Los expertos demandan mayor atención a los síntomas atípicos de la enfermedad celíaca

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27 may 2014 - 10:00 h
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La enfermedad celíaca ha dejado de ser considerada una patología típicamente pediátrica, ya que en la actualidad entre el 20 y el 50 por ciento de los nuevos diagnósticos suceden en sujetos mayores de 50 años, según enfatiza Julia Álvarez, coordinadora del Área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), durante el Día Nacional del Paciente Celiaco, que se celebra hoy.

A partir de la adolescencia y en los adultos, la clínica de la enfermedad celiaca es más latente y los síntomas digestivos están ausentes o bien ocupan un segundo plano. “La clínica más característica a esta edad es el dolor abdominal, generalmente de tipo cólico y recurrente, acompañado de hinchazón abdominal fluctuante, dispepsia o malas digestiones, síntomas de reflujo gastroesofágico y alteración del hábito intestinal, frecuentemente hacia estreñimiento”, matiza la experta.

“La enfermedad ha sido ilustrativamente definida como un trastorno camaleónico, que supone que habitualmente pueda presentarse como una inexplicable deficiencia de hierro, lesiones predominantemente cutáneas, alteraciones óseas, neurológicas o un aumento de transaminasas séricas, estando a menudo ausentes los trastornos digestivos”, explica la doctora Álvarez. Por tanto, considera necesario relacionar en la sospecha diagnóstica los síntomas derivados los déficits de micronutrientes asociados como vitaminas liposolubles (A, D, E y K), B6, B12, ácido fólico, cobre, zinc, además del hierro.

En cualquier caso, puntualiza que, tanto en el niño como en el adulto, los síntomas pueden ser atípicos o estar ausentes, dificultando el diagnóstico.

Ante la duda de establecer un cribado universal, Álvarez defiende que merece la pena identificar al menos los grupos de riesgo en los que se debe tener una especial sensibilidad para el despistaje de enfermedad celiaca, “considerando las posibilidades de formas clínicas, no clásicas, que tienen en ocasiones importantes repercusiones en estado nutricional de los pacientes y su calidad de vida”. Algunos autores estiman que el retraso medio entre el comienzo de los síntomas y el momento del diagnóstico es, por término medio, de unos veinte años, período en el que los pacientes deambulan por repetidas consultas con distintos especialistas.

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