La radiografía: Una foto de familia sin nada detrás

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19 jul 2013 - 15:00 h
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Nunca he sido partidario de las fotos de familia. Entre otras cosas, porque suelen ser un paripé que no conduce a nada salvo a la mayor gloria de los que posan. Y la Sanidad, desgraciadamente, no está para paripés, subcomisiones aburridas y sesudas, posados u otras zarandajas destinadas a enmascarar la realidad, adornar con humo lo que ocurre o transmitir imágenes ficticias. Ejemplos de lo que digo ha habido muchos. En el Consejo Interterritorial, sin ir más lejos, se han producido varios fogonazos en el que consejeros radiantes y sonrientes compartían con la ministra de turno el momento de gloria para la posteridad. La escenificación del pacto siempre está bien, pero con el condicionante de que lo que se acuerde sirva para algo, mejore la Sanidad y restaure la confianza, algo que nunca ha ocurrido en la historia reciente del Sistema Nacional de Salud. Al menos, en el Consejo. Generalmente, ha sido al contrario. A mayor número de participantes en la foto, peor el acuerdo y más vacuo su contenido. ¿Se acuerdan de los que sellaba Celia Villalobos, o del pacto de los 1.500 millones de Trinidad Jiménez, que al final se quedaron en nada?

Digo esto a tenor de la próxima foto de familia que médicos y enfermeros, enfermeros y médicos, van a realizar con la ministra Ana Mato. Es probable que a ella dicho momento le venga de perlas. Criticada por parecer ajena al sector, el retrato con los más granados representantes del sector profesional supondría un espaldarazo, un reconocimiento de talante y, lo mejor, una señal indirecta a los sanitarios de a pie de que el consenso y la interlocución son valores fundamentales de un Ministerio que, en realidad, carece de competencias profesionales de relieve. A los demás firmantes, el acuerdo tampoco les viene mal. Juan José Rodríguez Sendín puede quitarse por un momento la vitola de que forma parte de una quinta columna socialista en el sector médico. A Máximo González Jurado, la foto puede servirle para que Castrodeza desperece y el Ministerio desatasque algunos de los asuntos que le tiene bloqueados. Pero dicho esto, poco más subyace tras tamaña muestra de amiguismo, cordialidad y entendimiento en medio de la guerra sanitaria que existe a cuenta del Gobierno de la Comunidad de Madrid. Por más que se avengan ahora a posar, algunos de los firmantes de esta suerte de pax social van a seguir jaleando las protestas en hospitales y centros de salud, tratando de convencer a sociedades científicas importantes de que planten cara al PP y poniendo en solfa allá donde puedan a los dirigentes de este partido. Por el otro bando, tampoco cabe esperar mucho. No es probable que los salarios en la función pública suban el próximo año, a tenor de las cábalas que está haciendo la parte económica del Gobierno. Tampoco lo es que, en un ataque de raciocinio o sentido común, se ponga fin al absurdo de los equivalentes terapéuticos, eufemismo que esconde un bloqueo a la libertad de prescripción y que incurre en el error tremendo de convertir en intercambiables moléculas que son distintas. Tampoco es probable que la prescripción enfermera prospere con entusiasmo, ni que se produzcan otros milagros. ¿Es de verdad realista la foto de familia? Lamento ir contracorriente, pero creo que todo se quedará en eso, en una simple foto sin un marco que la sostenga.

¿Qué líder del asociacionismo científico es un socialista disfrazado de pepero? ¿Qué hospital trató de paralizar durante la huelga médica? ¿Qué médico pepero disfrazado de socialista lo paró?

¿Qué líder de atención primaria es partidario de radicalizar las protestas en este nivel asistencial pese a que siempre se ha declarado partidario en privado de la autogestión?

¿Qué directivo del sector privado trata de saltar a la política y vuelve a estar harto de la empresa en la que trabaja?

¿Qué alto cargo sanitario llama a su departamento “el gineceo”? ¿Por qué?

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