Las citocinas inflamatorias, asociadas a los niveles de hepcidina en lactantes

Los niños con lactancia materna tienen niveles más bajos de hepcidina, lo que facilita la absorción de hierro
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03 jun 2016 - 16:00 h
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La hepcidina desempeña un papel fundamental en la respuesta inmunitaria innata del lactante sano y en el metabolismo del hierro. Ésta es una de las principales conclusiones de un estudio presentado durante el Congreso de la Asociación Española de Pediatría. Como explicó Rosa Jiménez, alergóloga pediátrica del Hospital Universitario Sant Joan de Reus, en Tarragona, ya hay estudios que han explorado la relación entre el hierro, la hepcidina y el sistema inmune en adultos. “Pero este es el primer trabajo que se realiza en lactantes sanos”, señaló.

En el citado estudio, los investigadores siguieron a 120 lactantes sanos desde su nacimiento y por un periodo de tiempo de doce meses.Y les realizaron controles periódicos a las 48 horas de su nacimiento, a los tres meses, a los seis meses y a los doce meses, en los que determinaron sus niveles de ferritina e hicieron un registro de la alimentación y las infecciones.

“La principal conclusión de este trabajo es que —como comentó Jiménez— se describe en lactantes sanos la relación de las citocinas inflamatorias, sobre todo la IL-beta y la TNF-beta, con los niveles de hepcidina, lo que sugiere que ésta juega un papel clave en la respuesta inmunitaria innata del lactante sano”. En concreto, “los niños que tienen los valores de citocinas inflamatorias más elevados presentan unos niveles más altos de hepcidina”, dijo esta experta. Y, por tanto, menos hierro.

Como explicó Jiménez, la hepcidina es una proteína que ha cambiado los esquemas clásicos en cuanto al metabolismo del hierro. En este sentido, la citada proteína “actúa regulando de forma negativa el hierro —señaló Jiménez—. Cuando se produce una infección, aumentan las citocinas inflamatorias y éstas provocan que se incrementen los niveles de hepcidina. Y el aumento de esta proteína provoca, a su vez, un secuestro del hierro. Por ejemplo, hace que el hierro se quede dentro de los depósitos para que los microorganismos no puedan utilizarlo”. Este papel de la hepcidina como nexo entre el sistema inmune y el metabolismo del hierro ya se había descrito anteriormente. “Se sabe desde hace tiempo que cuando hay una infección crónica también se produce una anemia. Se intuía que los microorganismos secuestran el hierro porque lo necesitan para sobrevivir. Pero nunca se había observado este vínculo en lactantes sanos”.

Estos se encuentran en una edad en la que es normal que sufran infecciones sin mayor importancia. “Y al mismo tiempo hay una anemia que no se da en otras edades —comentó Jiménez—. Y hemos comprobado que ésta está relacionada con la hepcidina”.

Lactancia materna

Otra de las derivadas más relevantes del trabajo son las ventajas de la lactancia materna sobre la leche de fórmula en el metabolismo del hierro. “Los niños con lactancia materna tienen los niveles más bajos de hepcidina”, dijo Jiménez. A pesar de que la proporción de hierro es más baja en la leche materna que en la de fórmula, “su disponibilidad es mucho más elevada”, añadió esta experta.

Enterovirus y parechovirus

Otro de los estudios presentados durante el congreso ha permitido caracterizar las las infecciones sistémicas y neurológicas por enterovirus y parechovirus en niños. Como señaló Cristina Calvo, de la Unidad de Infectología Pediátrica Hospital Universitario La Paz, los expertos estudiaron a “120 niños para comprobar si presentaban una infección neurológica o sistémica mediante punción lumbar y estudio del líquido cefalorraquídeo”. Los resultados muestran que el 22 por ciento de los niños tenían una infección por enterovirus y el 5 por ciento por parechovirus. Los expertos también han visto que “esta última infección afecta a niños por debajo de los dos meses, y causa fiebre y mal aspecto, un cuadro que parece sepsis, pero sin meningitis. En cambio, los enterovirus afectan a niños en edad escolar y causan meningitis y encefalitis”, dijo Calvo.

El número de ensayos clínicos en el área de pediatría en nuestro país va aumentando paulatinamente, sin embargo; se requiere más colaboración y trabajo en red. Así lo aseguraron los profesionales sanitarios que participaron en la ‘II Jornada sobre oportunidades y futuro de la investigación clínica pediátrica en España: creando las bases’.

Para darle ‘cuerpo’ a esa frase, María Jesús Fernández Cortizo, de la División de Farmacología y Evaluación Clínica del Departamento de Medicamentos de Uso Humano de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps), explicó que en 2014, el número de ensayos clínicos globales fue de 714, frente a los 818 de 2015. Refiriéndose únicamente a aquellos destinados al ámbito pediátrico, las cifras caen drásticamente y se reducen a 54 en 2014 y 45 en 2015.

Ante las dificultades que entraña poner en marcha un ensayo clínico de estas características, Máximo Vento, jefe de la Sección del Servicio de Neonatología del Hospital La Fe y presidente de la Sociedad Española de Neonatología (SENeo), mencionó las dificultades que lleva implícitas los ensayos pediátricos. Por tanto, comentó que contar con una Comisión de Investigación Clínica enmarcada en la Red de Hospitales de Excelencia, otorga rigor a los datos clínicos y muestras biológicas y ahorra costes y tiempo.

En este sentido, Vento apuntó a que todo lo que sirva para facilitar administrativamente y legislativamente la realización de ensayos clínicos es “fundamental y extremadamente importante”.

“Se pueden crear unidades de ensayos clínicos pediátricos específicamente en aquellos hospitales especializados en este ámbito y también en centros de referencia”, advirtió el coordinador de la Unidad de Ensayos Clínicos CNIO Hospital Niño Jesús, Lucas Moreno, quien agregó que “desde luego quedan muchos retos para seguir promoviendo, estableciendo y consolidando estas unidades”.

Finalmente, se contó con Mark Turner, del National Institute for Health Research Clinical Research Network-Children, quien hizo hincapié en que para seguir avanzando en este terreno se debe aprender a optimizar los recursos. Aparte,comentó que la Red de Investigación Clínica (británica) se compone de 15 redes locales que hacen que toda Inglaterra esté cubierta, a diferencia de España, en donde todavía existen necesidades no atendidas en este sentido.

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