¿alcanzar la mortalidad?’, la Lección Fernández-Cruz se encarga, año tras año, de exponer la parte científica de este reto de vivir más y, sobre todo, con buena salud.

Un reto que este año llevó a Arturo Fernández-Cruz, presidente de la Fundación y jefe de Servicio emérito de la Comunidad de Madrid, a entregar el premio que otorga esta entidad anualmente a Elizabeth H. Blackburn, Premio Nobel de Medicina en 2009 por su estudios sobre el cáncer y envejecimiento. Blackburn fue además la descubridora, junto a Carol Greider, en 1984, de la enzima telomerasa, que un año después lograron aislar.

A partir de aquí, ambas investigadoras comenzaron a crear telómeros artificiales y a trabajar con ellos en el laboratorio descubriendo, entre otras cosas, que la longitud de los telómeros es un factor independiente capaz de predecir mortalidad por todas las causas. En concreto, Blackburn se refirió durante su conferencia a los estudios realizados en la cohorte GERA, de seguimiento a tres años, que concluyeron diferencias en mortalidad según la longitud de estas estructuras. Posteriormente, un estudio más reciente realizado en Copenhague, con un seguimiento a siete años, ha concluido con resultados parecidos.

El problema con la longitud de los telómeros es el riesgo de cáncer ya que, como destacó la Premio Nobel, una mayor longitud de estas estructuras puede ser buena en tumores hematológicos, gastrointestinales o de células escamosas y, sin embargo, ser negativo en tumores cerebrales, de pulmón o melanoma. Como enfatizó Blackburn, existen genes que predicen una mayor longitud de los telómeros, al mismo tiempo que un mayor riesgo de mortalidad por cáncer, por lo que en realidad el riesgo no aumenta o disminuye por el crecimiento en sí de los telómeros, sino por el cómo crecen estos telómeros (según la genética). Visto en su totalidad, eso sí, dado que la longitud de los telómeros es siempre beneficiosa en la reducción de la mortalidad por causas cardiovasculares, al final la conclusión en cuanto a mortalidad total, por todas las causas, es que tener telómeros largos es mejor que tener telómeros cortos.

Además, Blackburn avanzó nuevas investigaciones que relacionan estresores crónicos externos con una reducción en la longitud de estas estructuras. Por ejemplo, hay estudios que señalan que la educación, la exposición a violencia o la privación emocional severa temprana pueden ser responsables del acortamiento de los telómeros. Y no solo eso, sino que ya existen datos que parecen indicar que estos estresores podrían incluso interactuar con la longitud telomérica, multiplicando incluso sus efectos. Como señaló esta investigadora, un estudio de supervivencia en cáncer de vejiga encontró que la depresión interactuaba con el acortamiento de los telómeros, de manera que la supervivencia a dos años y medio era bastante menor en el grupo de pacientes con depresión y telómeros cortos que en el grupo de pacientes con una sola de estas características. Un campo de interés a futuro en el que, eso sí, aún queda mucho por investigar ya que, de momento, solo existen hipótesis en torno a los mecanismos que podrían explicar la interacción entre estrés y telómeros cortos.

Por su parte, María Blasco, directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), mostró datos con sus modelos deratón transgénicos TERT, a los que añadió vectores derivados de adenovirus asociados (AAV) para reducir el riesgo de cáncer, precisamente uno de los problemas que detectaba Blackburn con estas estructuras. Además de reducir el riesgo de cáncer, con estos modelos Blasco logró aumentar la suprevivencia de los ratones en un 24 por ciento, además de mejorar otros aspectos relacionados con el envejecimiento.

Actualmente, la directora del CNIO se encuentra investigando con estos modelos murinos en patologías cuyas causas parecen estar relacionadas con el acortamiento de los telómeros. Así, además de en cáncer y en enfermedades cardiovasculares y neurodegenerativas (patologías relacionadas con la edad), Blasco está también centrada en el estudio de las shelterinas en síndromes telómericos como la fibrosis pulmonar, la mielofibrosis o la nemia aplásica.

Prevención del envejecimiento

A pesar de lo prometedora que parece la investigación con telómeros, es importante también estudiar la manera de luchar contra factores de riesgo cardiovascular como la hipercolesterolemia o la diabetes. En este sentido, Antonio Fernández-Ortiz, jefe de la Unidad de Cardiología Intervencionista del Clínico, presentó los últimos datos del estudio Pesa, que señala que más de la mitad de la población tiene enfermedad aterosclerótica subclínica, a pesar de tener un perfil de riesgo bajo. Tras él, John Chapman, past president de la Sociedad Europea de Aterosclerosis, presentó la novedad que supone la llegada de los inhibidores de PCSK9 en el tratamiento de la hipercolesterolemia y Wouter Jukema, profesor de Cardiología en la Universidad de Leiden, recordó los datos del ensayo Improve-it, que demostraron la eficacia de añadir ezetimiba al tratamiento con estatinas como simvastatina.

Además, Francisco J. Ampudia, del Servicio de Endocrinología del Clínico de Valencia, repasó los datos del estudio Tecos, de seguridad cardiovascular con el tratamiento con el inhibidor de DPP4 sitagliptina en pacientes con diabetes tipo 2. Asimismo, Rafael Gabriel, jefe del Servicio de Epidemiología de La Princesa, habló de las posibilidad de prevención del alzhéimer y pidió la valoración cognitiva con una escala validada de todos los pacientes que acuden al hospital con un ictus, algo que actualmente solo se realiza en el 21 por ciento de los casos.

Los telómeros son un factor independiente capaz de predecir mortalidad por todas las causas

Solo el 21% de los pacientes que sufren un ictus son valorados cognitivamente después con escalas validadas

e-planning ad
Twitter
Suplementos y Especiales