La radiografía: Tertulias de sobremesa acerca de Ana Mato

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08 nov 2013 - 16:00 h
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En la clásica sobremesa sanitaria madrileña, distendida después de un almuerzo frugal pues aún no se ha extendido la querencia de la industria más pacata y acomplejada de limitarlo a 50 euros por cabeza, el contertulio lanza la consabida pregunta al aire de la valoración que merece la ministra en el tiempo que lleva en el cargo. Como Ana Mato no despunta precisamente en el CIS y el sector más dado al gregarismo la identifica con los recortes, varios comensales que hablan de oídas emiten opiniones negativas. El que formula la pregunta se apresta, sin embargo, a darles cumplida réplica, con una buena carga de argumentos a los cuales me sumo, no sin antes admitir que hay parcelas como la coordinación autonómica o el deseado liderazgo sanitario, en las que flaquea. El comensal enumera acciones desconocidas para el gran público pero que, desde luego, han sido poco comunes en ministros anteriores. El primero es la cercanía con el sector. A pesar de la imagen distante que transmite, Mato está siendo quizás junto con Ana Pastor y Trinidad Jiménez la titular sanitaria que más interlocución mantiene con los principales representantes sanitarios. Lo sorprendente, asevera, es que a los pocos meses de llegar al puesto, la ministra daba muestras de conocer el meollo de los problemas mejor que muchos de los que los padecen, algo de lo que me avengo a dar fe. El ejemplo que ilustra sus palabras es el pacto profesional que, con la ayuda inestimable del sabio Julio Sánchez Fierro, ha trazado con médicos, enfermeras y farmacéuticos. Algo impensable en los tiempos que corren.

Durante su exposición, pone también sobre la mesa repleta de cafés otros argumentos ante los que nadie tose. El de más peso es la valentía. En sus circunstancias particulares, dice, lo lógico, lo normal, lo razonable es que Mato hubiera hecho como otros ministros: agachar la cabeza, mirar para otro lado y colocarse en postura hierática, a la egipcia, ante la bola de nieve en forma de crisis económica que se cierne con el sector. Sabido es que el que nada hace, como muchos de sus antecesores empezando por Leire Pajín, en nada se equivoca y por nada es criticado. Frente a eso, recuerda, Mato ha sido capaz de tocar callos, aprobar medidas impopulares como dar entrada a la demanda en el pago de los medicamentos, o reactivar otras que no darán votos, pero que contribuyen a mejorar el ligero andamiaje en el que se asienta el Sistema Nacional de Salud. Si cuaja, la receta electrónica será tan importante o más que el copago, y el que piense que éste no era necesario que se estudie cuáles son los componentes del gasto en medicinas y la solvencia financiera del modelo para comprobar hacia dónde nos encaminamos sin medidas de este tipo. Hasta los críticos asienten con la cabeza.

Como buena mosca cojonera llevo la contraria y hurgo en la herida. Coincidiendo plenamente con mi compañero de mesa y de tertulia, saco a colación el desmadre padre que se vive con las autonomías y cómo hasta las del PP se declaran autónomas, desoyendo las directrices emanadas desde el Paseo del Prado. Ese es el gran fallo del ministerio, apostillo. Pero la réplica llega atronadora. Y no del defensor de Mato, sino de algunos de sus críticos: la descoordinación no es culpa de la ministra, sino de Echániz, que es al que le correspondería ejercer el liderazgo entre los suyos como responsable sanitario nacional del PP, y no lo ejerce. Ante el peso de su respuesta, me callo.

¿Qué medicamento contra el parto prematuro ha desatado las alarmas entre los ginecólogos y obstetras? ¿Qué ha hecho la Agencia Española del Medicamento? ¿Existen vínculos parenterales entre el fabricante y dicha agencia?

¿Qué hospital madrileño se está equivocando gravemente al minusvalorar el daño que está causando una bacteria en sus instalaciones?

¿Qué consejero del PP está fracasando estrepitosamente en su estrategia de frenar los ataques médicos a su consejería?

¿Qué laboratorios han hecho el primo en un reciente congreso médico?

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