Las Claves: El asma y sus recursos

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10 abr 2015 - 16:00 h
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La carga económica social
del asma representa el dos
por ciento de los recursos destinados a la sanidad pública

En España la carga económica social del asma representa el dos por ciento de los recursos destinados a la sanidad pública, es decir, aproximadamente 1.480 millones de euros, según se hace referencia en un trabajo coordinado por el Dr. Carlos Melero, neumólogo en el 12 de Octubre. Los datos del estudio ASMACOST (Coste económico del paciente asmático en España), realizado por el Área de Asma de SEPAR, detallan que el coste medio por paciente es de 1.726 euros por año y que varía en función de la gravedad del asma en una horquilla que va de los 959 euros para el asma leve a los 2.635 para los más graves, correspondiendo a gastos sanitarios el 83,9 por ciento.

El asma está referenciado como una enfermedad inflamatoria crónica, que incluye diversos fenotipos, pero de etiología probablemente diferente, que cursa con hiperrespuesta bronquial y una obstrucción variable al flujo aéreo, total o parcialmente reversible, ya sea por la acción terapéutica o de modo espontáneo.

Hay muchos estudios sobre las comorbilidades. El Dr. Melero destaca que principalmente “suele ir asociado a reflujo gastroesofágico, alteraciones psicológicas, síndrome de apnea del sueño y obesidad”.

“Si el asma está bien tratada y controlada el paciente suele desarrollar una vida perfectamente normal”, por ejemplo, “un asmático controlado duerme perfectamente”.

Aunque puede aparecer a cualquier edad, es más común que el asma debute en la infancia, edad en la que suele estar asociado a un componente alérgico. Se asocian a la aparición de asma infantil los antecedentes de asma y tabaquismo en los padres, sobre todo en la madre. Aún así, detalla el especialista, “tener sibilancias o pitos durante la infancia no significa que se vaya a desarrollar asma de mayor”.

El asma es una enfermedad que no tiene una prueba objetiva de diagnóstico como otras de una especificidad del cien por cien, es decir, que “los síntomas de un enfermo asmático, como la tos -que es el síntoma principal-, el que tenga ruidos torácicos tipo pitos en el pecho, la sensación de ahogo o fatiga se presenta en otro grupo de enfermedades o entidades patológicas con mucha frecuencia de tal manera que diagnosticar por síntomas tiene una sensibilidad y una especificidad muy baja, es decir, una propiedad discriminativa muy baja”. Hay que recurrir (así lo hacen las Guías de Práctica Clínica) a intentar objetivar bien a través de una espirometría con una prueba broncodilatadora o con otra serie de pruebas específicas si estas son negativas y se continúa sospechando enfermedad asmática.

En los últimos años se ha demostrado que el tratamiento de la inflamación de la mucosa bronquial es la parte más importante del tratamiento del asma.

Existen diversos medicamentos que tienen efecto antiinflamatorio en la mucosa bronquial, pero los más potentes y eficaces son los corticoides (cortisona) inhalados.

Para el tratamiento inmediato, se utilizan broncodilatadores, que normalmente se administran por vía inhalatoria. Existen dos tipos fundamentales según la duración de su acción, los broncodilatadores de acción prolongada, que se toman por la mañana y por la noche todos los días, se tengan o no síntomas, mientras que los de acción corta se suelen reservar para tomar en caso de necesidad (sensación de ahogo o tos).

En pacientes en los que se demuestra un componente alérgico, el tratamiento con antihistamínicos puede ser beneficioso.

Para un correcto diagnóstico y tratamiento del asma es esencial contar con un equipo multidisplicinar de neumólogos, alergólogos y, en ocasiones, otorrinolaringólogos y gastroenterólogos. Es lo que hay.

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