“La prevención de la prematuridad sigue siendo un reto que no hemos conseguido”

Manuel Sánchez Luna Presidente de la Comisión de Estándares de la Sociedad Española de Neonatología
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22 may 2015 - 16:00 h
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En el marco del XXV Congreso de Neonatología y Medicina Perinatal de la Sociedad Española de Neonatología (SENeo), los expertos han abordado las principales novedades en torno a las infecciones asociadas a los cuidados del recién nacido o las consecuencias clínicas en la edad adulta del nacimiento prematuro.

Pregunta. ¿Cómo ha avanzado en los últimos años el abordaje del recién nacido?

Respuesta. Los cambios han sido espectaculares en los últimos años. Desde hace 20 años hemos vivido una evolución que no esperábamos. No sólo ha sido cosa de los neonatológos, sino que es fruto de un trabajo conjunto, es decir, lo que llamamos el cuidado perinatal, con el trabajo de los obstetras en el seguimiento de estos prematuros. Básicamente, la prevención de la prematuridad sigue siendo un reto enorme y no la conseguimos disminuir, pero sí que estamos consiguiendo remitir la mortalidad de los prematuros y las secuelas de los recién nacidos que nacen en el límite de la viabilidad. Todo esto es gracias a un trabajo enorme por parte de los compañeros obstetras que son los que están reduciendo las patologías relacionadas con los nacimientos de partos prematuros y las lesiones que pueden tener los recién nacidos antes de su nacimiento. Por tanto, los avances han sido espectaculares, sobre todo, en el área del diagnóstico, tratamiento y el manejo de las patologías de la prematuridad.

P. Teniendo en cuenta de que Madrid acogerá en noviembre el Congreso Internacional de Neonatología, ¿cómo está España al respecto?

R. Tenemos la suerte de vivir en el país con la mejor evolución de los cuidados perinatales y donde la cobertura global de la enfermedad está asegurada. Esto hace que el impacto sobre la prematuridad sea global. Al tener una asistencia pública de alta calidad, el nivel que tiene la repercusión sobre la patología neonatal es altísimo. Por tanto, estamos en un nivel óptimo de diagnóstico, cuidado y manejo y de seguimiento de las consecuencias, pero, sin embargo, estamos en un país que ha envejecido enormemente a la hora de la primera gestación. Hemos superado los 32 años de la edad media de la madre en el primer nacimiento, cosa que es preocupante y esto sigue aumentando y en paralelo aumenta también la patología relacionada con la gestación tardía, las gestaciones múltiples, y las derivadas de las técnicas de reproducción asistida. Sí que estamos en una fase de reto nuevo que se nos está planteando a los perinatólogos y los neonatólogos y es atender un mayor riesgo perinatal derivado de los cambios demográficos a los que asiste nuestra población.

P. ¿Qué implicación tienen los cambios demográficos en atención perinatal?

R. Pues bastante más de lo que nuestras autoridades sanitarias se pueden imaginar. El envejecimiento de la población tiene implicaciones en el aumento de la prematuridad, sobre todo, en la prematuridad al límite de la viabilidad, es decir, los niños que nacen entre las 22 y 25 semanas sobreviven más, pero con secuelas que tendrán un impacto en la edad adulta. En este sentido, tenemos que ir preparando a la sociedad para la incorporación de estos niños. Por lo tanto, este impacto es a medio y largo plazo y desde el punto de vista organizacional de las autoridades públicas no suele ser previsible. Pero a día de hoy hay que plantearse que todo esto tiene consencuencias que pueden ser importantes.

P. ¿Qué se sabe de las consecuencias clínicas en la edad adulta del niño prematuro?

R. Cada vez tenemos más información. No es lo mismo nacer en el límite de la viabilidad, donde se generan unos cambios constantes, que nacer al final de la gestación. Hoy sabemos que los cambios que se producen tienen consecuencias a medio-largo plazo porque su desarrollo no es el desarrollo idéntico al que hubiera tenido intraútero. Además, conocemos que estos cambios condicionan el desarrollo del pulmón, teniendo un crecimiento diferente, que se detiene completamente y es totalmente distinto al que hubiera tenido en el útero. Asimismo, el desarrollo del sistema nervioso central en niños que nacen prematuros es diferente también. Eso sí, ya hemos superado esa fase en la que había complicaciones relacionadas con el nacimiento prematuro, hemorragias craneales, lesiones importantes...pero la medicina ha avanzado mucho.

P. Es necesario por tanto poner medidas para evitar complicaciones...

R. Las medidas son importantísimas y las hay de tres tipos. La primera es preventiva. Estamos viendo que hay un aumento de la concepción en edad más tardía, donde la generalidad de las técnicas de reproducción asistida genera un impacto en la prematuridad y todo ello, se puede prevenir. Se han hecho muchos esfuerzos en este sentido en países como Bélgica, Suecia, etc... y aquí deberían hacerse esfuerzos importantes para reducir el impacto. En segundo lugar, estos niños no deben nacer en cualquier hospital, tienen que nacer en centros especiales preparados para atender no sólo el nacimiento, sino el cuidado perinatal, desde la preparación al parto, las primeras horas de nacimiento, y el nacimiento. Y en tercer lugar, es fundamental la preparación de la sociedad para la incorporación de estos niños en la vida real. En un futuro precisarán de más sanidad, más intervención y más apoyo.

P. ¿Cómo afecta la displasia broncopulmonar a los lactantes y en especial a los preaturos?

R. Nos estamos encontrando con un problema nuevo y es lo que llamamos nueva displasia broncopulmonar. Antiguamente se daba esta enfermedad en niños que nacían no tan prematuramente como ahora, pero no disponíamos de las técnicas y tratamiento tan sofisticados y no conocíamos como son las técnicas en el pulmón. Esta combinación de factores; de ausencia de esofactante y equipo de ventilación agresivo del óxigeno en concentración elevada generó esta enfermedad. Ahora vemos que el pulmón del recién nacido prematuro nace sin desarrollarse del todo, y en el momento de nacer detiene su crecimiento. En este sentido, el crecimiento vascular y el desarrollo de la vía aérea se detiene y el crecimiento a partir de ese momento es totalmente distinto al que hubiera tenido intrautero. Por tanto, estamos ante una enfermedad que aunque tiene menos trauma, de generar disfunciones en el niño como la función pulmonar disminuida y a nivel de su desarrollo posterior, cuando son adultos persiste alterada. De modo que, entre los 15-20 años tienen una reducción de su capacidad funcional. Por tanto, estamos viendo que las secuelas limitarán la vida adulta de estos niños. En definitiva, si se evita el tabaquismo, las infecciones de repetición, potenciamos una calidad de vida, etc... en el futuro serán niños con una función pulmonar casi normal. Sin embargo, si no prevenimos esto, sabemos que estos niños desarrollarán enfermedad crónica de adulto. Todo esto es un reto.

P. ¿Cómo es el abordaje de esta patología?

R. Es saber más. Es un abordaje preventivo, ya que hay que evitar el daño que hacemos en los pulmones en las primeras horas de vida y por tanto hay que intentar que nazcan en centros con los recursos para ello. Hay que además prevenir las consecuencias que a lo largo del crecimiento puedan limitar aún más el desarrollo de la enfermedad. Estos niños tienen que ser seguidos por especialistas en neumología pediátrica, que conozcan bien el desarrollo de la función pulmonar y cómo evitar que algunos acontecimientos externos alteren aún más el desarrollo.

Es fundamental
la preparación de
la sociedad para la incorporación de estos niños a la vida real”

Los prematuros deben nacer en hospitales equipados para el parto y el seguimiento posterior del niño”

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