La radiografía: El Consejo Asesor no es el órgano para diseñar la reforma

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26 jul 2013 - 16:00 h
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Conozco bien a la mayor parte de sus ilustres componentes. Con varios de ellos me precio incluso de mantener desde hace muchos años una relación de reconocimiento profesional mutuo y hasta de amistad. Uno por uno, todos son inmejorables, hasta el punto de que casi puede afirmarse solemnemente que casi están todos los que son y son casi todos los que están. Desde luego, pocos faltan en el selecto grupo. Pero dicho esto, permítaseme una crítica, siempre bienintencionada, constructiva y sin ánimo alguno de ofender. Aunque ha sido durante años un órgano florero y decorativo que no servía para nada, como cuando Celia Villalobos trató de resucitarlo, y ahora se ha reactivado por fin, gozando de cancha, actividad y pleno respaldo oficial el Consejo Asesor del Ministerio de Sanidad no es, desde luego, el órgano más idóneo para diseñar y acometer la imperiosa reforma que necesita el Sistema Nacional de Salud para salir del gravísimo atolladero en el que está sumido por culpa de la crisis económica. No lo es porque a pesar de que incluye a profesionales muy representativos de todo el sector y a expertos de gran prestigio, una tarea tan hercúlea debe emprenderse siempre por un órgano ejecutivo capaz de erosionarse con decisiones vinculantes y porque su lento ritmo de funcionamiento, excesivamente cansino, entronca mal con la urgencia y la premura necesarias de las medidas de choque que han de ponerse en marcha para reflotar la nave sanitaria.

Tutelados por la diligencia y el saber hacer del eminente hepatólogo Joan Rodés o del prestigioso abogado y ex subsecretario Julio Sánchez Fierro, los miembros del Consejo Asesor del Ministerio han confeccionado ya propuestas interesantes, como la de la atención sociosanitaria integral. También tienen en cartera adentrarse en cuestiones trascendentales, aunque no siempre mediáticas, como el establecimiento de un baremo que permita fijar indemnizaciones por daño sanitario sobrevenido, la elaboración del cacareado libro blanco sobre los recursos humanos en el Sistema Nacional de Salud, o el estudio de las necesidades de los afectados por enfermedades raras, muy olvidados hasta la fecha por la Administración. Aunque resulta inexplicable que dichos trabajos no hubieran sido acometidos antes por el Ministerio, puede colegirse que nunca es tarde si la dicha es buena. Lo que pasa es que algunas situaciones imponen soluciones inminentes y no trabajos cuya elaboración y puesta en marcha llevará años acometer. El caso más sintomático es el ya citado de los recursos humanos o el de la llamada e-salud, aquella que prometió generalizar Trinidad Jiménez y que hoy sigue tan en pañales como en la época de la ex ministra socialista. La Sanidad no está para libros blancos ni azules. Los recursos humanos, menos aún. Tampoco está para estudios sesudos ni análisis creados ex novo a golpe de meses y meses de reuniones. Entre otras cosas, porque ya hay informes de todo tipo y condición, y lo necesario no es elaborarlos, sino ejecutarlos; lo que hacen falta son menos filosofías y más decisiones ejecutivas, por mucho que duelan. Dada la gravedad del momento, las autoridades deben acometer por sí mismas planes de choque, en lugar de descargar la responsabilidad en consejos asesores, aunque estén colmados de buenas intenciones.

¿Qué abogado tiene un enfado mayúsculo con el presidente de un colegio de médicos?

¿Qué alto cargo del Ministerio le ha “comido la oreja” a Pilar Farjas en un asunto, por indicación del presidente de una corporación profesional? ¿Qué vínculo pasado existe entre dicho alto cargo y el presidente de tal corporación?

¿Qué directivo de una patronal se ha sacado la carrera de Derecho en sus ratos libres?

¿Qué multinacional está que brama con la Generalitat de Cataluña?

¿Qué multinacional pregona que los dircom del sector tienen que proceder de fuera del sector sanitario “para tener la cabeza limpia”?

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