farmacología/ Hospitales como Nuestra Señora de Valme o el Virgen del Rocío llevan aplicando esta estrategia de competitividad desde 2002

La elección de una ATE no significa exclusividad

Benito Dorantes, jefe de FH del Hospital de Valme, asegura que se administrará otro fármaco a aquellos pacientes especiales que lo necesiten

Para Antonio Alcaraz, jefe de servicio de Urología del Clínic, las ATE significan una pérdida de la libertad de prescripción médica

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18 ene 2013 - 18:00 h
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Ante la polémica suscitada en los últimos meses por la iniciativa andaluza de declarar alternativas terapéuticas equivalentes (ATE) a ciertos grupos de fármacos (ver GM núm. 449) Benito Dorantes, jefe del servicio de Farmacia del Hospital Universitario Nuestra Señora de Valme, en Sevilla, centro que lleva ya años aplicando esta medida, ha querido aclarar algunas cuestiones.

En primer lugar, Dorantes ha apelado al sentido común y ha asegurado que “si a un paciente, por cualquier motivo debidamente justificado, no se le puede administrar el fármaco de elección y tiene que administrársele otro, pues se hará sin ningún tipo de problema”. De hecho, ha continuado explicando Dorantes, la propia definición de ATE no habla de una utilización en el cien por cien de los pacientes, sino que establece un rango de entre el 80 y el 99 por ciento, según el tipo de patología y paciente.

Un término, el de ATE, que ya acuñó hace años el equipo de evaluación de medicamentos de la Sociedad Andaluza de Farmacia Hospitalaria (SAFH) y que, tal y como explica Dorantes, se define como “medicamentos con moléculas distintas para una misma indicación terapéutica, con una eficacia y efectos secundarios similares y con o sin ensayos clínicos comparativos frente a una patología para cuyo tratamiento dichos medicamentos tienen la indicación autorizada”.

Además, gracias a esta estrategia, el hospital de Valme ha conseguido descuentos del 80 por ciento en eritropoyetinas, del 70 por ciento en contrastes yodados de baja molaridad, de más del 25 por ciento en interferones pegilados e incluso “precio cero” en heparinas de bajo peso molecular. Y no solo en estas moléculas. Estatinas, factores estimulantes de colonias, hormonas del crecimiento e inhibidores de la bomba de protones también han conseguido importantes descuentos gracias a las estrategias de competitividad puestas en marcha en Andalucía desde 2002, fecha de la publicación de la ‘Guía farmacoterapéutica de referencia’ en la comunidad. “Hemos ahorrado bastantes millones de euros que nos han permitido el poder administrar a pacientes medicamentos de altísimo coste que, de otra forma, hubiera supuesto una salida de presupuesto de tal magnitud que hubiera sido imposible de abordar”, concluye Dorantes.

Un argumento, el económico, que a Antonio Alcaraz, jefe de servicio de Urología del Hospital Clínic de Barcelona, no le convence. En su opinión, “el aspecto económico es algo a dilucidar entre la administración y las compañías farmacéuticas”, mientras que el papel del médico es prescribir el tratamiento correcto y de una manera racional. Una labor que se pierde un poco con la estrategia de ATE andaluza. Como explica Alcaraz, “se va perdiendo la libertad de tener el abanico terapéutico en nuestra mano, cuando no todos los fármacos son iguales y es importante poder elegir entre un fármaco u otro, para poder adaptarlo a las necesidades específicas de cada paciente”.

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