La profilaxis pre-exposición reduce el riesgo de infección por VIH en un 86%

Gesida publicará a principios de 2016 un documento de recomendaciones de uso para esta estrategia
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04 dic 2015 - 14:30 h
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La administración de tenofovir disoproxil fumarato y emtricitabina (Truvada, Gilead) en personas no infectadas por el VIH que vayan a mantener relaciones sexuales de riesgo, la llamada profilaxis pre-exposición (PrEP), ha demostrado una eficacia del 86 por ciento en comparación con placebo, según un estudio que acaba de ser publicado en el New England Journal of Medicine (NEJM). La dosis empleada en el estudio consistió en la toma de dos comprimidos entre 2 y 24 horas antes de la exposición sexual más otra dosis 24 horas después y una cuarta dosis a las 48 horas.

A pesar de estos datos, ya presentados en la última Conferencia sobre Retrovirus e Infecciones Oportunistas (CROI), la Agencia Europea del Medicamento todavía no ha aprobado este tratamiento para esta indicación y, actualmente, en Europa, la PrEP solo está disponible en Francia. Una situación que los expertos reunidos en el 7º Congreso Nacional de Gesida han denunciado, ya que este tratamiento fue aprobado por la Agencia Americana del Medicamento en 2012.

Precisamente, Raphael Landowitz, de la Universidad de California, destacó los buenos resultados de la PrEP en practica clínica, si bien reconoció que la dosis ideal todavía no está definida, ya que se cree que los participantes del ensayo de NEJM “tomaron cuatro o más dosis a la semana, con una mediana de 15 pastillas al mes”. Por ahora, la pauta recomendada es una pastilla al día, aunque depende mucho del tipo de paciente. Por ejemplo, apuntó Landowitz, es mucho más importante que “las mujeres tengan un cumplimiento terapéutico adecuado, ya que la concentración del fármaco es diez veces menor en vagina que en recto”.

En España, Gesida publicará a principios de año un documento de consenso en el uso de PrEP. Pero, mientras, la investigación en esta estrategia continuaa avanzando. Así, Landowitz destacó dos ensayos en fase 2 —uno de comparación de la combinación actual con maraviroc y otro con tratamientos inyectables que podrían ser administrados cada dos o tres meses—. Asimismo, también hay estudios en dispositivos implantables que se podrían retirar en caso de toxicidad, en geles vaginales y rectales, en tratamientos tópicos y en un anillo vaginal.

Una nueva opción que no significa una pérdida de interés en la investigación de una vacuna frente al VIH. Como señaló José Alcamí, jefe de la Unidad de Inmunopatología de Sida del Instituto de Salud Carlos III, se ha avanzado mucho en el conocimiento de la biología del virus en estos últimos cinco años y ello ha servido para diseñar una nueva generación de vacunas capaces de generar anticuerpos “dirigidos específicamente a los agujeros del escudo protector del virus, para poder llegar a la diana”, asegura este investigador.

De hecho, continúa explicando, el ISCIII colabora en un consorcio europeo, en el que también participan el Clínic de Barcelona e Irsicaixa, con una doble misión. Por un lado, el Insituto será el encargado de analizar muestras animales y humanas para comprobar si estos nuevos modelos de vacunas son capaces efectivamente de generar anticuerpos de calidad, capaces de atravesar esos poros para llegar a la diana. Por otro lado, intentarán generar una nueva vacuna “basada en proteínas procedentes de pacientes con una infección aguda, un concepto totalmente diferente al que se está planteando”, apunta Alcamí, que señala que “la idea es que lo que hay que bloquear son los virus que atraviesan las barreras mucosas en infección aguda”.

Otra de las estrategias que se plantean para “luchar” contra esta infección es el uso de fármacos anti PDL-1, usados en el tratamiento del cáncer actualmente. En investigación por la Universidad Pompeu Fabra, la idea es que bloquear el bloqueo de esta proteína y activar el sistema inmune mejoraría la respuesta de los linfocitos, que mantendrían el “ataque” al VIH. Una hipótesis que, de momento, parece cumplirse en monos que, en tratamiento con anti-PDL-1 y TAR, parecen controlar la infección mucho mejor.

Hasta ahora, solo existía un defecto genético conocido con capacidad de conferir protección frente a la infección por VIH, la mutación en CCR5 Delta 32. Ahora, una alianza que engloba a cuatro grupos de investigación —La Fe de Valencia, el Instituto de Investigación del Vall d’Hebron, el Laboratorio de Genómica Traslacional del Incliva de Valencia y el Instituto de Salud Carlos III—estudia la posibilidad de que el déficit de proteína transportina 3 también posea esta capacidad de protección frente al VIH. Pero esta alianza no solo se centrará en VIH, sino que también profundizará en el estudio de LGMD1F, un tipo de miopatía de cintura, una enfermedad rara que solo afecta a una familia en España y que es el origen real de este proyecto “fascinante”, tal y como lo define José Alcamí, jefe de Unidad de Inmunopatología del Sida en el Instituto de Salud Carlos III. Como él mismo explica, fueron los propios investigadores en LGMD1F los que lo llamaron al descubrir que esta patología no estaba causada por un defecto en una proteína muscular, sino por un defecto en una proteína transportadora muy vinculada al VIH en la literatura científica. El estudio de muestras de sangre de pacientes con esta miopatía rara reveló que, efectivamente, las células de estas personas eran resistentes a la infección. Un descubrimiento muy importante que ha llevado a la creación de esta alianza que pretende estudiar cómo funciona esta proteína tanto para comprender mejor qué vías moleculares están implicadas en la aparición de LGMD1F como para estudiar su posible uso como diana en la generación de nuevos fármacos antirretrovirales. “Podríamos utilizar transportina 3 defectuosa o algún compuesto que la mimetice para así impedir la entrada del virus en la célula”, aventura Alcamí. El problema ahora es la búsqueda de finanaciación.

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