Los profesionales deben perder el miedo a ser evaluados y comparar sus resultados

Es necesario generar conocimiento fiable y evidente sobre el uso de las innovaciones terapéuticas
Herramientas
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07 mar 2014 - 16:00 h
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El uso adecuado de los datos que se registran en la práctica clínica es una de las tareas pendientes en el Sistema Nacional de Salud. De hecho, la falta de cultura evaluadora y de transparencia inciden en los resultados de los sistemas sanitarios. Así se puso de manifiesto durante el XVII Foro de la Industria Farmacéutica organizado por IMS Health y el IE Business School, centrado en la ‘Inteligencia aplicada a la información en el Sector Salud’.

“La estructuración adecuada de la información y la posibilidad de gestionarla de modo que se procesen los datos de manera conveniente es la herramienta clave para una gestión eficiente”, explicó Pilar Farjas, secretaria general de Sanidad, durante la inauguración del Foro. En este sentido, incidió en la importancia de datos como herramienta de medición, por ejemplo para comparar servicios y reducir la variabilidad de la práctica clínica. “Hay acceder a la información en forma de flujo y no de stock”, detalló Farjas.

En la actualidad, la generación de evidencia sobre las innovaciones se hace más necesaria que nunca. Eso sí, esa evidencia no deberá proceder únicamente de la realización de ensayos clínicos. Ahora, la industria farmacéutica debe compaginar los resultados de sus estudios preautorización con las nuevas aportaciones terapéuticas en la práctica clínica. Para Farjas “la utilización de un medicamento en el contexto asistencial no está sometido a los mismos controles que en los ensayos clínicos”, es aquí cuando se precisa extrapolar el conocimiento a la práctica médica habitual. Este nuevo paradigma, es para la directora de Operaciones de IMS Health España, Concha Almarza, la nueva responsabilidad que tendrá que asumir la industria farmacéutica. “En el trabajo diario de la industria ha estado siempre la necesidad de coger datos, combinarlos, aplicar metodologías robustas, conseguir evidencia y demostrar un valor para que se apruebe el fármaco”. Para Almarza, ahora existe la necesidad de demostrar la conveniencia de una inversión a lo largo del tiempo. Por tanto, hay que seguir recolectando datos para mostrar su valor real en la práctica clínica.

Canalizar la información

Con estas herramientas los expertos buscan más eficiencia del sistema sanitario a través de la evaluación y los estudios observacionales que permitan mejorar los resultados. Sin embargo, el problema radica en cómo canalizar y gestionar las evaluaciones para conseguir conocimiento. Mariano Guerrero, director de planificación y proyectos del Grupo Ribera Salud, destacó la necesidad demotivar a los profesionales, haciendo “más salud, más promoción, calidad en los servicios sanitarios y más atención personalizada para que los pacientes activos sean los dueños de su salud”. Para Guerrero es necesario, además, que los pacientes sean partícipes de esta realidad como eje principal del sistema sanitario. Una vez que se tiene el conocimiento, lo que toca ahora es trasladarlo a los ciudadanos.

El experto insiste en que actualmente la desinformación y la falta de transparencia en el sistema está provocando la ineficiencia del sistema. Guerrero recordó los datos recogidos en el Barómetro Sanitario de 2011, del ministerio de Sanidad, donde se detallaba que los ciudadanos reconocen que la atención sanitaria que demandan es innecesaria y la mayoría de ellos acumulan fármacos sin utilizar porque son recetados con antelación. Para el experto, con estos datos se hace más evidente la necesidad de que hay que aprovechar el valor de los sistemas de información para paliar estos problemas. Para ello, explica que es preciso separar el concepto de salud con sanidad, para propiciar el cambio de mentalidad hacia la evidencia.

A pesar de esto, en un contexto en el que hay más información que nunca a través de las nuevas tecnologías y por tanto los pacientes pueden estar informados en tiempo real, Guerrero considera que el sistema sanitario carece de una cultura de evaluación necesaria. “Las organizaciones tienen que ser conscientes de que los profesionales tienen que perder el miedo a comparar los resultados y la información tiene que ser entendida como una acción estratégica, no como una obligatoriedad”.

La evaluación, clave en el sistema

Por otro lado, tanto a nivel nacional como internacional, los datos de asistencia sanitaria y pacientes se utilizan cada vez más como elemento de alto valor en la gestión eficiente, así como en el establecimiento de vías clínicas basadas en la evidencia real. Disponer de estudios observacionales que impacten en los resultados en salud permiten conseguir la eficiencia. Desde Andalucía, Antonio Torres, director gerente de la Agencia de Calidad Sanitaria, comentó como la Junta es una de las comunidades que se encuentra por delante gracias al desarrollo y consolidación de los diferentes programas de acreditación, con un modelo propio —centros y unidades sanitarias, profesionales, formación continuada y páginas web. Para Torres introducir más capacidad de medir ofrece la posibilidad de que la sociedad se vaya desarrollando con “mayor dosis de transparencia”. El gerente explica que la acreditación es un motor de cambio en la organización sanitaria ya que permite generar conocimiento. Trasladado a la práctica clínica, es posible identificar criterios para evaluar desde las unidades de gestión que generen patrones de referencia para que los profesionales trabajen en la mejora de los resultados. Sin embargo, uno de los inconvenientes de las organizaciones sanitarias es que se centran en el conocimiento tácito, ligado a la experiencia de los profesionales y difícilmente transmisible y accesible para los demás, lo que lo hace poco útil. Por ello, insiste en que es preciso esforzarse en sistematizar el conocimiento, convertirlo en explícito, para obtener un beneficio.

Por otra parte, la perspectiva científica tiene que disfrutar de este beneficio. Desde el Instituto de Salud Carlos III de Madrid, el subdirector general de programas internacionales de investigación y relaciones institucionales, Alfonso Beltrán, asegura que España está a la cabeza en generación de conocimiento aunque no tanto en riqueza.

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