Las Claves: El ‘silencioso’ cáncer de ovario

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09 may 2014 - 16:00 h
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La mayoría de las mujeres
con cáncer de ovario sobreviven más de cinco años si se diagnostica precozmente

El 90 por ciento de las mujeres con cáncer de ovario sobreviven más de cinco años cuando son diagnosticadas de forma precoz y son operadas por un especialista, pero esta detección inicial sólo se consigue en el 30 por ciento de los casos en España. Por eso la innovación terapéutica cobra especial importancia en este tipo de tumor.

Así, en cáncer de ovario, como en otros tumores, las novedades que están empezando a poder aplicarse dentro de una estrategia estándar son sobre todo los tratamientos antiangiogénicos. El Dr. J. Alejandro Pérez-Fidalgo, del servicio de Oncología y Hematologia del Instituto de Investigación Sanitaria Clínico Valencia (INCLIVA), nos comenta que a pesar de que no se puede considerar un tratamiento totalmente nuevo, el bevacizumab es el tratamiento más relevante introducido recientemente en el manejo del cáncer de ovario. Este fármaco tiene por objeto evitar la formación de vasos sanguíneos, actuando sobre una característica especialmente dañina del tumor, su capacidad de usar los mecanismos de formación vascular en su propio beneficio. “Bevacizumab dificultaría la creación de vasos sanguíneos yugulando la llegada de nutrientes al tumor y dificultando su crecimiento”, matiza el experto. En este sentido, cabe destacar que en el año 2012 la Sociedad Americana de Oncologia (ASCO) consideró un trabajo que demostraba el papel del bevacizumab en recaída platinoresistente como uno de los hallazgos más relevantes del año en esta patología.

Por otro lado, la investigación en cáncer de ovario está en ebullición en distintos ámbitos, pero aún no se ha materializado en tratamientos que puedan ser ofrecidos a las pacientes fuera de ensayo clínico. La gran mayoría de estos ensayos (al igual que ocurre con otros tumores) están evaluando el papel de las terapias diana. Ya saben, Medicina Personalizada o Medicina de Precisión. Conceptos que se utiliza para definir tratamientos que atacan a una alteración concreta de la enfermedad, llamada biomarcador, y que constituye un verdadero talón de Aquiles del tumor.

Según el Dr. Pérez-Fidalgo, “nos hemos dado cuenta de que lamentablemente no todos los tumores de ovario tienen un biomarcador susceptible de ser tratado. Por este motivo estos fármacos están siendo estudiados sólo previa demostración de la presencia del biomarcador, habiendo analizado con anterioridad el tumor o, al menos, sólo en aquellos tumores de ovario que por sus características tienen una mayor probabilidad de presentar ese biomarcador”. En este sentido, conviene recordar que en 2013 la Sociedad Americana consideró que un trabajo sobre el fármaco inhibidor de MEK selumetinib, estudiado en mujeres con cáncer de ovario de bajo grado, fue uno los hitos más relevantes de ese año, ya que demostró ser beneficioso en este escenario sugiriendo además que la vía de MEK podría constituirse en una diana terapéutica útil en cáncer de ovario.

No obstante, subraya el Dr. Pérez-Fidalgo, este es por ahora un fármaco únicamente administrable en el campo de la investigación ya que estos resultados no son maduros aún para poder ser ofrecidos dentro de una estrategia estándar. Según nos cuenta, otros fármacos que se están investigando (no administrables fuera de ensayo clínico) son los inhibidores del PARP, un tipo de fármacos que podrían tener un papel muy relevante en los tumores de ovario BRCA mutados, y diversos fármacos antiangiogenicos con un resultado parecido al bevacizumab, es decir, que evitan que el tumor forme vasos que lo nutran, pero con un mecanismo de acción ligeramente diferente. Es lo que hay.

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