Las Claves: La identidad del ser humano

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13 feb 2015 - 16:00 h
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El primer derecho del recién nacido es su identidad por
lo que debe hacerse al nacer una identificación suficiente

A los médicos, desde siempre, y en atención a su dedicación, los reyes a veces les han concedido títulos de nobleza, condados, marquesados solamente al leer el apellido que sigue al título. Podemos decir que el ennoblecido es el título y no el médico: Ramón y Cajal, Florestán Aguilar, Eugenio Gutiérrez, D. Santiago Grisolia y el barón de Dubois, médico de la emperatriz María Luisa de Francia, marqués de Toca, del Busto, de la Salud, del Real Acierto y un sinfín. Siempre se dijo que el distanciamiento de Marañón de D. Alfonso XIII fue porque no le concedió un título”. Garrido-Lestache no lo cree así.

Hay que visitar grandes hospitales para emocionarse con el recuerdo de los grandes maestros: aula del Prof. Jiménez Díaz, Cajal, Ortiz Vázquez, Severo Ochoa, Paco Grande Covián, Perianes, entre otros muchos ilustres que recibieron condecoraciones infinitas como las órdenes de Carlos III, Alfonso X el Sabio o María Cristina. Incluso la Cruz Laureada de San Fernando, conseguida por su cirugía de guerra por el Dr. Gómez Durán y el Dr. Bartolozzi. Y premios, hasta el Nobel. El Prof. Jesús García Orcoyen decía en su clase de Obstetricia y Ginecología que no había meta en la vida que no se pudiera alcanzar si hacíamos mérito para ello.

Las calles de Madrid están llenas de nombres de médicos ilustres, igual que en plazas de muchas ciudades y villas donde dan nombre a instituciones, hospitales y fundaciones de menor grado. Es una cuestión de identidad.

“Todo ser humano tiene derecho al reconocimiento de su personalidad jurídica”. Lo dice la Declaración de los Derechos Humanos.

Tengo entre mis manos el libro del Dr. Garrido-Lestache, “La identidad del ser humano”, en el que busca precisamente hacernos pensar sobre la importancia de la identidad, sobre su trascendencia, y sobre los errores por ella cometida. Algo que se constata día a día desde que se solicitan pruebas de ADN.

Como señala el Prof. Alfonso Mária Ruiz-Mateos Jiménez de Tejada, “toda reflexión médica sobre el hombre tiene que iniciarse en la conciencia explícita de que nos encontramos ante el macrocosmos del microcosmos conocido. El objetivo formal de la Medicina no es la enfermedad, sino el hombre y su inabarcabilidad”.

Garrido-Lestache ha hecho aportaciones de gran valor en pro del niño y en esta obra se ciñe a la piedra angular de la identificación del recién nacido. “El primer derecho del recién nacido y de la persona en general es el de su identidad, de ser él mismo, diferenciado y reconocido como ser único e irrepetible, es el deber de ser apreciada, reconocida, tutelada, para lo cual debe hacerse al nacer una identificación suficiente que le permita demostrar quién es en todo tiempo y lugar”.

La identidad del niño como derecho de la personalidad comprende una serie de signos distintivos que sirven para individualizarlo y distinguirlo de los demás niños. En el libro se acuña el término de “Bio-identidad”, para saber de forma fehaciente quiénes somos y poder demostrarlo en todo tiempo y lugar, y quiénes son nuestros ascendientes y descendientes para asegurar los derechos sucesorios.

La huella dactilar al nacer da identidad, el ADN lo confirmará. Con el término “Bio-identidad” entramos en la “Bio-historia” para saber legitimidad de quiénes reinaron y nos gobernaron.

Por las infidelidades, cambios, robos de niños, adopciones y la reproducción asistida, la Iglesia, el Registro Civil y los servicios de enfermedades raras tienen que tener en cuenta la progenie entre hermanos. Con la tecnología actual todo se puede aclarar. La pureza de sangre, hace siglos, era el acta bautismal; hoy la garantía de legitimidad de origen familiar es el ADN. Seguro.

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